DESLUCIDO FINAL DE ABONO

BARQUERITO

La última de las veinticuatro corridas de toros del abono de San Isidro iba camino de ser una de las más breves de la serie. Había habido avisos para Morenito de Aranda -uno en cada toro-, para Pepe Moral en el quinto y para José Garrido en el tercero. A pesar de todo, eran las nueve menos cinco cuando se soltó el sexto de Fuente Ymbro. Uno de los dos más ofensivos de la corrida, pero el más descarado de los dos.

Casi seiscientos kilos, y mal repartidos porque era pobre de culata. Ni a Garrido ni a su cuadrilla pareció gustarles ni convenirles el toro. A la salida del primer puyazo, en un patinazo, se fue el toro desparramado al suelo. Hubo protestas pero el palco esperó y, después de una segunda vara de cortesía, se cambió el tercio. La lidia no pareció tener más propósito que el de echar el toro al suelo. Después del segundo par, claudicó el toro. Y entonces cedió el palco a la presión. Pañuelo verde. Salió la parada de mansos, pero, antes de ninguna operación, enfiló el toro la puerta del corral.

A las nueve y cinco se soltó un sobrero del Conde de Mayalde, cinqueño, hondo, ancho y cabezudo. Frío y algo frenado de partida, cobró en la puerta un puyazo bien sangrado de Óscar Bernal que se bastó para ahormarlo. El viento propició enganchones y descubiertas, Garrido no dio con el terreno ni la manera de acoplarse. Faenas de varios tramos, pero sin que hubiera hilván entre tandas. Un aviso, cuatro pinchazos y una estocada ladeada de lento efecto. Y cayó el telón.

El primer toro de la corrida fue el abuelo de San Isidro. Iba a cumplir el tope reglamentario de los seis años dentro de dos semanas. Toro bello y serio, cuajado, que se abrió mucho, tanto que se acabó yendo a tablas al salir de suerte. Morenito de Aranda, a porta gayola en el recibo pero sin que el toro atendiera, se embarcó en largo trasteo subrayado por un exceso de voces. Una estocada caída tras dos pinchazos en la suerte contraria.

Alto y grandón, el segundo -600 kilos-, fue toro de poco recorrido. Le perdió pasos Pepe Moral, que no lo vio claro. También era cinqueño el tercero, abierto de cuerna, apenas 530 kilos pero flaqueza de manos. Toro de buen aire, codicioso y pronto, pero precisado de muleta de mucho pulso. Garrido estuvo más firme que brillante. Se fue a los bajos con la espada. El quinto fue el mejor del envío, pero, incomodado por el viento, no le halló Pepe Moral el cómo. Tampoco Morenito dio con la fórmula para enredarse con el buen cuarto en faena maratoniana.