LO DE CUATRO

Juan Francisco Gutiérrez
JUAN FRANCISCO GUTIÉRREZMálaga

Anoche los informativos televisivos abrieron con dos noticias tristes situadas en Málaga: el asesinato machista de una mujer en Fuengirola y la dramática historia del niño de Totalán. La televisión, por más que nos parezca adicta a la confrontación política, sobre todo se nutre con fruición de la desgracia. Cuando Iñaki Gabilondo inauguró las noticias de Cuatro allá por 2005, y pese a diseñar una escaleta de periodismo serio, tuvo que comenzar su telediario así: «Muy buenas noches, ha habido un terrible accidente laboral esta tarde en Granada». Y luego conectó con Magdalena Álvarez para que comentara in situ aquel luctuoso hecho.

Ahora se nos anuncia que Cuatro cancelará sus noticias, hundidas frente a la competencia. Un signo de los tiempos y un drama menor que esta vez no será televisado. Su perfil crítico, casi sociológico, heredero de los brillos de CNN+, no ha sobrevivido. En el mismo plató sigue triunfante, ah, el modelo de la misma factoría que por contraste aviva Telecinco: el espacio de Piqueras basado en la pura espectacularidad que aportan, sobre todo, los sucesos. Cuando Mediaset se hizo con la señal del canal todonoticias lo convirtió en un 'GH 24 horas'; cuando luego en 2009 compró Cuatro, sus apuestas periodísticas fueron baldías y superadas por La Sexta, que ahora trufa su parrilla de un relato non-stop de directos, debates y conexiones, con la política convertida en principal mercancía.

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@jfglozano

Da pena lo de Cuatro, pero acaso pueda servir para pensar en otros modos de contar, y no me refiero a contar las hazañas de Kiko Rivera en un sofá. En los ochenta hasta la propia Telecinco innovó con Mariñas de madrugada puesto de pie. Desde entonces mucho ha llovido y acaso las noticias televisivas perviven hoy como vídeos virales en las redes, aunque a veces sean solo memes. El poderío de la viralización se ha cargado el relato tranquilo: quizá también parte del peso riguroso de la información. Ojalá nuevas o reformadas ventanas puedan alargar el pacto de verosimilitud que siempre mantuvieron los noticiarios con su audiencia.

 

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