El malagueño Cristóbal Ortega cruza su camino pictórico con Lezama Lima

Cristóbal Ortega, junto a dos de las obras que componen la muestra 'Lezamar'. /SUR
Cristóbal Ortega, junto a dos de las obras que componen la muestra 'Lezamar'. / SUR

El artista estrena en la Galería Miguel Marcos de Barcelona una exposición inspirada en la obra del escritor cubano

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

La hipertelia es el fenómeno biológico que denomina el desarrollo excesivo que un órgano que hace que pierda su función. Llevado ese concepto al terreno de la creación, el poeta José Lezama Lima emprendió una suerte de «camino hipertélico» en su afán por convertir la palabra en mera imagen a través de textos barrocos de apariencia inextricable. La expresión la emplea el artista malagueño Cristóbal Ortega, que cruza su camino pictórico con el autor cubano en su nueva exposición 'Lezamar', esto eso, «hacer a la manera de Lezama», tal y como avanza el propio Ortega.

«En 'Lezamar' hago un paralelismo entre la poesía de Lezama Lima y mi pintura. Aunque partimos de presupuestos diferentes, creo que hay muchos puntos de conexión. No se trata tanto de una interpretación directa, como de las fuertes similitudes que observo en nuestros respectivos procesos de creación», avanza Ortega, que este miércoles estrena su nuevo proyecto en la Galería Miguel Marcos de Barcelona.

«Cuando Lezama coge la palabra, la convierte en imagen, yo emprendo ese camino desde el color», ofrece Ortega (Alhaurín de la Torre, 1970) antes de encauzar su discurso en la senda de Kazimir Malevich, padre del suprematismo. «Malevich aboga por una pintura pura en lugar de concebir la pintura como un medio para construir nuevas formas. Malevich dice que el color está por encima de la forma», recuerda Ortega, cuyo trabajo toma esa premisa para dar el protagonismo al color en la composición de las imágenes que cada espectador cuajará en su mente.

Así, con 'Lezamar', Ortega ofrece una nueva vuelta de tuerca plástica a la técnica que desarrolla desde hace años: las 'sudoraciones', que consisten en acometer los cuadros desde el envés de la tela, dejando aflorar las manchas de pintura en la otra cara. Con el correr del tiempo, Ortega llevó ese modo de trabajar a ambos lazos del lienzo, de modo que sus obras dejaban de lado las ideas de frontal y reverso para plantear una contemplación de 360 grados.

La vivencia oblicua

«Cuando, ante la observación de una de las pinturas, una mancha azul se convierte en una ballena nadando en las profundidades oceánicas, eso es la vivencia oblicua», detalla Ortega en el texto que acompaña a la exposición que la Galería Miguel Marcos tiene programada hasta el próximo mes de septiembre. «En boca del pintor cubano: 'Lo que me gusta y me sorprende son las inauditas tangencias del mundo de los sentidos, lo que he llamado la vivencia oblicua, cuando el timbre del telefónico me causa la misma sensación que la contemplación de un pulpo en una jarra minoana'».

De este modo, Ortega define sus 'sudoraciones' como «la formación de un espacio cuántico, del aquí pero estando allí, lo que no es otra cosa que el barroquismo utilizado por Lezama como espacio de simultaneidades», acota el artista malagueño, que toma de nuevo el discurso de Lezama para añadir una reflexión del autor cubano: 'Para mí el barroquismo es una condición muy nuestra, una condición muy americana. Yo diría que dos elementos precisan las condiciones del barroco nuestro, que es la simultaneidad, es decir, lo que para los europeos es sucesivo para el americano es simultáneo y le da un turbión sobre su pensamiento'.

«Lezamar es, en esta exposición, recorrer los caminos lezámicos para configurar nuestro propio espacio creador», añade Ortega, que desde hace casi una década desarrolla su carrera artística entre China y España. Y cierra: «Mi ambición es que esta exposición suscite en los espectadores aquello que Lezama admiraba en un escritor: 'Que maneje fuerzas que lo arrebaten, que parezca que van a destruirlo. Que se apodere de ese reto y disuelva la resistencia. Que destruya el lenguaje y que cree el lenguaje. Que durante el día no tenga pasado y que por la noche sea milenario. Que le guste la granada que nunca ha probado y que le guste la guayaba que prueba todos los días. Que se acerque a las cosas por apetito y que se aleje por repugnancia'».