Del cineasta cegado al zar estrangulado: Raoul Walsh y Pablo I de Rusia

Pintura protagonizada por Pablo I de Rusia./
Pintura protagonizada por Pablo I de Rusia.

Tal día como hoy nacía Raoul Walsh, que nunca dejaría que la realidad le estropeara una buena historia, y moría Pablo I de Rusia, zar casi hamletiano ya que fue odiado tanto por su padre Pedro III como por su madre Catalina la Grande

MARÍA TERESA LEZCANO

Tal día como hoy nacía Raoul Walsh, que nunca dejaría que la realidad le estropeara una buena historia, y moría Pablo I de Rusia, zar casi hamletiano ya que fue odiado tanto por su padre Pedro III, quien sospechaba que le habían endilgado un hijo adulterino, como por su madre Catalina la Grande.

Raoul Walsh. Del 11-3-1887 al 31-12-1980

Once de marzo de 1887. Nace en Nueva York Albert Edward Walsh, hijo de padre irlandés y madre española, que se desharía de los dos nombre de pila elegidos por sus progenitores a cambio de un único Raoul, cuando decidió que nunca dejaría que la realidad le estropeara una buena historia y se metió, primero a actor teatral y acto seguido a director de cine mudo, no siendo en este caso la mudez una silenciosa manifestación de sus órdenes de rodaje sino el ancestro sin sincronizar del séptimo arte. Después de rodar su primera película, en la que Pancho Villa se interpretaba a sí mismo revolucionando México y el plató, y una secuela de ese film donde, habida cuenta que el comandante Villa andaba muy ocupado ocupando, valgan todas las redundancias, Chihuahua y Ciudad Juárez, el propio Walsh se metió bajo el pellejo y el bigote villescos, la mudez cinematográfica se volvió tan sonora como la vida misma y Raoul Walsh y otros treinta y cinco colegas cineastas se entretuvieron fundando la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood; institución que Walsh sólo pudo contemplar con un ojo ya que mientras conducía buscando localizaciones para una película saltó la liebre, no la refranesca sino un ejemplar peludo de la familia conejil que se le encaramó al parabrisas y envió el coche contra un árbol y un ojo Walshesco a independizarse entre el follaje. Ya tuerto aunque más director que nunca, Walsh fue y le cambió el nombre a un tal Marion Morrison, a quien convirtió en John Wayne, y se puso a realizar westerns como “Tambores lejanos” o “Murieron con las botas puestas”, hasta que “Una trompeta lejana” resonó en su creatividad y se retiró a las colinas de Simi Valley a verlas venir en plan metafórico ya que el ojo que no le saltó la liebre suicida se lo merendó un glaucoma cinéfobo que había emigrado a California seducido por las bonanzas del clima. The end.

Pablo I de Rusia. Del 20-9-1754 al 11-3-1801

Ochenta y seis años antes del nacimiento neoyorquino de Raoul Walsh, era estrangulado, por unos sicarios enviados por su propio hermano, Pablo I de Rusia, zar casi hamletiano ya que era odiado por su padre Pedro III quien sospechaba que le habían endilgado un hijo adulterino, y hasta por su madre Catalina la Grande, que, genético o bastardo, consideraba que el heredero no estaba a la altura, ni física debido a su enclenque metro y medio, ni genealógica siendo vos quien sois, zarevich de todas las Rusias. Pablo se encaramó al trono zaresco a los cuarenta y dos años, tras el afiambramiento de su padre genitor o putativo, por uno de los amantes de su madre, y la apoplejía de la propia zarina que la fulminó mientras se disponía a tomar un baño, puede que el agua o el palacio no estuvieran a la temperatura adecuada, a saber. Ya en posesión del cetro con el diamante Orlov, Pablo I se entretuvo tiranizando no sólo al pueblo, ya acostumbrado a la sucesión de tiranías más o menos acentuadas, sino hasta a sus propios hijos, a los que iba encerrando aquí y allí por si se le rebelaban y lo bajaban del trono sin escalera ni nada; a cualquier ciudadano que llevara el pelo muy largo o la levita muy corta para el gusto pedreño, y al ejército ruso que del afrancesamiento impuesto por Catalina se vio forzado a declinar hacia el prusianismo más radical – “Los rusos miraban a este monarca como a una bomba temible, contando los minutos y esperando el último con impaciencia… Este minuto llegó y la noticia en todo el Estado fue como una expiación. En las casas y en las calles la gente lloraba de alegría, se abrazaban unos a otros, como en el día de la Santa Resurrección” –, hasta tal punto que cuando los conjurados irrumpieron en el castillo de San Miguel con la finalidad de estrangularlo por abufandamiento consensuado, Pablo no encontró ni un solo súbdito dispuesto a defenderlo, y el único en el que creyó vislumbrar a un salvador en potencia lo que quería en realidad era apretar un poco más la bufanda por si las moscas resurrectoras. Do svidaniya.

Temas

Rusia

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos