Actuar para malvivir: el 77% de los actores cobra menos de 12.000 euros al año
El sector da la voz de alarma y denuncia precariedad, ayudas que no llegan y cachés congelados
María Agudo, de cincuenta años, pasó más de una década en la recepción del hotel Tarik, en Torremolinos. Tiempo después comenzó a trabajar en Peluquería ... Toñi, el negocio de su madre. Un apoyo incondicional, la única que comprendería que un «Mamá, mañana tengo un casting» es motivo justificado para faltar al trabajo. Pedro Hofhuis, de 40, no tiene esa suerte. Saltaba de curro en curro constantemente: de repartidor en El Corte Inglés a camarero en ferias. De preparar hamburguesas en McDonald's a servir cervezas en Cien Montaditos. Muchos contratos. Todos temporales.
Natalia Ruiz, de 24, abandonó su ciudad natal con rumbo a Málaga para dedicarse a lo que siempre había soñado. Pero cada verano le toca hacer las maletas y regresa a Huelva. Allí trabaja en un chiringuito que le insufla algo de oxígeno financiero para poder seguir peleando una vez regrese a Málaga. Elena Racero, de 27, atrapa cualquier curro esporádico que salga, principalmente de azafata. Se fue a probar suerte a Madrid en octubre del año pasado, pero sin el apoyo económico de sus padres no habría durado ni una semana.
Sus nombres tienen algo en común: pertenecen a ese 52 por ciento de actores y actrices que necesitan un segundo trabajo para salir adelante. Y aún así, el 44 por ciento se encuentra por debajo del umbral de la pobreza, con ingresos inferiores al 60 por ciento de la renta media del país, según datos del último informe sociolaboral de la fundación Artistas Intérpretes, Sociedad de Gestión (AISGE). «La situación no hace más que empeorar. Si no nos levantamos, el teatro quedará como un mero entretenimiento folclórico festivo», comenta Ángel Calvente. Calvente, propietario y fundador junto a su mujer Carmen Ledesma de la compañía teatral Espejo Negro, presidió hasta el pasado mes de julio TIJA, Asociación de las Artes Escénicas para la Infancia y la Juventud de Andalucía. Fue una de las once asociaciones firmantes del documento 'Propuestas de mejora de la Red andaluza de teatros y programa Abecedaria' presentado a la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía en 2023. Diecisiete páginas que, salvo el aumento de las ayudas a la producción para el próximo año 2026, han quedado en papel mojado.
Un dato habla por sí solo: el 77 por ciento cobra menos de doce mil euros anuales. Punto y final. Esta situación, difícilmente empeorable, rebasa la barrera de lo económico e invade las fronteras de lo psicológico. «Esa es la peor parte, es terrible. Lo peor son esas horas que vienen después, tirado en la cama con la almohada. Cuando empiezas a pensar en todo lo que has sacrificado y lo que has conseguido a cambio», lamenta Hofhuis. Para él, uno de sus grandes deseos fue (y es) ser padre. «Y he tenido que renunciar a ello. Porque la vida profesional que he elegido nunca me ha permitido estabilidad e ingresos suficientes para serlo. Eso es… es demasiado duro».
Hay otra cifra aún más desoladora: un cuarenta y ocho por ciento cobra menos de 3.000 euros anuales. Prácticamente una de cada dos personas dedicadas al mundo de la interpretación cobra menos de lo que cobra un alumno en sus prácticas curriculares. Agudo, por ejemplo, ha jugado con todas las cartas que tenía. Probó suerte en Madrid, en Málaga, en audiovisual, en teatro… nada surtió efecto. Hasta creó su propia compañía, que cerró al año de abrirse; la competencia voraz y la inestabilidad acabaron escupiéndola de un circuito casi inaccesible. «¿Vivir exclusivamente de la interpretación? Te diría que nunca. Tal vez el año que estuve trabajando en 'Arrayán'».
Y sigue habiendo clases. Mientras el sector audiovisual paga 294 euros diarios de media, el teatro está retribuido con 108 euros diarios de media. Los días trabajados, sin embargo, siguen la lógica opuesta: 35 días diarios al año en cine y televisión, de media, frente a los 75 días que trabajan los actores de teatro. «Cobrábamos 35 euros por show y nuestro sueldo nunca superó los 350 euros mensuales. La gasolina no te la pagaban, por lo que salíamos prácticamente a perder. En ese momento nos auto justificábamos con el hecho de 'coger tablas'». En esta compañía, de la que Racero prefiere no dar el nombre, Elena hizo ensayos de lunes a domingo para otra obra sin cobrar un solo céntimo para luego hacer una única función en la que cobró cien euros.
«La Cochera Cabaret o la compañía teatral Espejo Negro son de las pocas en la provincia que dan de alta y pagan ensayos. No porque el resto no quiera, sino porque no pueden», relata Agudo, que en su periplo como propietaria de La Patrona Producciones ha podido ver la moneda a través de sus dos caras: por un lado, actores y actrices reclaman mejores condiciones, ensayos pagados y puntualidad en los pagos. En la otra cara, los propietarios de las compañías, en su mayoría, se enfrentan a situaciones de insolvencia económica que no les permiten ofrecer mejores condiciones.
Celia Almohalla es propietaria de Índigo Teatro, una compañía centrada en teatro infantil fundada en 2014 que no empezó a ver beneficios hasta 2023. Nueve años de pérdidas. «Ganaba lo justo para poder mantener abierta la compañía y pagar la cuota de autónoma». Almohalla cree que existe «explotación» en el sector y, como propietaria de una compañía, se carga la responsabilidad a su espalda. «He sido actriz y ahora propietaria de una compañía, por lo que puedo ponerme en la piel de ambas partes. Entiendo a esos empresarios que no son capaces de pagar lo que les gustaría porque realmente no son capaces de ofrecer más, pero también a esos actores y actrices que esperan cobrar dignamente. Es una pescadilla que se muerde la cola, pero creo que la compañía es la primera que tiene que pedir más para evitar los recortes».
Los pilares de la profesión en Andalucía son cada vez más finos, agrietados por infinidad de motivos, como el retraso en los pagos, las rebajas de cachés o la disminución de funciones.
«Hay un Ayuntamiento (del que Almohalla prefiere no dar el nombre) para el que hice una función en abril del año pasado y aún no me han pagado». Y eso que el plazo máximo de pago de las administraciones públicas, según la normativa general, es de treinta días.
A Almohalla hubo una empresa que jamás llegó a pagarle y Hofhuis ha llegado a tener cuatro mil euros flotando, 'en la nube'. «A lo mejor un mes cae algo, pero siempre hay dinero en el aire que nunca llega. Y, de vez en cuando, cae una parte. Pero mientras tanto tienes que pagar a tu gente, hacerte cargo de alojamiento, dietas, combustible, peajes…», remata Calvente, quien ha tenido que pedir dinero a sus hermanos en distintas ocasiones para sacar adelante su obra. «No porque no me saliera trabajo, sino porque no lo cobraba».
A estos retrasos se suman las rebajas de caché, que hacen de esos pagos dinero insuficiente para hacer frente a los costes de sacar adelante una obra. «Las instituciones públicas juegan mucho con la rebaja de caché porque saben que hay una compañía amateur que por una décima parte de lo que tú cobras te lo hacen», señala Hofhuis, quien considera insuficiente las cantidades que ofrecen la mayoría de ayuntamientos. «Muchas veces hay que utilizar el caché de la venta del estreno para financiar la producción del espectáculo. Si me dan tres mil euros por función más IVA quiere decir que tengo seis mil euros para producir el espectáculo. Nada. Con esos seis mil euros hay que pagar decorados, vestuarios, escenografía, al del vídeo, los actores, el diseño… es imposible».
Este es, según Calvente, uno de los grandes problemas que enfrenta la profesión en compañías de medio o pequeño tamaño. «Ha subido todo, pero los cachés están congelados desde hace más de diez años. Así es imposible que una compañía pueda adaptar los salarios a la inflación económica. Compañías e instituciones tienen que sentarse a hablar de este panorama». Además, la oferta se ha reducido drásticamente en los últimos años. Espejo Negro, por ejemplo, ha pasado de tener quince bolos mensuales a la mitad en los buenos meses. «Algunos meses apenas tenemos tres bolos».
Por si fuera poco, esta oferta se aglutina en dos focos territoriales: Madrid y Barcelona. En el resto de España apenas hay lugares con salas suficientes para hacer temporada y los proyectos que se salen del molde carecen de apoyo suficiente por parte de las instituciones y también del propio público (por ejemplo, el microteatro de Málaga, que tras seis años ofreciendo cultura se vio obligado a bajar la persiana de manera definitiva el 23 de febrero de 2019 por falta de solvencia). Un panorama que ofrece pocas posibilidades de presente fuera de las dos grandes ciudades.
Lo cierto es que nadie tiene la clave para que la palabra futuro se materialice en un sector que requiere una reflexión profunda. María Agudo considera que ese futuro puede ser mejor que el presente, «siempre y cuando se publicite el teatro». Ángel Calvente es más escéptico. Cree a pies juntillas que la cosa irá todavía peor. Para él, la convulsión política que vive el país es una de las principales razones de este deterioro. Natalia Ruiz se muestra positiva, aunque matiza que «cada vez nos gusta todo más corto y mascado. Cuanto menos pensemos, mejor». Elena Racero lo es sin matices, «o al menos quiero serlo», ríe. Pedro Hofhuis considera que el teatro y la danza, a largo plazo, se convertirán en un lujo pensado para unos pocos. «Las compañías ya se están reinventando, creando espectáculos más cortos, llenos de impulsos que capten la atención del espectador». Y Celia Almohalla ve en la conciliación un salvoconducto: «Creo que para que esta profesión tenga futuro se tiene que poder llevar de una manera más natural: poder tener una familia y tiempo para uno mismo. No tener que estar veinticuatro horas al día, siete días a la semana».
Algunos han pensado en dejarlo una y mil veces, otros alguna vez y hay unos pocos a quienes, por el momento, no se les ha pasado por la cabeza. Unos ven en el futuro un cielo de tormentas y otros el fin del vendaval que ahora atraviesan. Pero todos, del primero al último, siguen. «Tenemos, probablemente, la profesión más bonita del mundo. Una que permite hacer los sueños realidad».
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