Tras los pasos de Bernardo de Gálvez

Monserrate pinta el cuadro que después se colgó en el Capitolio. Cedecom/
Monserrate pinta el cuadro que después se colgó en el Capitolio. Cedecom

El filme sobre el único español Ciudadano Honorario de EE UU se emitirá en la televisión norteamericana y en la cadena pública andaluza

REGINA SOTORRÍO

De Macharaviaya a Washington, con paradas en Pensacola, Canarias, Madrid... Por todos esos lugares pasó el militar malagueño Bernardo de Gálvez en su periplo por el mundo, y todos esos lugares revisita el director Eterio Ortega y su equipo 250 años después en su búsqueda. Un documental de la productora malagueña Cedecom sigue los pasos del único español al que EE UU reconoce como Ciudadano Honorario, un privilegio que solo ostentan otras siete personas. Un malagueño que fue crucial en la guerra de la independencia de los EE UU, que estrechó lazos en las relaciones hispano-americanas como virrey de Nueva España, que lo mismo luchaba contra los apaches que escribía un entremés teatral... Y del que sin embargo, todavía hoy, mucha gente desconoce su historia.

El documental traza una semblanza personal de De Gálvez justo cuando su nombre más suena a uno y otro lado del charco. Se ha rodado a lo largo del último año, meses en los que se ha conseguido que el propio Barack Obama firme la resolución que concede al malagueño la ciudadanía honoraria. Y un periodo en el que se ha logrado también que su retrato una réplica de un original del XVIII que ha pintado Carlos Monserrate cuelgue por fin de las paredes del Capitolio, tal y como aprobó el Congreso norteamericano en 1783. Todas estas victorias ha sido seguidas de cerca por el director Eterio Ortega. El público de EE UU será el primero en ver el resultado, con una presentación prevista para finales de febrero en Washington donde cuentan con el respaldo de la Embajada Española y su posterior emisión en la televisión norteamericana.Después se lanzará en Canal Sur (aún sin fecha), cadena que participa en la producción.

Este montaje retrata «un perfil muy claro» del hombre que nació en Macharaviaya en 1746 a través de los testimonios de historiadores, investigadores, diplomáticos y descendientes de quienes le acompañaron en su viaje de España a EE UU. En la sede de las Hijas de la Revolución Americana (DAR) en Washington, el equipo del documental encontró una lista con sus nombres: unos 200 dejaron su casa, muchos en Málaga, para luchar contra los británicos al otro lado del charco. La mayoría de sus sucesores viven aún en Pensacola y alrededores, la plaza que dio fama inmortal a De Gálvez. «Y están muy orgullosos de su pasado», asegura Ortega.

Allí fue donde se embarcó solo con su bergantín para plantar cara a la artillería inglesa. Invitó «al que tuviese honor y valor lo siguiese» porque él «iba por delante con el Galveztown para quitarle el miedo». Los británicos le dispararon 27 cañonazos, pero ninguno le alcanzó. Pensacola se rindió poco después a España, un triunfo decisivo para la victoria de los ejércitos de George Washington.

Desde entonces le acompañará el título de Yo solo, frase que aparece escrita en su blasón, y Carlos III le recompensaría con el nombramiento de vizconde de Galveztown y Conde de Gálvez. Más adelante, en 1785 y tras otras tantas buenas acciones, ascendería a virrey de Nueva España.

El documental hace ese viaje en el tiempo a partir de la proyección que la figura del militar tiene hoy día. «Hay varias historias paralelas que descubren a De Gálvez desde diferentes puntos de vista, desde cómo se vive a ese personaje 200 años después», cuenta el director. Las recreaciones de la toma de Pensacola, la celebración del 4 de julio en Macharaviaya, la lucha de Teresa Valcarce y de la Asociación Bernardo de Gálvez por impulsar su nombre... Son relatos que contribuyen a «recuperar la pasión» por esta «persona excepcional». «No solo por su arrojo sino porque estaba muy bien preparado para la época, era muy inteligente y tuvo una trascendencia notabilísima», argumenta.

Y aún así, es el gran desconocido. «Para mí fue también una sorpresa», admite el director. En su opinión, el caso Bernardo de Gálvez es un ejemplo de que la Historia «es algo más cercano de lo que uno piensa». Porque la consolidación de la primera democracia del mundo ocurrió a miles y miles de kilómetros, pero tuvo un buen aliado justo aquí al lado, en un pequeño pueblo de la Axarquía.