LA CÁRCEL CULTURAL

La antigua prisión ocupa unos 14.000 metros cuadrados. / SUR
La antigua prisión ocupa unos 14.000 metros cuadrados. / SUR

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Dicta la experiencia que si la convocatoria es en el Salón de los Espejos del Ayuntamiento la cosa no será breve, porque suele alcanzar tintes de ceremonial. Pues allí nos llamaron el martes para presentar un nuevo proyecto para una vieja cárcel. Un proyecto cultural, se entiende. También citaron a los representantes de un buen puñado de instituciones públicas y privadas, a gestores más o menos culturales y a unos pocos artistas hasta completar el aforo. La jugada era la misma que hace cuatro años, pero organizada con mayor empaque y protocolo. En enero de 2015, en medio de una presentación sobre otro asunto, el alcalde anunció que el Ayuntamiento iba a convertir la antigua prisión de Cruz de Humilladero en un centro cultural. Quedaban dos meses para las inauguraciones de las filiales del Pompidou y del Museo Ruso y menos de medio año para las siguientes elecciones municipales. Y como aquello había quedado un poco deslucido, unos días después nos llamaron para colocarnos un casco de obrero en la cabeza y darnos una vuelta por el viejo penal. Iban a gastarse allí seis millones de euros. Dinero, se entiende, que no era suyo -es decir, nuestro-, sino de la Unión Europea. Y cuando en Bruselas dijeron que no, pues en nada quedó el invento.

Ahora falta de nuevo medio año para elegir a los alcaldes y aquí llega otra vez el proyecto cultural para la antigua cárcel. Dice el alcalde que el anuncio nada tiene que ver con las próximas elecciones, pero ya conocemos su proverbial capacidad para intentar venderle hielo a un esquimal mientras pone cara de preocupación ante la posibilidad de que el hombre se quede sin medio de refrigeración por algún avatar del destino. Ahora el alcalde se ha hecho acompañar de uno de los promotores de Matadero Madrid, una de las instituciones culturales más peritas del país, cierto; pero Cruz de Humilladero no es Legazpi ni Málaga es Madrid.

Con esas presentaron su idea para convertir el viejo presidio en un centro cultural polivalente, sostenible, multidisciplinar, participativo, integral, sin gluten y sin lactosa. Le han puesto el nombre de Distrito 6, calculan que abrirá su primera fase en 2022 y la segunda en 2025 y que costará unos 24 millones de euros. Y dicen que ellos ponen el dinero. Que si les ayudan, bien, y si no, pues ellos. Dicen que es lo que necesita la ciudad, pero quizá no sea lo que necesita el barrio. El segundo distrito más poblado de la ciudad, un «granero de votos», expresión oída en uno de los corrillos posteriores y que a mí me trae la imagen de un pitas-pitas condescendiente y pueril con concejales (y concejalas) llamado a los vecinos para que vayan a comer de su mano y de sus promesas.

Porque han prometido estudios de cine, salas de teatro y danza, talleres para artistas visuales y quizá incluso conservar alguna celda como testigo del pasado del lugar. Han decidido, de nuevo, pasteurizar la historia, descafeinar el pasado para que no nos devele. Han optado, otra vez, por actuar de arriba abajo, encargar un informe y pasar la mano por el lomo a los creadores locales y a los vecinos de la zona en una operación que recuerda a la fecundación in vitro de la criatura que bautizaron como el Soho, mientras dejaban morir la vida cultural nacida de forma espontánea en Lagunillas, la Trinidad, el Molinillo y la Victoria, abandonados a su suerte frente a los especuladores inmobiliarios y los arribistas turísticos.

Y han querido la casualidad y el calendario electoral que el mismo día que se daba a conocer el proyecto para la cárcel de Cruz de Humilladero se presentara en Barcelona la propuesta municipal para otra vieja prisión: La Modelo. Un año de reuniones con representantes culturales, sociales y vecinales ha desembocado en una iniciativa que contempla 150 viviendas públicas, un centro de formación, una residencia para mayores, un polideportivo y un espacio reservado para proyectos de economía social. También reserva una de las galerías para el Espacio Memorial, que contará la historia del presidio.

Y puede que algo de eso necesite Cruz de Humilladero antes que otro contenedor de miles de metros cuadrados y decenas de millones de euros. Claro que aquí, otra vez, se juega la baza cultural para legitimar una iniciativa de pertinencia cuestionable. ¿Pero quién nos va a criticar por hacer más cultura? ¡Y además, en los barrios! Y quizá lo que pida el barrio, la ciudad, en esa parcela sea, por tirar a la solución más sencilla, un parque como un demonio, con su césped, sus bancos, sus zonas de sombra y su recinto infantil cerca de una terracita para los padres. Y en medio, un cartel bien grande que diga: 'Aquí había antes una cárcel. Nosotros hemos puesto columpios'. Ahí tienen mi voto.

 

Fotos

Vídeos