Capelo: «El modelo de negocio de la suscripción se sustenta en profesionales creíbles»

Capelo: «El modelo de negocio de la suscripción se sustenta en profesionales creíbles»

Doctor en Comunicación y consultor, propugna mantener la credibilidad de los medios como seña de identidad para superar los efectos disruptivos de la digitalización

N. ALONSO

Periodista de vocación y enamorado de la profesión, Manuel Capelo (Huelva, 1955) ha comprobado en sus propias carnes cómo la digitalización ha puesto patas arriba las redacciones de los periódicos y cómo estos intentan sobreponerse a tan revolucionario cambio. Doctor en Comunicación y consultor, Capelo retrata en su libro 'Del plomo al bit' su experiencia con la transición hacia el entorno digital de varias cabeceras de Vocento –grupo al que pertenece SUR–.

–Siempre se oye que el periodismo atraviesa un momento crucial. ¿Ahora también?

–Yo creo que estamos en un momento histórico porque las últimas décadas el periodismo, igual que el resto de la sociedad, ha sufrido un proceso disruptivo, una ruptura pronunciada en la que se están produciendo una serie de cambios mucho más acelerados de lo normal. Todo ello es producto del fenómeno de la digitalización.

–Y ese momento disruptivo, ¿lo calificaría como positivo?

–Tanto desde el punto de vista académico como profesional, éste es uno de los puntos del debate: si ha sido buena o no esta disrupción. Desde mi personal punto de vista, tanta disrupción no ha sido buena, el cambio ha sido excesivamente brusco. Pero las cosas son como son. La sociedad ha evolucionado y tenemos que adaptarnos a cómo van los tiempos, no podemos pedir que nos esperen. Dicho esto, veo más ventajas que inconvenientes.

–¿Por ejemplo?

–Solamente citaré tres. La primera, la capacidad de llegar a más gente con las nuevas plataformas es un fenómeno que no conocíamos. Antes la televisión llegaba a mucha gente, pero ahora una redacción, a través de sus múltiples plataformas digitales, está alcanzando audiencias impensables. Por ejemplo, ABC registró en enero más de 22 millones de usuarios únicos, algo impensable hace una década. Segundo, la capacidad de acceder a fuentes. A través de la Red, hay acceso a bases de datos, a registros, a documentación, a personas que están en la otra parte del mundo... Esa capacidad global, inmediata y mucho más profunda de contactar con las fuentes no la teníamos hasta la digitalización. Y tercero, tenemos el control de las informaciones y podemos ser mucho más rigurosos porque a la vez que emitimos estamos recibiendo 'feedback' de nuestras informaciones. Antiguamente, con la información analógica se publicaba una cosa y las reacciones llegaban días después. Ahora, tú publicas una cosa en la web y casi inmediatamente tienes a alguien que te dice si está mal, si le falta algo o si se puede matizar.

–Pero también tiene su parte negativa.

–Todo cambio disruptivo implica una revolución y una transformación que deja atrás a personas. En concreto, en nuestra profesión, este cambio tan rápido y difícil de asimilar ha supuesto que mucha gente válida se haya tenido que retirar.

–¿Es la rentabilidad económica el caballo de batalla de los editores de prensa?

–Ese ha sido uno de los grandes problemas de este cambio tan brusco. Los editores en su momento se engancharon en un barco sin modelo de negocio. Inicialmente se pensó que todo el fenómeno de Internet y la digitalización era una estrategia de marketing para poner el producto en un escaparate que llegara a mucha más gente. Sin embargo, el devenir de los tiempos ha terminado por convertir el escaparate en un negocio. Y, efectivamente, los editores de prensa han estado un poco miopes por no saber valorarlo. Se ha ido aprendiendo con el tiempo y ahora se ve que el modelo puede estar en la suscripción.

–¿Paliará la suscripción digital el descenso de ventas del papel?

–La otra fuente de ingresos que se perdió, la publicidad, tampoco se ha recuperado y ahora está monopolizada casi en un 60-70% por los grandes monstruos digitales, Facebook y Google, y una parte que picotea Amazon. Por eso, una vía es la suscripción, que está empezando a funcionar. Tenemos el gran ejemplo del 'New York Times', que tiene actualmente cuatro millones de suscriptores de pago. Pero no sólo es un problema económico sino que este modelo nuevo de negocio, el de la suscripción, es sinónimo de calidad.

–¿En qué sentido?

–Tras una primera fase democrática, de contenido libre y gratuito en Internet, y una segunda social, en la que parecía que todo el mundo podía ser periodista, estamos en una tercera oleada, que es lo que se llama el Internet creíble y fiable, donde ya se discrimina y donde se identifican determinadas plataformas con calidad, las que están introduciendo la suscripción. La suscripción está empezando a identificarse con calidad. ¿Por qué? Porque detrás de la suscripción hay un modelo de negocio sustentado por profesionales creíbles, que seleccionan, que contrastan y que añaden un valor a las informaciones.

–Esa calidad es lo opuesto a las amenazas de informaciones opacas o noticias falsas. ¿Pero es una lucha justa o es la guerra total?

–En este espectro globalizado no es posible una lucha de caballeros. Más que luchar, los medios fiables y creíbles deben mantener su estrategia desde que nacieron. Cuando el papel era la plataforma predominante, también existían amenazas y era la credibilidad la que marcaba la pervivencia. En este caso, igual. La idea es que las cabeceras sigan en las plataformas digitales ofreciendo esa marca que significa que son creíbles, fundamentalmente. Frente a las noticias falsas, manipuladas o deshonestas, lo que puede ofertar una marca como Diario Hoy o como ABC o como Vocento es que la información pasa por un tamiz profesional: somos quienes somos, nos conoces de toda la vida y ofrecemos las noticias con un valor añadido. Frente al resto del ruido, no vale la pena luchar sino seguir cada uno su propio ideario y camino.

–Entonces, ¿le augura futuro al periodismo?

–Por supuesto. Cuando otros colegas dicen lo contrario o cuando se habla del periodismo ciudadano, me parece una insensatez. Una cosa es que seamos asequibles a las fuentes, pero el periodismo no puede faltar. Hace falta una persona formada, con honestidad y con criterio, que analice la realidad y le dé un valor añadido. Lo demás sería una locura. Periodismo es contar las cosas con honestidad: eso siempre va a ser igual, ahora o dentro de tres siglos. Lo que cambia son los soportes.

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