Al calor de los libros

Al calor de los libros

Los poemas de Cartarescu, Emil Ferris y sus monstruos, los libros de Trapiello y los viajes de Javier Reverte convocan a cientos de lectores en La Térmica

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

A la entrada de La Térmica, una columna de libros se elevaba como una pira. Pero no hizo falta meterle fuego como en la novela de Ray Bradbury que sirve de inspiración metafórica al encuentro literario Málaga 451. Porque La Noche de los Libros es de combustión espontánea. Y ayer encendió su quinta edición con la presencia multiplicadora de lectores en sus diferentes escenarios. No sólo en el que se llenó para escuchar a la estrella del cartel, el escritor y poeta Mircea Cartarescu –con su vitola de rondador del Nobel– abriendo la tarde-noche, sino también en los espacios dedicados a los relatos de todo tipo, los ensayos basados en hechos reales y la poesía con sello propio. En todos hubo mucho público que fue en aumento cuando las horas avanzaban, aunque sin llegar a las colas de otras ediciones. Un equilibrio en el que no faltó el calor. El de un público entregado a la páginas, el de los autores contagiados por esa pasión y que se sentían como estrellas de cine –o de series de televisión–, el de los libros que pasaban de mano en mano, de boca a oreja, y el de la temperatura que también se apuntó al evento para elevar unos grados el mercurio de ese pequeño planeta literario en el que anoche volvió a convertirse por quinta vez La Térmica.

Hubo más en Poesía SUR

Por fortuna, la brisa de la noche libresca trajo algo de refrigerio a una edición que también regaló momentos irrepetibles como la charla de la escritora y dibujante Emil Ferris que, pese a su mala salud de hierro, se subió al Escenario451 para hablar de su revolucionaria novela gráfica 'Lo que más me gusta son los monstruos' (2017), considerada una de las mejores de la década. Su bastón y su tos bastaban para reconocer las secuelas de la enfermedad provocada por un mosquito del Nilo que la postró y paralizó medio cuerpo. Podía no salir de la cama el resto de su vida –le avisaron los médicos–, pero Ferris recuperó sensaciones, movimientos y su mano para dibujar. Y acabó creando el cómic sobre una niña obsesionada con monstruos de cine y serie B. Una joven y un relato que tienen mucho ella. «Por más que intente crear ficción acabó encontrándome a mí misma en los personajes», aseguró la escritora, que trasladó su experiencia a todos los presentes. «Si quieres contar historias originales busca dentro de ti, porque no las encontrarás fuera», recetó Emil Ferris a la que su propia medicina le ha funcionado en lo personal y lo artístico. Y se despidió con el compromiso de hablar la próxima vez en español, «que además era la lengua de mis abuelos», emigrantes mexicanos en EE UU, contó.

Antes de que Cartarescu comenzara leyendo sus poemas con su voz inimitable, la zona infantil fue la primera en llenarse de historias. Sobre todo fantásticas gracias a Julio Verne que se llevó a decenas de niños a dar la vuelta al patio de La Térmica en 80 días. En 80 historias. Unos viajaban al centro de la tierra con experimentos que arrancaba un «¡hala!» tras otro. Phileas Fogg contaba sus peripecias a un grupo de niños con la cara pintada, mientras que la superficie lunar aparecía al otro lado del patio y el infante Pablo y cía dejaban allí su huella como si fuera un pequeño paso para la humanidad pero un gran paso para ellos.

Las frases

«Hay personas que no han escrito un poema en su vida, pero son grandísimos poetas» Mircea Cartarescu, Poeta y novelista

«No soy muy fan de las típicas autobiografías del mundo del rock. No quería caer en lo convencional» Brett Anderson, Músico

«Si quieres contar historias originales busca dentro de ti, porque no las encontrarás fuera» Emil Ferris, Escritora y dibujante

«Me he quedado de piedra con todo este lío que tenéis aquí con La Noche de los Libros. ¡Esto no es natural!» Andrés Trapiello

De éxodos y aventuras también se habló en la abarrotada sala dedicada al Ensayo que se abrió con Javier Reverte y Ayanta Barilli charlando de la literatura  de viajes. Y del turismo que ha acabado por colonizar la experiencia de conocer otros países o territorios. «Si viajas que no sea solo para ver monumentos, que está bien, sino también para asomarse y conocer gente... hay que estar abierto a la sorpresa», recomendó Reverte, aventajado viajero. Allí llegaron después dos jóvenes malagueños, Javier Padilla e Isabel Bellido, para charlar de la Transición sin mitificarla ni condenarla. Una época de la que también habló Manuel Vicent en su encuentro con Juan Cruz en el espacio de Narrativa para recordar al fallecido unas horas antes Alfredo Pérez Rubalcaba. Lo definió como un tipo «listo, inteligente y peligroso para los contrarios», a la vez que reconoció su labor fundamental en acabar con la banda terrorista ETA y su renuncia a ponerse la «medalla».

En la zona de librería, un lector no pudo dejar para después las primeras páginas del libro de Leonardo Padura, que se había comprado –aprovechando el 5% de descuento–, al igual que otros pedían las novelas de Wendy Guerra o Fernando Sánchez Dragó, invitados a esta edición de la Noche de los Libros. No faltaba el calor en esta estancia libresca, mientras en la zona del Jardín sonaba el jazz fresco de Astrologic, se recordaba a Benedetti a dos voces con Guillermo Pellegrini y Isamil9 y se llenaba hasta el último tramo de césped con Hidrogenesse.

Una de las novedades de esta edición estuvo en el Archivo de la Diputación que también hizo noche (de los libros) por primera vez. Y sacó algunos incunables –guarda volúmenes desde el siglo XVII–,como un libro de caudales de la Hospitalidad de San Juan de 1843 o un registro de quintos de 1913 en el que se anotaban los mozos disponibles para hacer la mili. Dos de esos volúmenes raros de los que Andrés Trapiello suele buscar en sus incursiones por el rastro, como explicó en su charla con otro bibliomano, Juan Bonilla.

Trapiello también protestó por la escultura de libros destrozados que recibía a los visitantes a la entrada de La Térmica. «Esas páginas no merecían acabar así», dijo el autor que también dio algunas recetas a los presentes al recomendar «leer mucho y comprar poco». Es decir, «releer» y recuperar títulos y autores del pasado para huir «del consumo excesivo de libros». Lo dijo ante un público que anotó la sugerencia ya que compartía con él la debilidad por los volúmenes. Unos lectores que llenaban la sala y los pasillos y que sorprendieron al escritor. «Me he quedado de piedra con todo este lío que tenéis aquí. ¡Esto no es natural!», exclamó.