Calder íntimo y monumental, en una exposición en el Centro Botín de Santander

MIGUEL LORENCISANTANDER.

Íntimo y monumental al tiempo. Así es el innovador lenguaje plástico de Alexander Calder (Lawnton, Pensilvania, 1898-Nueva York, 1976), un genial 'equilibrista' que cambió el curso del arte moderno y las reglas de la escultura. Un alambre retorcido y un pedazo de chapa, nos enseñó, pueden emocionar y conmover tanto como un bronce o un mármol. Algunas de las obras más osadas y menos conocidas de este «dibujante del espacio», inventor del «móvil» y maestro del arte cinético recalan ahora en el Centro Botín de Santander, que cuenta «todas las historias» de Calder, empezando por las que no pudo o no quiso concluir.

'Calder Stories' se titula la portentosa exposición, que cubre cinco décadas de la revulsiva trayectoria de Calder y rescata muchos de los proyectos que se quedaron a medias y sus colaboraciones con otros creadores. En cartel hasta el 20 de octubre, incluye unas 80 piezas prestadas en su mayoría por la Fundación Calder de Nueva York, que preside Alexander Rower, nieto del artista. «Cada pieza cuenta una historia, y muchas son sorprendentes e inesperadas», dice Rower. «Calder es intimidad, quiere al espectador cerca de sus obras, y es imposible experimentarla y entenderle a través de internet o de fotos», dice el nieto del escultor ante unas piezas concebidas «intuitivamente». Muchas son maquetas de apenas unos centímetros para proyectos de dimensiones gigantescas.

Historias desconocidas

Renzo Piano, el arquitecto del Centro Botín y premio Pritzker, ha diseñado la muestra comisariada por Hans Ulrich Obrist, director artístico de las Serpentine Galleries de Londres. Explora la obra menos conocida de Calder «para añadir nuevos matices al conocimiento de un artista fundamental del arte del siglo XX». Revela «historias apasionantes y desconocidas» de un influyente e iconoclasta creador que fue a la escultura la que Picasso y Miró a la pintura. Mezcla así los grandes encargos públicos y sus innovadoras propuestas escénicas con sus lúdicas e íntimas piezas móviles y los imponentes 'stabiles'. Explora sus colaboraciones con arquitectos, coreógrafos y compositores, unas conexiones «poco estudiadas», y proyectos inconclusos, como las seis diminutas maquetas creadas en 1939 para un museo de Washington, enormes móviles que habría colocado sobre bases de granito de más de diez metros de altura. O las dos docenas de bronces de acróbatas y funambulistas proyectados en 1944 y que habrían superado los 30 metros.