Caffarena, la edición como obra de arte

Ángel Caffarena desplegó su labor editora durante casi cuatro décadas. /Fernando González
Ángel Caffarena desplegó su labor editora durante casi cuatro décadas. / Fernando González

Se cumplen tres décadas de la muerte de una figura clave en la poesía malagueña de la segunda mitad del siglo XX. Continuador de la selecta tradición impresora de Prados y Altolaguirre, alumbró más de medio millar de títulos en una veintena de colecciones diferentes

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

«Nosotros solíamos llamar Ángel a una forma de ser y a una manera de estar. Siempre era Ángel Caffarena y siempre estaba cuando se le necesitaba. Nosotros, los que tuvimos la fortuna de ser sus amigos, solíamos llamar Ángel a una criatura disparatada y sonriente que dedicaba la mayoría de su tiempo a los demás». Con estas líneas abría el poeta Manuel Alcántara el artículo dedicado a Ángel Caffarena en la página de SUR que daba cuenta del fallecimiento del impresor malagueño. Han pasado tres décadas desde la muerte de Caffarena y su estela sigue intacta como figura esencial de la poesía malagueña en la segunda mitad del siglo XX.

Poeta, impresor, librero, valedor de nuevos talentos y escudero de autores consagrados, Ángel Caffarena Such (1914-1998) se erige como uno de los grandes artífices del tránsito hacia la modernidad de la tradición impresora malagueña. La tarea, en su caso, le venía casi marcada desde la cuna, como sobrino de Emilio Prados, poeta y artífice junto a Manuel Altolaguirre de la revista 'Litoral' que luego recuperaría el propio Caffarena en la misma imprenta Dardo (luego conocida como Sur) que alumbró la mítica publicación que aún se mantiene como faro poético y estético.

Y es justo ahí, con Prados y Altolaguirre a los pies de la imprenta Dardo, donde hunden sus raíces las señas de identidad del 'estilo malagueño' de edición, sobre todo de poesía, que continuaría Caffarena. Una manera de hacer que concede protagonismo a los blancos en cada página, que compone cada cuartilla con precisión áurea pensando en la mirada del lector y que hace de las capitulares una cuestión de fe. Libros en la mayoría de las ocasiones de tiradas muy cortas, algunas apenas testimoniales, firmados a mano por sus hacedores como un artista sella su obra. Porque cada uno de ellos era (es), en esencia, una obra de arte.

«El prestigio de la imprenta Sur se cimenta en los escasos cuatro años (entre el otoño de 1925 y, aproximadamente, junio de 1929) en que Emilio Prados y Manuel Altolaguirre llevan a cabo una excelente labor no sólo por el estilo que imprimen a los libros allí editados, sino también por el acierto en la selección de los jóvenes autores a los que publican», recuerda Francisco Ruiz Noguera en el artículo 'La nuevas colecciones de la Antigua Imprenta Sur', publicado en el número 18 de la revista 'El Maquinista de la Generación' editada por la Diputación Provincial.

«En tan corto tiempo -sigue Ruiz Noguera-, el tándem Prados-Altolaguirre logró escribir, con las dos máquinas Monopol tipo Minerva que en la imprenta había, una singular página en la historia de la edición española de poesía, con unos medios, además, relativamente modestos. Así recordaba Altolaguirre aquel espacio situado, primero y por escaso tiempo, en la calle Tomás Heredia, nº 24, y luego en la cercana calle de San Lorenzo, nº 12».

La saga la continuaría Caffarena a partir de los años 50 desde su Librería Anticuaria, que acogió su sello Ediciones El Guadalhorce. Entre sus suscriptores figuran las bibliotecas del Congreso de Estados Unidos y la del Museo Británico, como detalla María Victoria Pareja en uno de los textos incluidos en el monográfico que 'Litoral' dedicó a Caffarena en 1987. La especialista repasa los primeros volúmenes dedicados a la historia que Málaga en 1960, que darían paso al año siguiente a las colecciones de poesía.

«Allá por los años cincuenta andaba yo preparando una 'Antología de la poesía malagueña contemporánea'. Mi objetivo era doble. Uno, un tanto al margen de lo puramente literario. Se trataba de dar a conocer a las jóvenes generaciones la existencia en el trastierro de unos poetas que aquí, en gran parte, eran desconocidos», compartiría el propio Caffarena en el número que le dedicó 'Litoral'.

Ruiz Noguera da cuenta de la «labor ingente» que Caffarena realizaría durante casi cuatro décadas: entre 1960 y 1997 alumbró «al menos, diecisiete colecciones distintas y publicó cerca de seiscientos libros». Recuerda el poeta y catedrático de la Universidad de Málaga (UMA) que Caffarena repartió su actividad impresora entre Dardo y otros talleres como Montes, La Española, Mahave -«donde se imprimió la célebre primera traducción de Cavafis»- o Gráficas San Andrés, si bien la mayoría de sus colecciones poéticas «salieron de las antiguas prensas de Sur». Ahí están 'Cuadernos de María Cristina', 'Almoraduj', 'Cuadernos del Sur', 'Nuevos Cuadernos de María', 'Cuadernos de David' y 'Ángel/Poesía' como eslabones de una cadena poética surcada de algunos nombres esenciales de las letras españolas.

Con los nuevos poetas

Porque Caffarena imprimó versos de Emilio Prados, Manuel Altolaguirre, José Moreno Villa y José Antonio Muñoz Rojas; pero también divulgó poemas inéditos de otros autores de la Generación del 27 como Jorge Guillén, Vicente Aleixandre y Gerardo Diego. Su labor encuentra en el Grupo del 27 la pasarela que le llevó a publicar las composiciones de autores de distintas generaciones, desde Carmen Conde a Leopoldo de Luis, pasando por Fernando Giner de los Ríos, Carlos Bousoño y Pablo García Baena.

Junto a ellos, los poetas que empezaban a despuntar en la década de los años 70. Así, Pere Gimferrer, Leopoldo María Panero, Ana Rossetti, Jaime Siles y Rafael Pérez Estrada figuran entre la multitud de autores que tuvieron su propio cuaderno editado en El Guadalhorce.

«Su acumulación biográfica, su litoral corazón, su pulso para el Dry Martini, su generosidad infatigable, su empeño en que tantos y tantos poetas perdieran la admirable condición de inéditos, todo eso hizo de él un malagueño de difícil sustitución», glosaba Alcántara sobre la tarea del impresor.

Una labor por la que su amigo Vicente Aleixandre presentó a Caffarena como «creador de una Málaga impresa, que tiene sonido y luz». Y versos, muchos versos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos