Con mucha cabeza

Varias de las obras que forman parte de la exposición. /Fran Acevedo
Varias de las obras que forman parte de la exposición. / Fran Acevedo

Chema Cobo revisa en su obra reciente la Revolución francesa y lapone en diálogo con episodios de su producción anterior, en los queya atendió a aquel acontecimiento histórico

JUAN FRANCISCO RUEDA

Esta exposición de Chema Cobo (Tarifa, 1952), con el comisariado de MaLo Estudio (Marta del Corral y Lorena Codes), tiene la virtud no sólo de enfrentarnos a la obra reciente que Cobo ha generado en torno a la Revolución francesa, sino que en ese marco se han recuperado para ser contextualizadas con éstas una serie de obras fechadas desde los años noventa en las que ya aparecía este asunto como motivo recurrente, continuamente revisitado desde que en la década de los ochenta surgiera en su trabajo. Sirve este ejercicio de contextualización para observar varios asuntos. Por un lado, uno meramente estilístico, que nos permite apreciar 'continuidades' en su producción a lo largo de más de un cuarto de siglo (el interés por la Historia, la narratología, la instrumentalización de la misma, los sistemas filosóficos, la inclusión de lo verbal, la ironía o la mascarada). Por otro, certificar cómo la Revolución francesa ha sido y es revisitada por Cobo como capítulo histórico y como yacimiento de actitudes y comportamientos esenciales de la condición humana en torno al poder, la imposición, la utopía y el control de la disidencia.

Chema Cobo. 'La vertú tue'

La exposición
19 obras componen esta exposición, todas ellas son acuarelas y técnicas mixtas sobre papel, a excepción de una instalación compuesta por un camisón intervenido pictóricamente que se sostiene por un vástago con los colores de la bandera francesa y que pende del techo. La mayoría de obras están realizadas en 2017, aunque se incluyen varias realizadas en los años noventa y en la primera década del presente siglo.
Comisariado
MaLo Estudio
Lugar
Alianza Francesa. Beatas 36, Málaga
Fecha
Hasta el 4 de mayo
Horario
Lunes a viernes, de 10.00 a 13.30 y de 16.30 a 20.30 horas.

La ironía de la que siempre ha hecho gala Cobo muta a sarcasmo en este grupo de imágenes. En parte porque el artista, aun abordando un asunto que es filosófico y ético –también político e histórico, claro está– como es la Revolución francesa, en última instancia se enfrenta a una cuestión social y de indagación en la condición humana. Proyectar juicios en torno a ese ámbito es lo que permite que hablemos de este Cobo como un autor satírico. Emerge como alguien capaz de hablar de lo sincrónico y de lo diacrónico, capaz de aludir a los acontecimientos en torno a la Revolución francesa y de una cierta constante que define al ser humano y que hoy, por tanto, seguimos proyectando en nuestras vidas. Y aún más, muchos de esos hechos son convenientemente expuestos para que adquieran un carácter metafórico o simbólico.

Un sinfín de símbolos de la cultura francesa y de aquel acontecimiento histórico son empleados por el artista. Además de la referencia tricolor a la enseña gala, de gorros frigios que son considerados símbolos revolucionarios –recuerden cómo Delacroix tocó con un gorro frigio a la alegoría de la libertad que guiaba a la masa en 'La libertad guiando al pueblo', de 1830, aunque es una obra que se consagra a acontecimientos posteriores– o de referencias a figuras como Marat, quizá el motivo más repetido es el de la guillotina, al que se le unen continuas referencias a personajes decapitados y alusiones verbales (en francés) a «perder la cabeza».

La ironía de la que siempre ha hecho gala Cobo muta a sarcasmo en este grupo de imágenes

Se intuye cierto descreimiento en la mirada sarcástica que ejerce Cobo, no al hecho en sí de la Revolución sino a muchos de los intereses espurios que se cruzaron en su camino y que pudieron incluso desvirtuar, cuando no transgredir o desdecir, los principios sobre los que se asentaba esa anhelada transformación social. Con el título de la exposición ('La virtud mata'), como con tantas otras expresiones verbales que emplea, con la recurrente y amenazante presencia de la guillotina como arma de purga y represión y con otras imágenes de calado crítico, manifiesta el envés de sinrazón, violencia y muerte que acompaña a la imposición de algunos sistemas por más justos que fueran en relación a los anteriores. Parecen flotar en el aire, como efluvios de los dibujos de Cobo, expresiones como «el fin justifica los medios» o «escribir recto con renglones torcidos». Cobo alumbra una suma de estampas por y para el descreimiento, para la conciencia de que todo tiene un precio y para la certeza de que la Historia se maquilla; aquí actúan como esenciales varios dibujos que aluden a la instrumentalización del relato historiográfico y a la 'memoria selectiva' al escribirlos. Algunas de las imágenes resultan apabullantes y adquieren, gracias a las expresiones que incorpora, condición de sentencias éticas; estas frases actúan, como en cualquier imagen de carácter satírico o emblemático (motes son su nombre), generando parte del sentido a través de la paradoja (ironía), metaforización o reafirmación de lo que representa la imagen. Evidencia una maestría en el doble sentido y en el juego de palabras, siendo muchas de sus frases sentencias sarcásticamente críticas y edificantes, aunque ahorrándose, por suerte, cualquier carga de moralina o moraleja. Son ejemplares las obras en las que aparecen expresiones como «El sueño de las luces» y «el teatro de las sombras», originando una ambigüedad desasosegante y haciéndonos recordar el trasfondo de la mítica estampa goyesca 'El sueño de la razón produce monstruos', de la serie de 'Los caprichos'; otras expresiones, siempre apoyadas en imágenes, que resultan irónicas y epatantes son «Perder la cabeza por la noche y por la mañana olvidarlo», tal vez en referencia a los desmanes y la facilidad para excusarlos como males menores, o «La historia rueda y la sangre fluye», que acompaña a una suerte de hélice conformada por hojas de guillotina y numerosos personajes sin cabeza.

En las últimas entregas expositivas de Cobo en nuestra ciudad, tanto en galerías como en la retrospectiva que le dedicó el CAC Málaga, siempre prevaleció la presencia de la pintura, con su inequívoca paleta y su tendencia a crear atmósferas monocromas. Estas obras que ahora se exponen nos permiten disfrutar de su dimensión dibujística, con ejemplos ciertamente exquisitos que basculan entre imágenes delicadas, gráficas y líricas y otras más pictoricistas e incluso procaces, pero todas muestran el incontenible y mordiente juicio crítico que posee Chema Cobo.

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