EL BUEN GUSTO

Darko ha evolucionado de la calle al museo sin perder sus raíces. / SUR
Darko ha evolucionado de la calle al museo sin perder sus raíces. / SUR

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Cuando lo conocí todavía se ponía el pasamontañas para hacerse las fotos. Otras veces se calzaba la capucha de la sudadera hasta dejar su rostro en sombra. Y en otra ocasión el fotógrafo le hizo un retrato memorable con su cara medio tapada por la boca abierta de un cortafríos que agarraba con las manos. Fue en El Pacto Invisible, la efímera galería ubicaba en una perpendicular de la calle Carreterías que pese a su brevedad dejó proyectos formidables, como aquella exposición de Darko junto a Marc Montijano. Poco antes, Darko se había colado en las urbanizaciones abandonadas a medio construir a lo largo de la Costa del Sol en un safari de arte salvaje. Grandes animales de vivos colores sobre los muros de lo que debía haber sido un salón, un cuarto de baño, un dormitorio. Una intervención a gran escala, un vandalismo poético y hermoso que poco a poco caminaba desde la calle hasta la galería, de la intemperie al sistema del arte. Ha pasado el tiempo y con Darko regresa esta semana uno de los mayores privilegios de este oficio: ver crecer y madurar la obra de un artista con talento.

Porque Darko se va a convertir en el primer artista que interviene el Museo Ruso y el Centre Pompidou Málaga. El segundo proyecto supone, además, el refrendo de los responsables del Pompidou de París. Darko también será el más joven en actuar en estos centros, aunque sólo le lleve un año Emmanuel Lafont, el otro creador seleccionado para actuar, en su caso, sobre los muros del Museo Ruso, donde Darko pintó el año pasado. Darko y Lafont han ganado el concurso convocado por el ciclo Málaga de Festival (MaF), el gozoso preámbulo al certamen cinematográfico que sigue empeñado en ofrecer una programación tan amplia como diversa, marcada por algo tan sutil y radical como el buen gusto. Porque con MaF también regresa la impresión de que las inciativas -cualquier organización, al fin y al cabo- se acaban somatizando con quienes se encargan de dirigirlas. Quizá por eso el MaF desprende el sentido y la sensibilidad de gente como Juan Antonio Vigar y Cristina Consuegra. El primero dirige el Festival de Málaga, el Teatro Cervantes y el Teatro Echegaray en un acopio de responsabilidad expandido a iniciativas emanadas de esas entidades como el Terral y el festival de teatro que estos días brinda una de las ediciones más ilusionantes de los últimos años.

Conozco a Vigar desde hace casi veinte años -«ahora que de casi todo hace ya 20 años», que escribió Gil de Biedma- y no le he conocido un mal gesto, un desplante o una salida de tono. Tampoco conozco a nadie que hable mal de él ni de su forma de trabajar y conozco a muy pocos de quienes se pueda decir lo mismo. Y después de este tiempo mantengo la impresión de que su inteligencia, su modestia y su elegancia se han ido filtrando en las empresas que ha ido emprendiendo con un tesón sin aspavientos, con la templanza como manera de entender la vida y el arte.

Y como la gente con talento tiende a buscarse y juntarse, cuando en el festival idearon el MaF como antesala del certamen, pensaron en Cristina Consuegra. Gestora, escritora, luchadora, encantadora, la ubicuidad festiva de Consuegra se ha traducido en una de las mejores iniciativas culturales vistas por aquí en mucho tiempo, no sólo por la calidad de sus propuestas, sino por el compromiso real con eso que venimos en llamar el tejido creativo de la ciudad, sus industrias culturales. Porque el MaF paga el trabajo de los artistas y los gestores culturales que cobija bajo su paraguas, facilita la producción de los proyectos y encuentra un hilo conductor capaz de dar, de nuevo, sentido y sensibilidad a una programación que ha ido encontrando su justa medida desde su primera vocación expansiva.

Del MaF de este año apenas sabemos por ahora la elección de Darko y Lafont como artistas que intervendrán en el Pompidou y el Museo Ruso. Y sólo eso ya anuncia un nuevo meneo en la agenda cultural de la ciudad, un nuevo atracón de buen gusto. Que aprovechen.

 

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