Un 'black mirror' a la española

Un momento de la representación, anoche, en el Teatro Cervantes, que estuvo a punto de colgar el cartel de 'No hay entradas'. :: francis silva/
Un momento de la representación, anoche, en el Teatro Cervantes, que estuvo a punto de colgar el cartel de 'No hay entradas'. :: francis silva

'Faraday', del malagueño Fernando Ramírez Baeza, explora las entrañas de las redes sociales para trazar un 'thriller' muy negro

MÁLAGA.

Las redes sociales y en general la capacidad de la tecnología para espiar todos nuestros movimientos ha sido abordado en la ficción incluso desde antes de que existiera Facebook, pero pocas veces nos han dejado entrar en las entrañas del poder económico de los popes de Internet. 'Faraday' hurga en esta herida abierta con una obra en clave de 'thriller' y una marcada influencia cinematográfica muy negra: la acción transcurre en Nueva York, en una agencia de seguridad donde está almacenado un invento basado en la distribución y búsqueda de fotografías que pondrá la seguridad de los usuarios en peligro; más todavía, se entiende. La trama se traza además con elementos familiares que aportan dramatismo a la frialdad del poder ejecutivo, un mundo que el autor de 'Faraday', el malagueño Fernando Ramírez Baeza, conoce de primera mano por su trabajo de directivo en una empresa que cotiza en el IBEX 35. Se trata esta de su quinta obra y llega precedida por el éxito de 'Subprime', otro trabajo que mantenía una clara influencia 'noir' y que fue estrenado en estas mismas tablas.

El Teatro Cervantes estuvo cerca de agotar las localidades anoche para contemplar esta pieza dirigida por Paco Macià, conocido por su trayectoria en la Cía Ferroviaria, y un elenco actoral formado por Pedro Miguel Martínez, José Manuel Seda, Alicia Montesquiu, Javier Collado y Ana Turpin que resultó correcto y bienintencionado, pero cuyo trabajo, que resultaba por momentos algo forzado, se vio resentido en la primera mitad del espectáculo por culpa de unos notables problemas de audición.

Teatro de verdad

Se agradece este teatro de verdad y sin micrófonos, pero cuando los actores se ponían de espaldas resultaba difícil entender el texto. Por fortuna este problema se corrigió pronto y entonces pudimos comprender todo el enjundioso discurso sobre la privacidad en las redes sociales, el tráfico de datos y el selvático mercadeo de las grandes compañías en una trama que incluye varias pistolas, muchos disparos, familiares improbables, habitaciones de hotel con muebles de diseño y un par de puros que pusieron una guinda a todo el ambiente.

Mención aparte merece su escenografía, diseñada por Ángel Haro y basada en una enorme pantalla con imágenes que hacen las veces de un personaje más en la acción, al principio con cámaras de seguridad, después con ordenadores, luego con un cuadro de Pollock y al final con un 'streaming' que proyectaba el patio de butacas del teatro con el público iluminando la escena con sus móviles. 'Faraday' es en general una obra fabricada con buen gusto, con un aroma a filme americano tan marcado que aquí los personajes tienen nombres como Alice Holden, Matt Gunthel o Matthew Preston. Aunque sea una historia que ya nos han contado otras veces y con tantas otras cosas por pulir, la puesta en escena y las pinceladas de acción hacen que los 100 minutos no se alarguen al infinito.

 

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