B&B

B&B
Sr. García .

Hasta hoy no se ha encendido ni un segundo la televisión en el cuarto de invitados

JOSÉ ANTONIO GARRIGA VELA y SR. GARCÍA .Ilustración

Hace algo más de cinco años montamos un ‘Bed and Breakfast’ en casa. No me atraen los anglicismos, pero en esta ocasión hice una salvedad. Tampoco me gusta decir ‘Cama y desayuno’. Además soy más partidario de las cenas, las sobremesas hasta altas horas de la madrugada, las copas, todo lo que jamás recomendarían en una consulta de endocrinología y nutrición. El caso es que destinamos una habitación para alojar a los amigos que vivían fuera y desde entonces no cesan de llegar visitas, incluso los que residen en Málaga se quedan a pasar la noche y al despertar les preparo el zumo de naranja, el café y las tostadas. Cada vez hay que reservar la habitación con más tiempo de adelanto. Llaman por teléfono, consulto las reservas y compruebo si la tenemos disponible. Desde el día de la inauguración, existe un libro de visitas donde los huéspedes escriben unas líneas sobre el trato que han recibido. Hasta la fecha, los comentarios siempre han sido entrañables y elogiosos.

Vivo pendiente de la habitación de invitados. Digo invitados porque la estancia es gratuita y no se aceptan propinas. Cuando se alojan por primera vez, les enseño el manejo del aire acondicionado y recalco que el desayuno se sirve durante las veinticuatro horas del día. De hecho, los huéspedes suelen levantarse tarde aunque se acuesten temprano. Aquí se olvidan del tiempo. Algunos reservan la habitación para trabajar y admiten que les cunde mucho más que en la oficina. Otros llegan a la conclusión que de que este ‘Bed and Breakfast’ es una casa de ejercicios espirituales sin normas ni mandamientos. Un retiro que se echa de menos en la vida cotidiana. La mayoría de los invitados no hacen otra cosa que descansar, mirar el horizonte y no pensar en nada que rompa la calma. No es fácil disfrutar estos servicios de habitaciones ni siquiera en los hoteles de cinco estrellas.

Hasta hoy no se ha encendido ni un segundo la televisión en el cuarto de invitados. Nadie desea toparse con la cruel y detestable realidad. Llegan y desconectan. Mañana, sin falta, bajaré el televisor al trastero. Aquí vienen a pasar unos días apartados del temor y la inquietud. Un paréntesis de paz en medio de tantas desgracias. He de confesar que me siento gratamente recompensado cuando les oigo contar por teléfono a sus familiares y amigos que están pasando unos días en el paraíso. «Un lugar divino», dicen. Desde que inauguramos este singular ‘Bed and Breakfast’ nunca hemos estado solos. La vida privada con mi pareja se reduce al dormitorio, como si los dos fuéramos también huéspedes en nuestro propio hogar.

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