Un barco sin timón

MANUEL ALCÁNTARA

Se busca un puerto seguro, pero no hay ninguno porque todos están «entre las olas, solos y entre las velas desvelados». Intentar seguir el pulso del mundo conduce a la taquicardia, pero únicamente los que se fueron antes no tenían cita con el médico, ya que él también se ausentó. Las pateras nos importan más que la sonda Parker, que partió hace dos días de Cabo Cañaveral. Lo que buscan los gobiernos es un puerto seguro y lo más cercano posible, por si hay que hacer el camino de regreso. Los viejos mapas que veíamos en los álbumes donde los ríos eran como venillas azules se están moviendo porque el 'Aquarius' sigue tensando eso que llamamos «el pulso migratorio». La hospitalidad bien entendida empieza por saber acogernos a nosotros mismos, cosa que no es fácil porque nos conocemos demasiado como para fiarnos de nosotros. El Tribunal Europeo, que busca un juicio que no irrite a todos por igual, no sabe dónde puede dejar a los rescatados para que no necesiten un nuevo rescate. Pedro Sánchez y la canciller alemana saben que ningún amigo es superior a un buen cómplice y desean corregir la situación favoreciendo a todos los desiguales, para que ninguno proteste. ¿Dónde está el sitio más adecuado para seguir salvando a los que ya están a salvo? Lo que los optimistas llaman 'la dieta financiera' parece que está dando buenos resultados, pero no hay que fiarse de las básculas hasta que no salga el letrero que nos recomienda 'pesarse de uno en uno'. El asunto de los rescatados se compara con el del Mausoleo del Valle de los Caídos. No hemos aprendido a vivir sin nombrarnos cada día a nuestros muertos. España y nosotros somos así, señora Merkel.

(Artículo de Manuel Alcántara publicado en SUR el 14 de agosto de 2018)