Un baile por la memoria perdida de María Teresa León

Luz Arcas coreografía la obra, su primera colaboración con el CDN. /Ñito Salas
Luz Arcas coreografía la obra, su primera colaboración con el CDN. / Ñito Salas

El pensamiento de la activista y escritora se hace cuerpo y danza con una potente coreografía de la malagueña Luz Arcas que emociona en el Teatro Cervantes

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

El patio de butacas del Teatro Cervantes recibía al espectador envuelto en neblina, una metáfora de la bruma que se extendió sobre su figura hasta desdibujarla casi por completo en el paisaje político y literario de una España que olvida fácilmente. Pero ayer La Phármaco y el Centro Dramático Nacional (CDN) la recordaron. El pensamiento de María Teresa León se hizo cuerpo y baile con una potente coreografía de la malagueña Luz Arcas que, como reza el título de la obra, emocionó.

'Una gran emoción política' hace justicia a una escritora, gestora cultural, directora teatral, feminista y comunista que se implicó activamente en la defensa de una España justa y libre, que luchó por los derechos sociales y que dio voz a la mujer obrera, la gran invisible de todas las contiendas. La derrota republicana le hizo tomar el camino del exilio. La democracia la devolvió a su país cuando ya -aquejada del mal de Alzhéimer- ni se acordaba de quién era ella. Y, además de todo esto, fue la mujer de Rafael Alberti, un matrimonio en el que el talento y la personalidad del enorme poeta acaparaba siempre toda la atención. Por eso no hay ni rastro de él en esta propuesta. Aquí, por una vez, la protagonista es ella.

'Una gran emoción política' no se detiene en los detalles de su vida, lo que a Luz Arcas y Abraham Gragera -responsables de la dirección y la dramaturgia- les interesaba era reflejar sus ideales, sus creencias, sus compromisos. Y lo llevan a la escena con la expresividad del gesto y la fuerza del movimiento del cuerpo. Un solo de Luz Arcas abre el espectáculo, más de 20 minutos de un baile desgarrado que transmite la rebeldía de una joven María Teresa León firme con el puño en alto, su desesperación ante el devenir de los acontecimientos, su frustración al ver rotos sus sueños para España y el marchitar de un cuerpo ya gastado por los años. Ella sola llenaba todo el escenario del Cervantes, sin más escenografía que un montículo de arena negra. Como una cuneta en la que al final de la función acabarán los cuerpos de los perdedores de la guerra.

Nueve intérpretes le toman el relevo en un duro relato de la guerra civil en el que se cuelan los alegatos de María Teresa León en defensa del papel de la mujer en la Historia y su amor (y su dolor) por su país. Juntos construyen imágenes de gran plasticidad, bellas para la vista y trágicas para la razón.

Inspirada en la autobiografía de María Teresa León, 'Memoria de la melancolía', apenas hay texto en la obra, pero sí muchos sonidos: el de los cuerpos golpeando el suelo y el de una banda sonora casi omnipresente interpretada en directo por tres músicos. Unas melodías conmovedoras y aterradoras -con toques de trompeta y golpes de tambor tan de guerra- que contribuían a crear una atmósfera de desasosiego y de pena, pero también de ilusión y de esperanza. En definitiva, de una gran emoción que puso en pie al público del Cervantes.

 

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