Arte con sobresaliente

'Punto de partida' se expone en el Rectorado hasta el 27 de julio. /Salvador Salas
'Punto de partida' se expone en el Rectorado hasta el 27 de julio. / Salvador Salas

El Rectorado reúne los mejores trabajos fin de carrera en una muestra que toma el pulso a la creación emergente

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Han cerrado una etapa para abrir otra: se acaba la etapa académica para emprender una carrera profesional. Y justo en ese tránsito del estudiante al artista se sitúa la exposición del Rectorado. 'Punto de partida' reúne hasta el 27 de julio los mejores trabajos fin de carrera de los alumnos de Bellas Artes, aquellos que fueron calificados con sobresaliente en el curso 2018. Un total de 17 piezas multidisciplinares que toman el pulso a la creación emergente, a lo que se cuece en las aulas de El Ejido y al estado de las cosas en una sociedad consumista, deshumanizada y urbanita. 17 visiones de la realidad ajena y propia que no dejan indiferente al visitante.

Tras una cortina de óleo que oculta un pie desnudo en papel fotográfico, Ana Pavón habla de la intimidad en un contexto en el que la vida se airea en las redes sociales. Es la obra que inaugura el recorrido por las preocupaciones, las vivencias y las obsesiones de los jóvenes creadores. La idea de lo efímero está detrás del trabajo de Paola Gutiérrez, con una obra realizada a golpe de pompas de jabón. Ana Morales viaja a su niñez, a esos años en los que como hija de dos informáticos tenía fácil acceso a un incipiente Internet «con un sentido de comunidad aún no controlado por las grandes empresas». La joven recrea de forma poética su habitación y se introduce ella misma en la pantalla. Alejandro Cantalejo también rebusca en su infancia para firmar con humor el corto 'Human fossil', con dinosaurios que se apropian de un mundo en el que la humanidad se ha extinguido. A su lado, Julio Anaya Cabanding cuelga las fotografías de los trampantojos de cuadros clásicos con los que interviene lugares inhóspitos.

Etiquetas de Ikea cuelgan de la obra de Encarna Cortés, una elaborada pero frágil mesa de comedor con la que censura el consumismo. La denuncia social es evidente en la instalación de María Notario, donde recrea una frontera en la pared y un litoral en el suelo con números que representan los muertos en el Mediterráneo. También está detrás de la propuesta de Salvador García, que plasma la despoblación del mundo rural en el audiovisual de una calle desierta del Valle de los Pedroches que contrapone a imágenes idílicas del campo en películas y videoclips. En un rincón de la sala, una especie de cuna colocada allí por María Ocaña encierra en realidad una fuerte crítica a las granjas de animales para la producción masiva.

Las emociones humanas ante situaciones extremas son el objeto de estudio de la creación de Sonja Llamas, donde la mezcla del orden y el caso genera extrañeza en quien contempla. Emoción es lo que también proyecta Belén Ruiz en su instalación con forma de crisálida perforada por palabras de dolor: fue su forma de canalizar la pena por la muerte de una persona cercana. Los sueños y alucinaciones de los enfermos de Alzhéimer ocupan una pared con las pinturas hiperrealistas de Sandra Narváez.

Fran Carneros juega con la imagen con una técnica singular: dos proyectores de diapositivas lanzan las instantáneas hacia unos espejos, que las reflejan como composiciones aleatorias fragmentadas. El juego del espectador es lo que busca Beatriz Castilla, que apela a un visitante activo que manipule sus piezas. Completan el exposición –comisariada por Rocío Sacristán y Juan Carlos Robles– la intervención del espacio público de Ale Bravo, el predominio de lo material sobre la idea en la creación de Claudia Herrera y el contraste que refleja Marcos Barrientos entre la imagen de la pintura barroca y planteamientos contemporáneos.

Algunas de esas piezas serán adquiridas por la facultad y por el Servicio de Cultura de la UMA. Una iniciativa que cumple doce ediciones y que, como resaltó el decano de la Facultad de Bellas Artes, Salvador Haro, «motiva» a los estudiantes de último curso y sirve de «referencia» para los que empiezan.