Ángel Caballero: «He llegado a pesar más de cien kilos»

El actor malagueño Ángel Caballero. /Moisés Fernández Acosta
El actor malagueño Ángel Caballero. / Moisés Fernández Acosta

Ejemplo de superación y alumno perfecto. El actor malagueño disfruta con el papel complicado, unas vacaciones en su tierra o, simplemente, un buen café

MARINA RIVAS

Se puede alcanzar el éxito sin dejar de ser humilde y sencillo y el actor malagueño Ángel Caballero es un buen ejemplo de ello. A muchos les sonará como Paquirri en la miniserie 'Carmina', a otros como el yonqui en 'Perdóname, Señor' o como el galán de 'Entre olivos', aunque quizá otros empiecen a conocerle cuando le vean en el próximo estreno de Televisión Española y Netflix 'El Continental'. Vive enamorado de Málaga aunque esté afincado en Madrid, donde rueda y donde se ha forjado como actor, he incluso ha tomado algunas clases fallidas de canto y baile. Defensor del no prejuzgar a los demás, se sincera y explica que tuvo sobrepeso en su adolescencia y que desde entonces vive a dieta, eso sí. Una decisión que le cambió la vida.

–¿Café o té?

–Café, siempre.

¿'Titanic' o 'La vida es bella'?

–Uf... 'Titanic'.

–¿Gato o Perro?

–Perro. Yo tengo uno, Buddy.

–¿Brad Pitt o Angelina Jolie?

–Creo que me cae mejor él (ríe).

–¿Beatles o Rolling Stones?

–Beatles, siempre.

–¿Málaga o Madrid?

–Málaga.

Este ha sido uno de sus años más fuertes…

–Sí, he estado entre México y aquí. Allí con el rodaje de 'Entre olivos', para Canal Sur. Al principio iba un poco asustado por cómo estaban las cosas allí, pero al final he vuelto enamorado del país y había mucha gente que nos conocía porque allí se emite.

–¿En Málaga también le paran por la calle?

–Alguna que otra vez, pero tengo la suerte de que se me conoce dentro de la profesión, pero no me acosan por la calle.

Una parada obligatoria cuando vuelve a la ciudad es…

–Un sitio de camperos que hay al lado del Muelle Uno (ríe).

Como amante de la cultura, si fuera alcalde de Málaga por un día, ¿qué haría para mejorar este sector en la ciudad?

–Málaga está genial, es un ejemplo, pero siempre se puede ir a más. Yo metería unos cuantos teatros más, por ejemplo.

He visto que cada vez que trabaja un personaje quiere meterse al cien por cien en el papel…

–Sí, por un personaje he aprendido a montar a caballo como un jinete para 'Entre olivos'; a torear aunque nunca llegara a hacerlo tal cual, para Paquirri, he cambiado los acentos a pesar de que me encanta el de Málaga y ahora he aprendido a boxear, para 'El Continental'.

–¿Qué tal la experiencia en esta nueva serie?

–Yo entro en los últimos capítulos de la temporada. Ha sido maravilloso, porque el personaje no tiene nada que ver conmigo, es un gitano que se mete en peleas callejeras, y también porque he trabajado con Carmina Barrios (madre de Paco y María León). Eso es lo más grande que me ha pasado este año.

–¿Con qué personaje soñaba de pequeño?

–Con ninguno, sólo con ser actor. Me encanta el cine; me recorría todos los cines de Málaga para ver las películas.

–¿Alguna película fetiche?

–Creo que dije que quería ser actor después de ver 'La gata sobre el tejado de zinc'.

Como actor, ¿es de los que repite mucho las tomas o de los que se lleva el guion aprendido?

–Yo soy muy disciplinado, siempre me estudio el texto como el Padre Nuestro. Luego el director decide las tomas que quiere.

–¿En el colegio e instituto también era tan disciplinado?

–No (ríe). En Historia, Lengua… Lo que me gustaba se me daba muy bien. En Ciencias, en cambio, siempre he sido un desastre.

–¿Y cómo fue la decisión de meterse en este mundillo?

–Yo conocía a Pablo Pujol, le pregunté y me recomendó que me fuera a Madrid. Allí estuve en la escuela de Cristina Rota y luego en el laboratorio de William Layton y lo compaginé también con la escuela de Víctor Ullate.

–¿Nociones de baile?

–Quería hacer teatro musical, así que me dieron algunas clases de diferentes estilos de baile y canto. Pero también hay que saber que si Dios no te ha dado las cualidades... (ríe). Yo iba con todas mis buenas intenciones y bailando me defiendo, pero cantar… He hecho pruebas y he visto cambiarle la cara a los productores mientras cantaba (ríe).

En el mundo en que se mueve, ¿la gente guapa lo tiene más fácil?

–Te abre puertas y te las cierra. La belleza es un arma de doble filo. Ahora hay muchos modelos entrando a la interpretación, pero cuando yo empezaba, si eras guapo te limitaban a una serie de personajes y yo quería hacer de todo. No se puede prejuzgar a la gente.

–¿Se cuida mucho para mantenerse o es de los que come y no engorda?

–Qué va. Todo lo contrario. Yo me adapto al físico que requiere cada personaje. Para 'Perdóname Señor' perdí ocho kilos, apenas comí en una semana y luego me tocó machacarme en el gimnasio para estar fuerte para otro personaje. A mí me engorda todo, así que vivo a dieta y con un entrenador personal. Es muy sacrificado.

–¿Nunca se salta la dieta?

–Un día por semana sí, pero con cuidado (ríe). Creo que esto nunca lo he contado así en público, pero yo es que antes estaba gordo, antes de irme a Madrid llegué a pesar más de 100 kilos.

–¿En serio?

–Yo quería ser actor y la gente me decía: «¿Como Danny De Vito?» y yo: «No, como Paul Newman». Así que a los 16 o 17 años decidí cambiar. Yo tengo tendencia a engordar, así que ahora tengo que vivir a dieta.

–¿Cómo le ha cambiado aquello?

–Me ha cambiado mucho, aprendí la importancia de llevar una vida saludable y, por otro lado, veía el interés de la gente que se acercaba a mí y antes no lo hacía. Es triste, pero también me ha enseñado a ver ciertas cosas que hay en este mundo.