EL ADIÓS DE ÉVOLE

Juan Francisco Gutiérrez
JUAN FRANCISCO GUTIÉRREZMálaga

Jordi Évole se despidió ayer de 'Salvados' con un episodio sentimental grabado en Cornellá. La valoración de este reportero ha sido fluctuante en estos once años donde Évole sin duda ha logrado hacer cada domingo el 'Informe semanal' de esta época convulsa. Muchos lo encumbraron quizá de manera exagerada por su valía al abordar la actualidad; otros, tras la broma televisiva con el golpe del 23-F, lo denigraron también sin reparo. Sospecho, en todo caso, que ahora habrá aliviados al saber que Évole no abrirá más esta ventana a la realidad, gracias a la que se ha ganado, además de una productora propia el calificativo de temible, más por su tableta cargada de municiones que por la sorna o inocente cachondeo con los que inició el formato allá por 2008.

Venía Évole de hacer bromas con Buenafuente, follones chistosos sin mucho eco, y se va con la vitola de ser el cabecilla de un programa histórico, de los que marcan agenda, de los que incitan conciencias y marean los 'trending topics', ya fuera con personajes de relumbrón o con ilustres desconocidos. Ha sido aquí donde 'Salvados' marcó la diferencia: al mostrar (¡y dejar hablar!) a gente que nunca salía por la tele, o no por motivos inanes. Enseñaba emoción, denuncia o verdad. Esa, junto a la elegancia visual y a la elección oportuna casi siempre de temazos, a veces surgidos de pequeñas cosas, ha sido la clave del éxito de un espacio que ahora heredará Gonzo.

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Desde hace mucho sin Jesús Quintero, Julia Otero o hasta Pedro Ruiz (por citar solo algunos), no hay programas de entrevistas en la tele, o al menos no donde su eje sea eso, la palabra interesante. Ahora toda charla va empanada, ya sea con la salsa de un 'reality', los avíos de una cocina o el paisaje de una excursión: desnaturalizadas, por tanto, la mayoría de las veces. Solo Risto Mejide lo intentó hacer mejor en 'Chester', con el infortunio de tener que competir con este Évole, que se ha marcado con su pinta de becario cuarentón y sonrisilla maliciosa uno de los formatos de la década: nada menos que la cara 'b' de 'Sálvame'.