La fabulosa construcción del mito

Representación de ‘Miserere. Cuando la noche llegue se cubrirán con ella’. /
Representación de ‘Miserere. Cuando la noche llegue se cubrirán con ella’.

El Cervantes acoge el estreno absoluto de la sobrecogedora versión de Miserere de la compañía malagueña La Pharmaco

TXEMA MARTÍN

Miserere. Cuando la noche llegue se cubrirán con ella es el título del que quizás sea el trabajo más ambicioso creado hasta ahora por La Pharmaco, la compañía que creó en 2009 la coreógrafa y bailarina Luz Arcas (Málaga, 1983), a la que estamos viendo crecer. Después de alcanzar altas cotas de emoción y sentimiento con sus solos y pequeños formatos (que en Málaga han sido acogidos por el Teatro Echegaray, con éxito de crítica y público), Arcas recoge el guante echado por los teatros municipales y nos propone una auténtica ceremonia; un salmo de 60 intensos minutos en los que contemplamos la creación de un mito mediante la reconstrucción bailada del folclore con seis bailarinas, incluida ella misma, y tres músicos en escena. La obra se estrenó anoche en el Teatro Cervantes frente a unos 400 asistentes, es decir, tres cuartas partes del aforo; un pequeño logro para un espectáculo de danza contemporánea para un domingo en nuestra ciudad.

Las raíces más puras

Este Miserere es una auténtica peripecia en la que se aborda la tradición desde la contemporaneidad, situándonos en una zona difusa, atemporal y sin ninguna filiación geográfica. Aquí no hay ni siquiera lenguaje, como si quisieran llevarnos a las raíces más puras de nuestra existencia. La pieza se divide en tres actos, el sacrificio, el temor y la palabra, que nos guían por un ancestral rito de purificación, el pharmakos en la antigua Grecia, el sacrificio que purga a los pueblos que los males que le aquejan. Toda ruptura del malestar culmina con el éxtasis, una celebración popular con la procesión última del cuerpo sacrificado después de un lento peregrinar físico y corporal que se dirige sin remedio hacia la redención.

Es casi una revelación que el final del 34º Festival de Málaga sirva ahora para introducir el Carnaval que se celebrará sobre estas mismas tablas a partir de la semana que viene. De eso también trata esta obra. La violencia, la fe y el jaleo caminan juntos; en todas las piezas que ha llevado a escena La Pharmaco, el lenguaje del cuerpo se lleva a sus extremos; aquí además Arcas y Abraham Gragera, que se ocupa de la dramaturgia y de la codirección, realizan una aportación sobresaliente con el tratamiento musical.

Trío en directo

En directo, gracias a un trío formado por el piano y la composición de Carlos González (que ya hizo aportaciones en el Kaspar Hauser de la compañía), el trombón y la guitarra de Cristian Buades, y la voz de Laura Fernández, emprendemos un colosal viaje mediante un repertorio que mezcla trazos del folclore con la música culta. Empezando por la lectura del Salmo de Miserere de Allegri, escuchamos también piezas fúnebres, Schubert y sobre todo unas reinterpretaciones de esa música bien hundida en sus raíces: la sefardí, alguna jota, quizás un tango y hasta un verdial que fue representado en pleno misticismo.

Las seis bailarinas en escena responden a diferentes edades y formaciones. Bailan, además de Arcas, Ana Catalina Román, discípula del coreógrafo americano William Forsythe; Raquel Sánchez, que proviene de la experimentación; Begoña Quiñones, bailarina clásica, y las prometedoras Elena González-Aurioles y Nadia Vigueras. Su baile no se produce al unísono porque la coreografía presta mucha atención a la cualidad anatómica de los cuerpos que emprenden el baile. De ellas se marca la feminidad y lo atávico; al principio son los brazos. Pronto, las caderas, que se mueven a ritmo de folk en la búsqueda de la fe, o de puro brío. A Luz Arcas también la estamos viendo convertirse en nuestro particular mito de la danza, aunque en un camino que esperamos mucho menos tortuoso.

 

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