El arte empieza en el desguace

Los artistas, bajo la escultura de seis metros de alto que han instalado en el Muelle Uno./
Los artistas, bajo la escultura de seis metros de alto que han instalado en el Muelle Uno.

Dos artistas británicos diseñan una escultura gigante con chatarra y objetos reciclados en el Muelle Uno

REGINA SOTORRÍO

Donde unos ven una tostadora vieja, ellos ven el material perfecto para modelar. Lo que para cualquiera es un manillar de una moto antigua, para ellos es el tentáculo de un pulpo. Chatarra para unos, una potencial obra de arte para ellos. La pareja británica James Kearney y Danielle Lewin hacen del reciclaje una técnica artística transformando todo tipo de metales y materiales desechados en esculturas. Una de ellas decora desde hace más de un mes la esquina del Muelle Uno. Y no la han diseñado en Londres ni en Nueva York. Su taller está en Riogordo.

«La luz, la gente y el ambiente para trabajar son increíbles». Danielle enumera los motivos que les hicieron cambiar la capital británica por el campo malagueño. Su trabajo empieza con pequeños trozos de objetos variopintos rescatados de desguaces, «pero se va haciendo cada vez más y más grande». Por eso la fase final siempre es en el exterior, «e Inglaterra es gris y lluviosa». En una parcela de Riogordo han dado con la fórmula perfecta: espacio suficiente para sus workshops y la tranquilidad de la naturaleza, a una hora de la ciudad. «Es muy inspirador. Y nuestro trabajo es muy ruidoso, aquí tenemos lo mejor de los dos mundos. Es lo que necesitamos», añade.

«Atmósfera agradable»

Dejan atrás el «competitivo» ritmo de vida de Londres, donde «todo el mundo está enfocado en lo que ellos hacen en lugar de ver lo que hacen los demás». Aquí, sin apenas hablar español James lo intenta con un marcado acento british y «rodeado de gente desconocida», han encontrado «una atmósfera agradable para compartir con diferentes artistas». «Es un lugar donde puedes expresarte, la gente ama el arte», valora James, que ahora expone algunos de sus trabajos en el Artsenal del Muelle Uno.

Pero no han roto el cordón umbilical con la capital londinense. Ambos forman parte de la Mutoid Waste Company, un colectivo de artistas considerado uno de los movimientos más influyentes de la contracultura. Cofundado por Joe Rush a principio de los 80 en Londres, se trasladó en los 90 a Italia y hoy se reparte por el mundo. «Porque ahora puedes trabajar desde donde quieras, no hay fronteras», dicen.

El grupo saltó a la fama por sus esculturas gigantes de chatarra y sus grandes murales en edificios abandonados donde se celebraban fiestas underground. Evolucionaría después hacia distintos campos, pero siempre con la filosofía de convertir el desecho en arte. En los últimos años han sido reclamados para eventos como la clausura de los Juegos Paralímpicos de Londres y el Glastonbury Festival, un encuentro de las artes escénicas que revolucionan con sus creaciones. Por ejemplo el Phoenix, un enorme pájaro mecánico colocado en lo alto del escenario para el concierto de los Rolling Stones. Grúas hidráulicas, una canoa y dos baños de bebé daban forma a este animal que bailó al ritmo del Sympathy for the devil antes de incendiar su nido.

Por la mañana el Phoenix era un pájaro reluciente e inerte, pero por la noche «cobraba vida». «Y es lo que me encanta de este trabajo, que puedes verlo de formas completamente diferentes según el momento», dice James. «Tiene que ver con los materiales que usamos, la manera en que la luz los golpea por el día. Por la noche es otro look, lo sientes más vivo», explica Danielle. Sucede también en Málaga. Entre el Palmeral y el Muelle Uno, se levanta un pulpo gigante con patas de acero que relucen con el sol. Cuentan que está inspirado en el Mediterráneo, con elementos que representan a la gente del mar: un ancla, pesos de barcos, cuerdas... Inicialmente, tres bicicletas simulaban el movimiento del puerto y con el pedaleo generaban electricidad para iluminar la escultura, pero hace pocos días fueron retiradas por el mal uso que algunos viandantes hacían de ellas. Ahora hay una luz nocturna fija.

Objetos

Manillares de motocicletas, el embrague de un coche, aspas de un cortacésped o incluso moldes de dentadura son otras de las sorpresas que descubre el visitante al observar la obra. Desde fuera o desde el mismo corazón de la escultura, con tres asientos instalados bajo el pulpo. «A primera vista te sorprende porque es algo que no habías visto antes. Pero cuanto más tiempo pasas con él, empiezas a descubrir nuevos detalles», indica Danielle. Como un juego.

También lo es el proceso mismo de la búsqueda de los materiales. Para James resulta incluso «terapéutico». Es un experto en rescatar toda clase de objetos de desguaces para transformarlos en algo totalmente diferente, es capaz de ver «la belleza» y el potencial de lo que otros lanzan a la basura. «Y cuando la gente ve piezas de su día a día en una escultura, una tostadora o las partes de un coche, cambia su percepción y la manera en la que miran las cosas de su alrededor. Les abre la mente», reflexiona. Para Danielle es un proceso de creación «muy orgánico». Objetos y metales «duros» y fríos que nadie quiere, «y que no son muy buenos para el medio ambiente», vuelven a ser útiles como parte de algo más grande que busca impactar al espectador.

Les gusta observar las reacciones de la gente. Y si ven una sonrisa saben que han acertado. Para el adulto «es como volver a la infancia y descubrir otras formas en cosas normales, como cuando eras niño y veías un cara en el frente de un tractor», dice Danielle. Y a los pequeños les fascina y divierte. «Creo que si a un niño le gusta mi trabajo, algo estaré haciendo bien», concluye James. Ya han dejado su impronta en el Muelle Uno, pero esto no ha hecho más que empezar. «El Soho es un lugar fantástico para el arte urbano», dejan caer.

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