El consumismo precipita la extinción de especies en todo el planeta

Un bosque arrasado para poner en marcha un cultivo de aceite de palma en Kalimantan (isla de Borneo, Indonesia). :: afp/
Un bosque arrasado para poner en marcha un cultivo de aceite de palma en Kalimantan (isla de Borneo, Indonesia). :: afp

Un estudio vincula el comercio internacional de productos como el café o el tofu al fin de la biodiversidad global

DANIEL CABORNERO MADRID.

El consumismo del mal llamado primer mundo, incluyendo ahí su explotación de los recursos naturales, ha tenido tal repercusión en el último siglo que poquísimos analistas han logrado descifrar aún su alcance. Pero resulta evidente que el ritmo al que aumentan las exportaciones representa un gran impacto sobre la biodiversidad aunque ésta se halle a miles de kilómetros del cliente de una tienda. Lo corrobora un estudio, publicado ayer en la revista Nature Ecology & Evolution, que revela a los consumidores de Estados Unidos, China, Japón y la Unión Europea (UE) cómo los productos exportados amenazan tanto a especies vegetales como animales. Así, un mapa planetario ha detallado cómo el circuito de exportaciones hace peligrar flora y fauna de sendos países de origen.

Otro informe previo ya había establecido que el 30% de la biodiversidad estaba bajo amenaza por el comercio internacional. Pero el nuevo estudio, centrado en 6.803 especies marinas y terrestres vulnerables, señala los «puntos calientes» que más arriesgan hacia su entorno. «Hemos identificado lugares amenazados en un pequeño número de países. Este mapa debería facilitar que se iniciara una colaboración directa entre productores y consumidores», afirma uno de los autores del estudio, Keiichiro Kanemoto, profesor en la Universidad de Shinshu (Nagano, Japón). Kanemoto ha liderado el proyecto junto a Daniel Morán, asistente doctoral en la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología.

El consumo de los estadounidenses de determinados productos amenaza a especies en la costa este y oeste del sur de México, en América Central, el sur de Europa, el Sahel, el sureste de Asia o Canadá. Para obtener café o tofu, por ejemplo, se han arrasado bosques en Mato Grosso (Brasil) o Sumatra (Indonesia), agravando la situación de las especies ya en peligro de extinción.

Los productos manufacturados, desde los iPhones hasta los muebles de Ikea, también contribuyen al declive de la vida salvaje, según este estudio. Otro dato: alrededor del 2% de la amenaza que pesa sobre la rana arlequín en Brasil puede ser atribuida directamente a la explotación forestal relacionada con la producción de bienes destinados a Estados Unidos.

En el sur de Brasil, la deforestación para los pastos destinados al vacuno pone en peligro al mono araña, una especie también amenazada en América Central por la producción de café. Actualmente, el 90% de los más de 6.000 millones de dólares movilizados cada año para la conservación de las especies es invertido en las naciones ricas, donde precisamente se recauda ese dinero.

Lince ibérico

El informe también dedica un espacio al sur de Europa: la producción de aceite de oliva español que se exporta a Estados Unidos tiene un efecto directo sobre el lince ibérico, debido a la construcción de presas para controlar la irrigación. A este felino, declarado en 1986 como especie en peligro por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), le atañe la menguante población en su hábitat de conejos, ya que es su principal caza natural y propicia que recorra enormes territorios a fin de buscar sustento para sobrevivir.

Localizar las áreas en las que la vida silvestre se ve más amenazada es crucial para una efectiva gestión de conservación, debido a que análisis previos no habían considerado la cadena de suministro y el vínculo que hay entre la demanda de recursos con el consumo final de productos. «Una vez que se conozca el impacto ambiental de una cadena de suministro, mucha gente a lo largo de esa cadena podrá actuar, no sólo los productores», insiste Morán.

Para los expertos es urgente hallar soluciones ante la pérdida de biodiversidad, ya que la Tierra ha entrado en un momento de «extinción masiva», en el que animales y plantas están desapareciendo mil veces más rápido que hace algunos siglos. En los últimos 500.000 años solo ha habido seis fenómenos como este y algunos de ellos acabaron con 95% de todas las formas de vida.

 

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