Picasso se baila por malagueñas

David Martín, en la plaza de la Merced. /
David Martín, en la plaza de la Merced.

El bailaor David Martín convierte en palos flamencos los cuadros del genial pintor en ‘Mi sentir en Pablo’

REGINA SOTORRÍO

David Martín ve en La bebedora de absenta algo más que a una mujer solitaria con una copa sobre la mesa. Se la imagina en estado de embriaguez, «y en su borrachera su reconcome son las castañuelas». Por eso cobra vida rodeada de ellas y de su sonido en una zambra. El retrato de La belle Fernande le transmite femineidad, sensualidad: con unas malagueñas cantadas por Enrique Morente, la modelo mueve su bata de cola y su cuerpo desnudo de cintura para arriba, cubierto solo de pintura negra.

El bailarín malagueño coreografía lo que Picasso pinta en Mi sentir en Pablo, un espectáculo que camina entre el flamenco puro y el más transgresor y que se estrenará el 26 de octubre en el Teatro Cervantes. Hoy lunes lo presentará en una tertulia organizada por el poeta José Infante en el Museo Revello de Toro (20.00 horas).

Bailaor durante diez años de la compañía de Sara Baras, con quien el sábado se subió al escenario de La Malagueta, David Martín da un paso al frente para mostrar su propio lenguaje «sin etiquetas». El proyecto le rondaba la cabeza desde hace tiempo, pero un grave accidente de coche sufrido hace un par de años le hizo reflexionar. «Estuve a punto de irme y no decir nada», asegura. Entonces se atrevió a hablar con la jefa para exponerle sus planes («Me ha apoyado siempre»), a buscar el equipo adecuado y a ponerlo en marcha. «Tenía miedo e inseguridades, pero me he liberado de esa mochila. Sé que no tengo que tener la razón, que no tiene que gustar a todo el mundo, pero voy a decir lo que yo pienso», sentencia.

Un cuadro, cinco minutos

El resultado es un espectáculo de casi dos horas donde cada cinco minutos de media se baila un cuadro nuevo. En un escenario transformado en un cubo blanco se empiezan a componer las imágenes a base de pasos flamencos, sonidos y colores. No estarán los cuadros en escena (habría que abonar en ese caso derechos de autor), pero «quien conoce a Picasso los identifica». Cada bailaora de Las señoritas de Avignon, por ejemplo, viste con un tono del mítico cuadro, simulando con sus movimientos las pinceladas del artista al ritmo de unos tientos griegos de Enrique Morente. Busca, como hacía Picasso, «la difícil sencillez». «Al imaginar yo también tiene que imaginar el público. Será interesante saber al final hasta dónde he podido llegar a darle vida a lo que realmente pintó».

Para acercarse al máximo, la danza y la estética se adaptan a la época de cada obra de arte y a su contenido. De las telas pobres de La bebedora de absenta, un ambiente sobrio y un baile contemporáneo se pasará a la esencia del flamenco con arlequines zapateando por tangos del Piyayo. De fondo sonarán cinco temas del disco Pablo de Málaga de Enrique Morente «el Picasso del cante», apostilla y otros tantos compuestos por el director musical Carlos Haro, Juan Manuel Lucas y Miguel Rosendo.

En Mi sentir en Pablo, Martín se ha tomado «la libertad de investigar», de tirarse al suelo «como no hacía desde la época del conservatorio» y de transgredir normas. ¿Quién dice que un hombre no puede bailar con mantón? Él lo hace en El muchacho de la pipa para recrear las flores frente a las que posa el joven. «Siempre me ha encantado, pero a los hombres nos dan la capa. En el flamenco son muy estrictos, pero puedes hacer un baile masculino usando el mantón», argumenta. Su Guernica es otra transgresión: si Picasso lo pintó como protesta a todas las guerras, él lo toma como bandera contra las corridas de toros. «Lo respeto, pero la muerte no es arte», afirma. Por eso mancha de pintura un traje de luces para bailar el cuadro más icónico del genio malagueño. Y de pintura, con la técnica del body paint, cubre también los pechos de la bella Fernande que conquistó a Picasso. No hay ni volantes ni lunares.

El espectáculo pasará por todas las etapas del artista: la azul (Evocación. El entierro de Casagemas, La bebedora de absenta, La vida, La Celestina), la rosa (El muchacho de la pipa, La belle Fernande) y la cubista (Las señoritas de Avignon, Guernica, Los tres músicos). Para ello David Martín se rodea de tres bailaoras, la malagueña Elena Rodero y sus compañeras en la compañía de Sara Baras, Charo Pedraja y María Jesús Rodero; un cuadro que completa el actor Jorge Lucas. El poeta granadino Juan de Loxa firma los textos.

Mi sentir en Pablo echará a andar el 26 de octubre en el Cervantes. Después le esperan en Sevilla, Madrid y Tánger. «Pero tú no lo vas a notar», cuenta que le dijo a Sara Baras cuando se embarcó en el proyecto. Se rige por su calendario, consciente de lo que supone acompañar a una de las pocas bailaoras que llena teatros tanto fuera como dentro de España. «Como bailarín ya me puedo ir tranquilo. Con ella he pisado escenarios que algunos no pisarán nunca, y varias veces», cuenta David Martín, que empezó con apenas 8 años zapateando en tablaos de hoteles de la Costa. En este salto al vacío admite que más de una vez ha estado a punto de tirar la toalla. «También Sara me dijo que todos esos miedos los sintió ella y los sigue sintiendo». Eso es el escenario.