El Museo del Vidrio celebra su séptimo aniversario con la ampliación de su sede

Las artes decorativas protagonizan el discurso del Museo del Vidrio de Málaga./
Las artes decorativas protagonizan el discurso del Museo del Vidrio de Málaga.

El promotor privado del equipamiento cultural adquiere una parcela anexa al inmueble con la intención de exponer grandes vidrieras en los nuevos espacios

ANTONIO JAVIER LÓPEZ

La cita viene a cuento de un aniversario y, en estas ocasiones, el manual recomienda empezar pidiendo un balance. Entonces, Gonzalo Fernández-Prieto sonríe, pierde un instante la mirada y confiesa: «Estoy enamorado hasta los tuétanos y cuando estás enamorado, eres feliz». Y acota: «Estoy enamorado de esta casa, de este barrio, de este museo... Porque la razón de ser de este museo es este barrio».

Gonzalo Fernández-Prieto habla desde la antigua zona destinada al servicio del inmueble del siglo XVIII que primero compró y después mandó restaurar para instalar allí su colección y cuajar el Museo del Vidrio y Cristal de Málaga, que hoy cumple siete años con ganas de seguir creciendo. No en vano, Fernández-Prieto anuncia la adquisición de la parcela anexa a ampliar las instalaciones del museo y dedicar las nuevas dependencias a la exhibición de grandes vidrieras que por motivos de espacio no pueden contemplarse en equipamiento cultural situado frente a la iglesia de San Felipe Neri.

Las claves

Piezas. 3.000 piezas forman la colección reunida en el Museo del Vidrio y Cristal. Su director, Gonzalo Fernández-Prieto, explica que los fondos de mobiliario y pintura proceden de su familia, a los que él ha unido las piezas de vidrio y cristal.
Superficie. 1.200 metros cuadrados ocupa el Museo del Vidrio en un inmueble restaurado del siglo XVIII. A sus instalaciones sumará los 200 metros cuadrados de la parcela anexa que acaba de adquirir el promotor del equipamiento cultural.
Una colección creciente. Los fondos del Museo del Vidrio han ido creciendo desde la inauguración del centro en 2009. Un Alabastrón del siglo VI a. C. ha sido la última incorporación al discurso del centro, que en este tiempo también ha sumado las vidrieras San José y la Inmaculada Concepción de la casa Maumejean, que han sido restauradas por el maestro artesano Alberto Cascón. Un cuadro del pintor egipcio Mahmoud Abdel Mawgood y varias piezas de cristal del siglo XVIII realizadas en diversas factorías europeas entre los años 1740 y 1760 también se han sumado al catálogo del museo.
Visitas. 1.800 visitas al mes recibe, de media, el Museo del Vidrio, según las estadísticas de la institución cultural. El museo participa en actividades como la Noche en Blanco o Alterna La Movida, esta última sobre ocio juvenil.

«Primero vamos a ver qué se encuentra y después... ya veremos», vaticina el director del Museo del Vidrio sobre los estudios arqueológicos previstos en la parcela, ya que en solares contiguos se han encontrados hornos de la Funtanalla, el barrio alfarero que ocupó el entorno urbano donde hoy se erige el museo de iniciativa privada.

Proyectos de futuro para el antiguo barrio de alfareros

El Museo del Vidrio y Cristal cumple hoy siete años con una exposición que ilustra y resume una de sus principales vocaciones: la reivindicación de la Funtanalla, el antiguo barrio de alfareros que se extendía desde las inmediaciones de San Felipe Neri. Así, el museo acogerá hasta el 3 de junio una selección de trabajos de fin de carrera de alumnos de la Escuela de Arquitectura de Málaga con actuaciones para la regeneración de ese entorno urbano.

Con la incorporación de esa parcela, el equipamiento sumará 200 metros cuadrados a los 1.200 metros que ya ofrece el museo. «Un museo de barrio», reitera su director, que se muestra orgulloso de la labor emprendida a lo largo de estos siete años para dar a conocer el pasado industrial de esta zona de la ciudad, ahora en busca de aquel esplendor perdido.

«Este museo tiene que servir para crear industria, si no, habrá fracasado. Un artesano puede dar trabajo a diez, quince personas. Y esta ciudad, que tan bien lo está haciendo en cuanto al turismo, debe trabajar lo industrial, que forma parte de sus raíces. Málaga tiene que construir desde sus raíces, no en el aire, como a veces pasa», argumenta el director, que prefiere no detallar presupuestos ni inversiones.

«Supe que había llegado»

Fernández-Prieto recuerda que ningún lazo le unía con la ciudad antes del alumbramiento del museo. «Vivía en Londres y viajaba con frecuencia a España buscando un lugar para la colección. Viajé por todo el país y cuando llegué a esta ciudad, a este barrio y a esta casa, supe que había llegado», rememora el artífice de una propuesta que combina las piezas de vidrio y cristal con mobiliario y pinturas.

«Con esos elementos podemos ver el vidrio en su contexto. Este museo es, ante todo, una lección de historia. Y con el mobiliario y las pinturas podemos saber quién era el propietario del vidrio, para qué lo usaba...», detalla Fernández-Prieto, historiador y profesor «frustrado». Y sin embargo, una visita al museo de la mano de sus explicaciones desmonta esa desazón.

 

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