El ministro atiende la sugerencia de Dani Rovira

Manuel Ramos y Josefa Rodríguez, con Jorge Hernández Mollar e Íñigo Méndez de Vigo /
Manuel Ramos y Josefa Rodríguez, con Jorge Hernández Mollar e Íñigo Méndez de Vigo

Íñigo Méndez de Vigo almuerza en el barrio de la Luz las albóndigas del bar Hermanos Rodríguez que le recomendó el actor en la gala de los Goya

A. J. LÓPEZ MÁLAGA.

Cuando llamaron por teléfono el día anterior, Manuel Ramos Rodríguez pensaba que era una broma. Pero no. Era la secretaria del ministro para reservar una mesa el día siguiente a la hora del almuerzo. Manuel avisó a sus hermanas Ana y Paqui para que entrase un poco antes de su habitual. Y cuando estaban a punto de dar las tres, un Citroën negro paraba en la calle Haydn del barrio de La Luz, donde un aparcamiento es un tesoro, y de él se bajaba Íñigo Méndez de Vigo, titular en funciones de la cartera de Educación, Cultura y Deporte.

El ministro venía de entregar las llaves del palacio de la Aduana a la consejera de Cultura, Rosa Aguilar, entraba por la puerta del bar Hermanos Rodríguez y se sentaba al fondo del salón, junto a su amigo, el exsubdelegado del Gobierno en Málaga, Jorge Hernández Mollar y un par de miembros del equipo ministerial. Méndez de Vigo iba a dar cuenta de la recomendación que el actor malagueño Dani Rovira le hizo en la pasada ceremonia de los Premios Goya, cuando le ponderó las albóndigas de Josefa Rodríguez González, cocinera de Hermanos Rodríguez y madre de Manuel, Paqui y Ana, la tercera generación al otro lado de la barra del local abierto en 1972 y donde Rovira sigue siendo un asiduo.

«El ministro ha demostrado que es un hombre de palabra», defendía Manuel, que comparte con sus hermanas la herencia de una simpatía natural y contagiosa. Antes de sentarse a la mesa, Méndez de Vigo bromeaba en la barra con los hermanos Ramos Rodríguez, se hacía un 'selfi' con uno de los parroquianos del lugar y anunciaba ante el plato de albóndigas con salsa de almendras: «¡Están diciendo 'cómeme'!». Y se las comió.

Eso sí, de primero el ministro pidió salmorejo (o porra, para los puristas del malagueñismo). Otro compañero de mesa siguió el mismo guión, si bien los dos restantes se decantaron por sopa de marisco y callos. En los segundos ganaron por 3-1 las albóndigas de Josefa, célebres desde la recomendación de Rovira. El otro plato llevaba boquerones abiertos al limón. Y para el postre no hubo tiempo, porque Méndez de Vigo y sus colaboradores debían coger el tren de las cuatro de la tarde de regreso a Madrid.

Mensaje al intérprete

Al menú (8 euros y la bebida, aparte) arrimó Manuel un plato de alcachofas con cebolla y beicon, especialidad de la casa. «Tengo la impresión de que se han ido contentos. He preguntado varias veces y me han dicho 'Todo estaba riquísimo, pero las alcachofas, especulares'», confesaba Manuel, en cuya carta no había ningún cambio respecto a cualquier otro día.

Manuel insistió al ministro para que aceptase la invitación de la casa, pero Méndez de Vigo se mantuvo firme en pagar la cuenta (unos 50 euros). «Así le puedo enviar la cuenta a Dani Rovira para que vea que he estado aquí», argumentó el ministro, que en su cuenta en una red social compartió, con mención al actor malagueño: "Las albóndigas, de cine. Los Rodríguez, de primera. La cuenta, tirada. Sin noticias de Juliette...". Aludía el ministro a la actriz francesa Juliette Binoche, a la que también invitó Rovira en los Goya. Quizá, la próxima vez.