UNA LLAVE Y SIETE MESES

Las palabras de Rosa Aguilar sonaban ayer a las de una gestora comprometida, pero a la vez a discurso autoprotector y preventivo, reacio a poner los últimos hitos en la apertura al público del museo, más allá de los siete meses para completar 2016. Resulta un plazo demasiado largo para la recta final en la que básicamente se trata de dotar de personal al mayor museo de la ciudad. Si como anunciaba la consejera no hay nubarrones presupuestarios, más extraño resulta esa ausencia de un mensaje de confianza de la Junta, ya con la llave de la Aduana en sus manos, de que no habrá nuevas páginas de incumplimientos y retrasos en un proyecto demasiado castigado por ellos. Después de veinte de desván para los tesoros que ayer por fin llenaban las magníficas salas, y de siete años de obras, era obligado un esfuerzo tranquilizador. La oportunidad era perfecta para esa hoja de ruta que permita saber cuándo girará la llave de la puerta. Esperemos que cuanto antes porque es la única pieza del museo que no debe estar más tiempo quieta.