Un paso adelante en el Royal Opera House

Julia Ruiz se prepara para una nueva función de ‘La Traviata’ en el Royal Opera House de Londres. /
Julia Ruiz se prepara para una nueva función de ‘La Traviata’ en el Royal Opera House de Londres.

La bailarina malagueña Julia Ruiz, recién llegada a Londres, debuta en uno de sus grandes escenarios

REGINA SOTORRÍO

Salir al escenario del Royal Opera House de Londres es «increíble», una «pasada». Más de 2.000 personas abarrotan cada noche el patio de butacas y los palcos tras pagar entradas que en muchos casos superan los 200 euros. La bailarina Julia Ruiz Fernández, con apenas 20 años, ya sabe lo que es eso. La malagueña forma parte desde hace dos meses del cuerpo de baile de La Traviata de Verdi, una producción lírica con repertorio internacional que agota las localidades en cada sesión. Y es solo el principio de su carrera en Londres, hasta donde se marchó «a la aventura» en septiembre en busca de las oportunidades que aquí no encontraba. «Ha merecido la pena», asegura la joven.

Hasta marzo, Julia Ruiz será sobre las tablas una ciudadana más del París del siglo XIX que crearon Giuseppe Verdi y el libretista Francesco Maria Piave; pero después lo mismo se moverá a ritmo de hip hop que de baile de salón. Ella lo baila todo y su currículum demuestra que no se le da mal. En los últimos tres años ha ganado hasta catorce títulos en campeonatos nacionales y europeos de danza: se hizo con el primer puesto en el europeo de baile de salón (tres veces), en el español de vals, tango y pasodoble y en el de danza española; quedó segunda en el europeo de salsa y en el de rock and roll y chachachá; y acaba de subirse al podio del campeonato británico de bachata. Pronto representará a Reino Unido en la competición mundial de este género.

Y eso que lo suyo no fue una vocación temprana, no era de las niñas que a los seis años ya querían ponerse tutú y zapatillas de punta. Julia Ruiz dio su primera clase de baile con 13 años en un curso de verano. «Descubrí de repente que era mi pasión. Ya no me puedo imaginar mi vida sin baile, es lo que me hace levantarme cada día», asegura. A esas ganas le dieron forma en la Escuela Superior de Artes Escénicas de Málaga (ESAEM), donde recibió una formación integral en todo tipo de danzas. «Abre mucho el abanico. Quien entrena cinco horas al día solo danza clásica bailará muy bien, pero si le piden hacer contemporáneo no puede», defiende. Por eso ella optó por adquirir técnicas de un lado y de otro. «Quizás no podré entrar en un ballet nacional, pero puedo hacer musicales, obras de teatro, programas de televisión y cualquier espectáculo donde busquen a bailarines versátiles», argumenta.

Después de dar sus primeros pasos en Málaga donde participó en la película de Bollywood Heart Attackt en 2013, entre otros trabajos, se trasladó un año a Madrid. Allí se incorporó al Instituto de Danza de Alicia Alonso y participó en la puesta en escena de una versión contemporánea de El cascanueces. Pero por lo demás, «no había nada y lo que había estaba mal pagado, aquí no se valora bien al artista», lamenta. Solo un dato: como profesora en España puede ganar alrededor de 10 euros la hora; en Londres, donde imparte clases de baile de salón en una escuela, le pagan 40 euros «y es lo mínimo». «Se valora el esfuerzo. Si allí dices que eres un bailarín te tienen como un muerte de hambre o te piden hacer trabajos gratis. Eso aquí no pasa».

Oportunidades

«Tengo que estar aquí porque aquí es donde están las oportunidades», dice al otro lado del teléfono desde la capital del Reino Unido. Solo en Londres hay una treintena de musicales y cada semana se convocan castings para diferentes producciones teatrales, películas o programas de televisión. También hay mucha más competencia. «Pero es mejor porque intentas estar a la altura de los demás y te creces», defiende.

Tiene claro que su vida irá hacia donde le «lleve el destino». No se cierra a nada, cueste lo que cueste. De hecho, nada más instalarse en Londres le ofrecieron participar en el programa Bailamos de Canal Sur presentado por el bailarín Poty. «Durante tres meses he estado cogiendo dos aviones a la semana para estar en Málaga de lunes a viernes y volver a Londres el fin de semana», cuenta. Una «paliza», pero ella es de la teoría de que no hay que dejar pasar ninguna ocasión. «Las cosas pasan así, ya está», dice.

Y cuando no está entrenando, impartiendo clases o recibiéndolas de los grandes de la danza (porque se apunta a todos los cursos que puede para no quedarse «estancada»), Julia Ruiz saca los libros y estudia on line la carrera de Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad Rey Juan Carlos. «Siempre se puede sacar tiempo para todo. El mundo de la danza es muy difícil. Me quiero dedicar solo a esto, pero nunca se sabe», explica.

Para todo lo que lleva para adelante tiene a unos grandes aliados. «Le debo todo a mis padres. Vieron que era mi sueño, que tenía talento y siempre me han apoyado. Durante años han sido mis chóferes llevándome desde Mijas hasta las clases de ESAEM, a todas las competiciones, invirtiendo mucho dinero sin recibir nada, porque solo ganas la satisfacción de bailar», argumenta. Pero ellos sabían que era una inversión de futuro.

 

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