Antequera exhibe ante la evaluadora de la Unesco el valor único de los dólmenes

Margaret Gowen fotografía El Torcal./
Margaret Gowen fotografía El Torcal.

A Margaret Gowen le ha impresionado El Torcal, se ha emocionado con el fenómeno del equinoccio de otoño desde el dolmen de Viera y ha preguntado «mucho de todo»

REGINA SOTORRÍO

Margaret Gowen puso ayer rumbo a Dinamarca tras tres jornadas y media en Antequera con una agenda «de sol a sol». En su cabeza se lleva imágenes impactantes, como el equinoccio de otoño desde el interior del dolmen de Viera o la visita a la Cueva del Toro solo iluminada con linternas. Yen su libreta, una gran cantidad de información histórica, arqueológica y antropológica sobre el lugar. Porque «ha preguntado mucho de todo», confirmaba ayer Bartolomé Ruiz, el director del Conjunto Arqueológico de los Dólmenes de Antequera. Con lo visto y lo vivido, la enviada por la Unesco elaborará ahora un informe decisivo para el reconocimiento como Patrimonio Mundial de la Humanidad del enclave. El trabajo desde Antequera ya está hecho, «y bien». «Sé lo difícil que es, porque llevo once años trabajando en esto, pero tengo muchas esperanzas en los cinco bienes que conforman la candidatura», añade Ruiz

La labor «detectivesca» de la arqueóloga

A Margaret Gowen no se le ha escapado un detalle, su labor ha sido «casi detectivesca». Un ejemplo. La mañana del martes el equipo visitó con linternas la Cueva del Toro en el Torcal de Antequera, habitada ya en el Neolítico. Cuando se encaminaban a la salida, la arqueóloga enviada por la Unesco preguntó:«¿Cuándo se puso la puerta de hierro que cierra la cueva?». «Hace diez días», le respondieron. «Miren aquí», dijo entonces ella mientras señalaba al techo: «Ha entrado gente a violentar la cueva para extraer fósiles». El expolio de fósiles es una de las batallas contra la que luchan los responsables del conjunto arqueológico. La puerta es la quinta que se coloca en ese lugar para evitar la entrada de personas que perjudiquen el enclave. En este caso, se ha apostado por un sistema de seguridad reforzada con el que confían acabar con las intromisiones. Porque no son pocas. De hecho, en las semanas previas a la visita de Gowen se realizó una limpieza profunda de la zona, extrayendo hasta una tonelada de basura.

El objetivo, dice, se ha cumplido: Margaret Gowen ha podido «confirmar, constatar y ver claramente los valores universales excepcionales» del conjunto. Hasta 40 expertos nacionales e internacionales de todas las disciplinas implicadas han acompañado a la arqueóloga «para darle puntual respuesta a cualquier requerimiento que pudiera hacer».

Además de cuestiones técnicas sobre los cinco bienes, tres monumentales (los dólmenes de Menga, Viera y El Romeral) y dos naturales (la Peña de los Enamorados y el Torcal), Margaret Gowen se ha mostrado interesada por la «la zona de amortiguamiento», la que envuelve a esos bienes. En este caso, ese área está conformada por dos conos: uno de ellos con el vértice en Viera y la base detrás de la Peña; y el segundo con vértice en el Romeral y su base en la parte de atrás de El Torcal. «Y todo lo ha visitado y recorrido», detalla.

Antequera ha exhibido ante la evaluadora de la Unesco los dos grandes valores de su propuesta que la convierten en «excepcional y universal». Por un lado, «la monumentalidad de Menga y el Romeral». Por otro, «la orientación atípica terrestre» de dos de los túmulos. Mientras el 99% de los dólmenes estudiados en Europa y África tienen orientación solar, como sucede en Viera, El Romeral y Menga miran hacia otro lado. No es ni mucho menos un error de cálculo. Menga se se desvía hacia la Peña de los Enamorados, por el «impacto» que causaba en las comunidades prehistóricas esa figura antropomórfica que emerge de la tierra y mira al firmamento. El Romeral, en cambio, se dirige hacia El Torcal, «el lugar de los ancestros de estas comunidades» y un paraje «mágico».

Margaret Gowen fue testigo el martes de la singularidad de su paisaje kárstico. «Le ha encantado e impresionado», corrobora Bartolomé Ruiz. Antes de subir a la sierra, había vivido un momento «emocionante y espectacular» al contemplar el fenómeno del equinoccio de otoño desde el interior del dolmen de Viera, a las 8.30 horas. En estos días ha conocido multitud de datos técnicos, pero también ha descubierto curiosidades que le han «sorprendido». Como la historia del pozo de Menga, una construcción hallada de forma inesperada en 2005 y de la que nadie tenía respuestas. Hasta que Ruiz encontró un texto escrito en el siglo XIX por una inglesa enviada a España para publicar un libro de viajes, Lady Louisa Tenison: allí incluía una descripción exhaustiva de un pozo que en el siglo XX se cubrió y cayó en el olvido. Gowen quiso leer el libro original.

Siguientes pasos

Ahora toca esperar. Si el informe que la evaluadora redacte es favorable, lo presentará ante otros cuatro expertos de la Unesco. Con el visto bueno de todos ellos, solo quedará cruzar los dedos en julio, cuando se reúne en Estambul la Convención del Patrimonio Mundial de la Unesco.

Mientras tanto, Antequera seguirá reivindicando su singularidad. Porque la agenda no se acaba con la marcha de Margaret. Anoche se inauguró en el Museo de Arte de la Diputación de Antequera la exposición de fotografías Sitio de los dólmenes de Antequera, 27 piezas a color firmadas por Javier Pérez González que capturan la belleza de los monumentos. A principios de 2016, la muestra llegará a la Sociedad Económica de Amigos del País de Málaga y, antes de julio, se verá en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. La música ancestral de Txalaparta pondrá el sábado el cierre a una semana intensa (20.00 h) en el dolmen de Menga.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos