El miedo se desnuda en el Pompidou

Esculturas humanas, 30 de ellas desnudas y encapuchadas. /
Esculturas humanas, 30 de ellas desnudas y encapuchadas.

Más de 300 personas asisten en el Cubo a la performance de Marc Montijano, la primera realizada en las salas de la filial malagueña

ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Nadie pasa junto a ellos. Tampoco nadie lo impide, pero no pasan. Frente a los grandes lienzos de Picasso, De Kooning y Saura permanecen, algunos de pie, otros sentados, un grupo de espectadores, aunque la mayoría de ellos no ve nada. Llevan la cabeza tapada con un saco, cuerdas en las manos y entre las piernas. Casi todos desnudos, otros vestidos. Los ha ido colocando allí, uno a uno, Marc Montijano. El artista se mueve por las salas del Centro Pompidou Málaga como si tuviera un plano del museo grabado en la cabeza. Cada «escultura humana» debe colocarse frente a una pieza concreta, en una postura determinada. Le asiste un grupo de ayudantes entre los que figuran artistas como David Escalona, Alba Moreno y Eva Grau.

Pero esta es la obra de Montijano. Las dos naturalezas (Metamorfosis XXI), la acción desarrollada durante dos horas justas y vista en la tarde de ayer por más de 300 personas en el Pompidou malagueño, según los datos de la propia filial. María Teresa del Castillo, Pilar Muñoz y Pilar Vivancos estaban entre los espectadores que acudieron a la llamada. «Es la primera vez que venimos al Pompidou», avanza María Teresa, «casi familia» de Montijano, que se atreve con una primera interpretación de lo que está viendo. «No soy especialista, ni mucho menos, pero creo que está hablando del miedo a desnudarnos, no sólo con la ropa, sino también con los sentimientos». Y a su lado, Pilar (Muñoz) apostilla: «Habla sobre nuestras ataduras... creo».

«Había tanta gente que he tenido que modificar el planteamiento inicial, pero mis proyectos siempre son así, se van adaptando en función de cómo se desarrollan», argumentaba Montijano justo después de desarrollar la performance. «El mensaje de la acción es despojarse de todo lo que te embrutece para ir evolucionando», seguía Montijano, autor del primer proyecto de arte en acción desplegado en las salas del Pompidou.

«Yo me vacío con estas cosas», confesaba el artista al terminar una performance que fue creciendo conforme iba avanzando. El propio autor recordaba que el proyecto partió con diez «esculturas humanas» y una hora de duración, si bien el resultado final visto ayer ofreció 40 participantes y dos horas de intervención.

«Nadie toma la connotación sexual del desnudo. Se dan cuenta de que no va por ahí el discurso de la acción. Quizá no saben en qué consiste, pero saben que no tiene nada que ver con lo sexual», esbozaba Montijano, que intenta «huir del Barroco» en sus acciones. Junto al autor, el responsable de Mediación del Pompidou, Jaime Mena, destacaba «la relación que se establece entre los participantes en la performance y las obras de la colección».

«He elegido las piezas que más conectaban con mi gusto artístico», continuaba Montijano, también historiador del arte, al hilo de una acción que encontró su punto culminante en la sala El cuerpo en pedazos, con los participantes en la performance distribuidos alrededor de la instalación Fantasmas de Kader Attia y frente al imponente La muchacha del olmo II (1981) de Baselitz. También intensa esa «escultura humana» desnuda junto a otra vestida, ambas sentadas contemplando el vídeo de Ana Mendieta Marca de sangre (1974).

«La idea es crear un ambiente, un clima», cerraba Montijano. Y el ambiente era ayer entre ritual e inquietante. Extraño y seductor, como la belleza o el miedo.

 

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