Cuando el final del cuento es feliz... y divertido

La muestra puede visitarse hasta el próximo 25 de octubre/
La muestra puede visitarse hasta el próximo 25 de octubre

Juanjo Fuentes le pone sabor a 'Érase una vez' en su antológica en la Sala Moreno Villa

ANA PÉREZ-BRYAN

Su perfil nada tiene que ver con el de artista atormentado que utiliza el arte para exorcizar demonios. Muy al contrario, la obra de Juanjo Fuentes es el reflejo de su pulso vital, a medio camino entre el optimismo y la ironía. Dos compañeros de viaje que se reflejan en su vida cotidiana y que acaban calando en su condición de artista. Por eso resulta cada inevitable esbozar una sonrisa, a veces cercana a la carcajada, cada vez que se contempla su obra. Así ocurre de nuevo en la exposición que hasta el 25 de octubre se exhibe en la Sala Moreno Villa de la capital, una antológica a la que el autor imprime el sello de un cuento con final feliz -como no podía ser de otra manera- bajo el sugerente título 'Érase una vez Juanjo Fuentes'.

Coleccionista, artista y editor, Fuentes reúne en la sala una selección de su trabajo más representativo, un legado que construye en diferentes soportes y en el que reinterpreta algunos iconos de la Historia del Arte a partir de un lenguaje urbano y contemporáneo. De ahí surgen piezas como 'Te quieres callar', 'La burbuja inmobiliaria', 'La Duquesa se ha vuelto a casar', 'El Mercadona', 'Estoy borracha' o 'Made in China', una serie de grabados que parten de escenas clásicas pero retocadas con la fina ironía del artista. También en sus porcelanas intervenidas se aprecia el gusto de Fuentes por darle la vuelta a lo que parece pero que no es, con piezas como 'La monjita o el curita', 'Métete una raya' o '¿A mí la legión?'; o en las figuras en miniatura que se adivinan en sus botes de conserva en escenas de sexo explícito.

Recopilación de ediciones limitadas

La revisión de la obra de Fuentes se completa con una recopilación de sus ediciones limitadas, en las que combina el trabajo de artistas conocidos -caso de Chema Lumbreras- con su aportación personal, una mezcla que termina convirtiendo cada pieza en algo único y que demuestran que arte y sentido del humor no sólo no son incompatibles, sino que son los protagonistas de un cuento que casi siempre tiene final feliz.