Inteligencia artificial al servicio de la odontología

Francisco López Valverde, en el departamento de Lenguaje y Ciencias de la Computación. /Félix Palacios
Francisco López Valverde, en el departamento de Lenguaje y Ciencias de la Computación. / Félix Palacios

La herramienta web IRO proporciona al especialista una escala de seguridad que asesora en el tratamiento a aplicar

VICTORIA BUSTAMANTE

Málaga. Francisco López Valverde es profesor del departamento de Lenguaje y Ciencias de la Computación, el más grande del área de informática en la E.T.S. de Ingeniería Informática de la UMA. Junto a su equipo ha desarrollado una herramienta que asesora a los profesionales de la odontología en el tratamiento, aportándoles un índice de riesgo odontológico, IRO, que mide la peligrosidad del procedimiento médico en una escala de 0 a 9.

Para López esta herramienta facilita la labor al profesional: «Un médico tiene que manejar una gran cantidad de información, tanto que es casi imposible hacerlo de memoria. Esto son informaciones sobre la Agencia Española del Medicamento, la Agencia Europea del Medicamento, artículos científicos de ensayos clínicos, libros de referencia en la especialidad... Hay una serie de conocimientos muy amplios. Una parte de ese conocimiento es más habitual y se maneja con frecuencia, otra no y a veces se falla ahí», explica. Por ello este proyecto facilita el conocimiento, «es como el big data de la medicina», aclara el profesor.

PERFIL

Currículum
Profesor de Sistemas de Información Aplicados al Turismo y Sistemas de Información empresarial.
Líneas de investigación
Inteligencia Computacional y Análisis de Imágenes. La actividad básica del grupo se centra en Neurocomputación (desarrollo de modelos de aprendizaje en redes de neuronas artificiales recurrentes, competitivas y autoorganizadas), aprendizaje computacional y análisis de imágenes.

La herramienta IRO reúne toda esa información, de alrededor de veinte fuentes distintas y aplicando la inteligencia emocional crea el sistema de asesoramiento. El funcionamiento es sencillo, una web, pacientesespeciales.co, donde se introduce la información del paciente, patologías anteriores o fármacos que toma. Esa información se contrasta y la herramienta da indices de riesgo con respecto a diferentes tratamientos que podría aplicarle al paciente.

«Un médico maneja una gran cantidad de información, es casi imposible hacerlo de memoria»

«Esta herramienta es asesoramiento y ni mucho menos podría sustituir al profesional, es un apoyo, solo cambiamos la forma de trabajar, facilitando la labor», aclara López. La novedad de este proyecto es que en medicina la inteligencia artificial se suele aplicar al diagnóstico pero no en el tratamiento y seguridad del paciente. Una idea que parte en conjunto con el profesor y odontólogo Javier Rodríguez, de la Universidad Europea de Madrid. Ambos equipos han trabajado mano a mano durante tres años para desarrollar IRO, donde la parte médica se ha hecho desde Madrid.

El equipo de la UMA ha trabajado con smart data, una cantidad de información menor que el big data, pero que procede de múltiples fuentes y tiene distintas estructuras más complejas. Además las fuentes médicas utilizadas en ocasiones se contradicen, «dos ensayos clínicos pueden tener diferentes resultados y hay que estudiar junto al equipo médico cuál valoramos». Por ello la dificultad ha residido en fabricar el modelo de inteligencia artificial que fuese capaz de resolver todos esos problemas. Ahora están centrados en IRO, pero ven en el futuro la posibilidad de expandir la idea a otras especialidades médicas que también conllevan riesgo como la traumatología.

La inteligencia artificial

La inteligencia artificial ha cambiado, pero no tanto como creemos. En opinión de López en los últimos 20 años ya se aplicaban las teorías de inteligencia artificial. «Hoy día el gran avance es la capacidad de cómputo y chips específicos que implementan neuronas artificiales. La capacidad de hardware que hemos tenido en los últimos años es lo que ha posibilitado que la teoría que ya teníamos se aplique mucho más y de forma masiva y económica», explica.

Ahora en la investigación se encuentra por un lado los fabricantes de hardware, para hacer máquinas más potentes para inteligencia artificial, y por otro la parte de software, de cómo aplicar con esos modelos teóricos existentes y conseguir resolver un problema o hacer una aplicación útil.