«La Facultad de Ciencias se nos quedó pequeña hace ya años»

«La Facultad de Ciencias se nos quedó pequeña hace ya años»
Félix Palacios

El decano, Antonio Flores, reconoce que la posibilidad de crecer es «muy escasa», aunque se están estudiando alternativas para resolver el problema de la falta de espacio

VICTORIA BUSTAMANTE MÁLAGA.

La Facultad de Ciencias de la Universidad de Málaga alberga los grados de Biología, Química, Bioquímica, Matemáticas, Ciencias Ambientales e Ingeniería Química, además de ocho másteres. Es uno de los centros más antiguos del campus de Teatinos. Se trasladó desde los terrenos del Hogar Provincial de la Misericordia hace ya 34 años y se diseñó para las licenciaturas que corresponden a los tres edificios que la forman: Química, Biología y Matemáticas. La cantidad de estudios que ofrece en la actualidad ha obligado a reducir la oferta de plazas en algunos grados y a reformar la distribución del edificio para ganar todo el espacio posible.

«La facultad se nos quedó pequeña hace ya años para la oferta académica que tenemos, la posibilidad de crecer ahora mismo es muy escasa», reconoce el decano del centro, Antonio Flores, que agradece en todo momento la comprensión por parte de la Universidad, que les ha dotado del Aulario Severo Ochoa, laboratorios y les facilita el uso de aulas TIC de otros centro o aularios. Aún así insiste, «nuestra capacidad de crecimiento no da más de sí». Desde el centro han ido compatibilizando este problema con el mantenimiento de la oferta académica, aunque se ha tenido que reducir levemente las plazas de primera matrícula en los grados de Biología y Ciencias Ambientales, los más demandados.

LA FACULTAD EN DATOS

Total alumnos
724
Plazas nuevo ingreso
135
Nota de corte
8,175
Total alumnos
454
Plazas nuevo ingreso
110
Nota de corte
5,00
Total alumnos
303
Plazas nuevo ingreso
75
Nota de corte
5,483
Total alumnos
277
Plazas nuevo ingreso
65
Nota de corte
11,470
Total alumnos
242
Plazas nuevo ingreso
75
Nota de corte
5,00
Total alumnos
323
Plazas nuevo ingreso
75
Nota de corte
10,059

Todo esto ha llevado a la facultad, junto con el equipo de gobierno de la Universidad de Málaga, a tomarse un año de reflexión para estudiar cómo solucionar este problema. Si ello pasa por una gran reforma o por hacer una nueva facultad se conocerá tal vez el próximo curso. Mientras la situación se soluciona, el decanato se siente comprometido con la causa, dispuesto a trabajar por «la seguridad, la habitabilidad y el venir a gusto a trabajar a fin de cuentas, tanto por parte del profesorado como de los alumnos».

Pasillos estrechos

El crecimiento que ha experimentado el centro ha pasado por sacrificar el diseño de espacios que este tenía. Un ejemplo claro de ello son muchos de los pasillos de los despachos de los profesores, por los que apenas cabe una persona. «Esos despachos están ubicados en pasillos a los cuales se les comió bastante espacio, tenemos profesores ubicados en sitios que no son de recibo», aclara Flores. El número de docentes que hay ahora triplica la cifra para la que se diseñó la facultad. Se ha conseguido ubicarlos «a base de tabicar y tabicar, estamos minifundiendo la facultad, se han buscado espacios que seguramente estén en el límite de lo que permita la ley, si no la transgrede».

Todos los alumnos coinciden en que la facultad necesita mejoras, y aunque el futuro del centro pasa por un año de reflexión, algunas de las reformas más necesarias van a comenzar este mismo año, en los periodos vacacionales del curso, para no alterar la marcha académica. Las primeras reformas que se van a acometer y está previsto que estén terminadas para el próximo curso, 2019/2020, son las de los laboratorios, el espacio del que más se queja el alumnado. Una renovación necesaria, ya que las mesas son las mismas que hace 34 años, y en ramas como Química se ven muy afectadas por el paso del tiempo. Además, estos espacios estaban diseñados para grupos de alrededor de 15 personas y hay que optimizar ese espacio para clases de 20 o 25 alumnos. Ello pasa por una redistribución dentro de los laboratorios además de un nuevo mobiliario, así como tendido de nuevas líneas de gas, agua y electricidad y dotación de extintores y elementos de seguridad.

«Estamos en un proceso continuo de adquisición de nuevos ordenadores»

La renovación del instrumental, algo de lo que también se quejan mucho los usuarios del centro, funciona de forma independiente a estas reformas, y se da cada cierto número de años. Esto mismo ocurre con el material tecnológico: «Estamos en un proceso continuo de adquisición de nuevos ordenadores». Tanto es así que actualmente se está a la espera de concurso para hacerse con 50 ordenadores que irán destinados a dos aulas TIC que se han reconvertido en el Aulario Severo Ochoa y que se quieren tener listas para el segundo semestre de este curso, aunque Flores no las tiene todas consigo.

Los cambios que planea el equipo de gobierno no terminan ahí, pretenden planificar nuevas rutas de evacuación para cumplir la normativa de seguridad: «Cumplimos todo lo que podemos, pero es claramente mejorable y tomamos cartas en el asunto, estamos reuniéndonos con el servicio de prevención de riesgos laborales», aclara Flores. Todo ello con el objetivo de identificar los puntos débiles y planificar el primer simulacro de evacuación desde que existe la facultad. El centro se justifica explicando que ponerlo en marcha antes era «tremendamente problemático». Por ello no quieren retrasarlo más ahora que ya cuentan con alarmas sonoras y escaleras de incendio: «Teníamos lo mínimo que nos obligaba la ley, pero en un centro de este tipo hay que ir mucho más allá de lo que obliga la ley, y en eso estamos».

Las remodelaciones van más allá y pasarán por la reforma de todos los baños de alumnos que, con presupuestos ya aprobados, irán haciéndose poco a poco desde las plantas bajas, empezando este mismo curso. Esto entra dentro de un plan de reestructuración de la facultad en el que también se ha dotado a los estudiantes de una sala con doble aprovechamiento, comedor y sala de estudios, ambos espacios de los que carecía. Para la primera función se solía recurrir al Aulario Severo Ochoa. Ahora, cuando el alumnado se queja de la falta de espacio de las nuevas instalaciones, el decano de la facultad recuerda que «el aulario no es un comedor y hasta el año pasado tenían que comer en otros espacios o al aire libre; ¿que se queda pequeño el comedor que hay? Me temo que sí», admite. Aún con todos los problemas de capacidad del centro, intentan aprovechar al máximo el espacio y se abre a las sugerencias de los alumnos.

Aún con todos estos problemas, Flores confiesa que es un centro «tremendamente grato de gestionar». Se muestra muy orgulloso con el compromiso que ve en los estudiantes de Ciencias, admitiendo que son carreras «con una carga de vocación muy grande», lo cual, dice, se nota en alumnos y profesores, añadiendo que siente «orgullo al ver el éxito de mis compañeros». Por último, destaca lo fácil que es gestionar el centro con un personal de administración y servicios (PAS) como el que tiene la Facultad de Ciencias: «El PAS que tenemos es excelente, esta facultad sale adelante por el personal que tenemos», concluye.

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