Torremolinos recuperará en su callejero el Pasaje Begoña, referente LGTBI

El alcalde, junto a diputados y representantes de asociaciones de Torremolinos, en el Congreso. /SUR. Archivo
El alcalde, junto a diputados y representantes de asociaciones de Torremolinos, en el Congreso. / SUR. Archivo

Los grupos políticos apoyan una propuesta para que el enclave, hasta ahora llamado Gil Vicente, recobre su nombre: «Es nuestro Stonewall»

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Torremolinos mantiene su empeño por rescatar la historia del Pasaje Begoña. La comisión municipal encargada del callejero dio ayer el primer paso para que este enclave recupere su nombre. La propuesta, presentada por la asociación homónima, fue respaldada por todos los grupos políticos y los dos concejales no adscritos. Ahora corresponde al pleno del Ayuntamiento la aprobación definitiva de esta modificación, que previsiblemente no encontrará obstáculos, atendiendo a la unanimidad alcanzada en el procedimiento previo. La Asociación Pasaje Begoña alega que «es de justicia recuperar la denominación que tenía este lugar en la década de los sesenta y que lo hizo mundialmente famoso, sobre todo entre el colectivo LGTBI».

El alcalde, José Ortiz, ya promovió junto a varios diputados malagueños la presentación en el Congreso de los Diputados de una Proposición No de Ley (PNL) para recuperar e impulsar el Pasaje Begoña «como lugar de memoria histórica y cuna de los derechos de las personas LGTBI». Ortiz explica que este enclave, que actualmente recibe el nombre de Gil Vicente, «es nuestro Stonewall y tiene detrás muchos relatos que están en nuestra ciudad y que tenemos que poner en valor, porque es una reivindicación de los que fuimos y de los que seguimos siendo». La PNL instaba al Gobierno central a poner en marcha acciones de promoción cultural que contribuyan a recuperar «la memoria democrática del Pasaje Begoña» y de la redada del 24 de junio de 1971, cuando personas de varias nacionalidades fueron retenidas y varios locales, clausurados.

Aunque está vinculado al movimiento LGTBI, en el pasaje había tablaos flamencos, clubes de alterne, salas de jazz, discotecas de todo tipo y restaurantes familiares. En el verano de 1971, la Policía irrumpió en los locales de la zona para cerrarlos o multarlos alegando supuestas infracciones contra la moralidad pública y las buenas costumbres. Algunas informaciones de la época sostienen que fueron detenidas 139 personas. Otras crónicas elevan la cifra por encima de las 400, sobre todo turistas.

Escándalo

Los más afortunados salieron del calabazo a las pocas horas con una multa de 3.000 pesetas. Los turistas fueron devueltos a sus países, un escándalo que saltó a la prensa internacional. Y en su edición del 25 de junio, SUR publicó en su página dos: «Por el gobernador civil de la provincia (Víctor Arroyo) ha sido decretada la clausura de la sala de fiestas Caramela y de los bares nocturnos Evans y Noe, todos ellos locales públicos de la barriada de Torremolinos. La decisión del Gobierno está motivada por las reiteradas infracciones a la normativa en vigor referente a la moralidad pública y las buenas costumbres».

Aquellas redadas fueron un zarpazo al tejido económico de Torremolinos, que nunca recuperó el esplendor de los años sesenta, pero también supuso un atentado contra la libertad y la diversidad sexuales. Ahora el Ayuntamiento quiere cerrar esa herida. La asociación, además del cambio de nombre, también reclama fondos para restaurar el edificio Begoña y crear un archivo histórico y un centro de interpretación sobre este popular enclave torremolinense.

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