Torremolinos abre la puerta a un posible uso cultural del edificio de plaza Picasso

El edificio ya ha tenido un coste, sin retorno, de más de siete millones para las arcas públicas. /SUR
El edificio ya ha tenido un coste, sin retorno, de más de siete millones para las arcas públicas. / SUR

El inminente cambio de gobierno en la Junta frena los intentos del PSOE por convertir el inmueble, inconcluso y vacío desde hace años, en sede judicial

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

El futuro del edificio de la plaza Picasso, en Torremolinos, continúa siendo una incógnita. Aunque el Ayuntamiento había apostado todas sus fichas a la reconversión del inmueble como sede judicial, el inminente cambio de gobierno en Andalucía fuerza al Ejecutivo local a abrir la puerta a un posible uso cultural. El edificio fue concebido inicialmente como museo, antes de que el proyecto fuese rechazado por los técnicos de la Consejería de Cultura al entender que no reunía fondos ni coherencia suficientes como para ser considerado una pinacoteca. La llegada del PP a la Presidencia de la Junta frena las negociaciones entre el Consistorio y la Consejería de Justicia para que el fallido museo albergue los juzgados de Torremolinos y Benalmádena, repartidos en tres sedes situadas de la avenida Palma de Mallorca y en evidente estado de deterioro desde hace años.

Ante este nuevo escenario, la primera teniente de alcalde y portavoz socialista, Maribel Tocón, reconoció en el último pleno la posibilidad de dotar finalmente al edificio de un uso cultural, como solicitan el PP, Ciudadanos y Costa del Sol Sí Puede, aunque sus propuestas difieran en el tipo de proyecto que desarrollar. Los populares reclaman una mesa de trabajo, herramienta desestimada por Tocón bajo el argumento de que «ya hay demasiadas mesas de trabajo y no tenemos capacidad» para afrontarlas debido al volumen de «análisis de documentos y debates políticos» acumulados esta legislatura. El PSOE, sin embargo, admite que hay «contactos» con la Universidad de Málaga para definir una propuesta cultural que, en cualquier caso, no será museística. El equipo liderado por el alcalde José Ortiz se opone a la apertura del inmueble como museo alegando que los gastos de contratación de personal, climatización, vigilancia, seguros, adquisición de obras y mantenimiento, sumado a la devolución del préstamo que aún sigue pagándose, dispararían el presupuesto, que ya asciende a 7,2 millones de euros.

Hasta que no tenga uso, la historia de este edificio municipal será la crónica de uno de los mayores ejercicios de despilfarro de la Costa del Sol en los últimos años. En anteriores legislaturas, el PP ordenó construir un museo sin los fondos necesarios, según apuntaron los técnicos de la Consejería de Cultura. Desde 2015, el PSOE mantiene vacío y sin uso este inmueble, cuyo coste para las arcas públicas asciende, según el Ayuntamiento, a más de siete millones de euros. Torremolinos no terminará de pagar el edificio hasta 2024. El Consistorio continúa devolviendo el préstamo de cinco millones de euros solicitado al Instituto de Crédito Oficial mediante cuotas anuales de 513.000 euros.

Inversiones

Las cuentas tampoco salen para la reconversión del edificio, de más de 4.000 metros cuadrados, en sede judicial. Su arquitecto sostiene que la adaptación para uso administrativo del inmueble requeriría más de dos millones de euros, una cantidad de la que no dispone el Ayuntamiento, que arrastra una deuda cercana a los 180 millones. El mal estado de las sedes judiciales actuales, que también prestan servicio a Benalmádena, ha provocado que el Colegio de Abogados apoye el traslado al inmueble de la plaza Picasso. Es el único respaldo del PSOE, que ahora, sin el control de la Junta, no podrá materializar sus planes. Comerciantes consultados por este periódico reivindican mejoras en la zona, critican el estado de «dejadez» del entorno del edificio y advierten de la falta de aparcamientos.

Paradójicamente, con este paso atrás, el PSOE se reconcilia con su propio programa electoral, que se comprometía a dar un uso cultural al edificio mediante un cubo de industrias culturales que serviría, según mantenía Ortiz, como «punto de encuentro de artistas y profesionales para crear sinergias de negocio». Con las elecciones municipales en el horizonte, lo más probable es que el edificio municipal siga vacío y sin uso hasta el final de legislatura, como un agujero por el que se continúa perdiendo dinero público sin ningún tipo de retorno para Torremolinos.

 

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