El «regreso al futuro» de Moreno Peralta

Elena Laverón y Moreno Peralta, este jueves, en la plaza./Migue Fernández
Elena Laverón y Moreno Peralta, este jueves, en la plaza. / Migue Fernández

El arquitecto malagueño reconoce que la peatonalización ha sido «un proyecto especial» que llevaba más de veinte años en su cabeza

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZTorremolinos

No era un proyecto cualquiera para Salvador Moreno Peralta. La peatonalización del centro de Torremolinos llevaba años en su cabeza. Más de veinte. En 1994 había redactado el Plan Futures junto con el director del Palacio de Congresos, Luis Callejón, y el economista Vicente Granados. El proyecto tenía como objetivo la regeneración de los municipios turísticos saturados. Partían de la base de que el turismo de masas, del que Torremolinos fue pionero en la España de los años cincuenta y sesenta, pone las ciudades en el mapa, contribuye a su desarrollo y crecimiento, las conduce a una época de esplendor y luego, como una factura demasiado alta que pagar, provoca su hipertrofia y saturación, un escenario que las lleva a perder competitividad hasta languidecer y desaparecer del mercado o, en el mejor de los casos, acabar arrinconadas como destinos baratos. Algunas de aquellas predicciones, más de dos décadas después, se habían cumplido. Para el arquitecto malagueño, el diagnóstico parece claro: Torremolinos corre el riesgo de quedarse atrás si no se ajusta a las nuevas demandas turísticas, un destino injusto para un municipio que, desde la construcción del mítico Hotel Pez Espada en 1959, «siempre ha estado respondiendo a las exigencias» de un sector cambiante.

La localidad malagueña, hasta 1989 barrio de la capital, había funcionado como resquicio aperturista en plena dictadura. Levantó apartamentos de corte y altura americanos cuando las tendencias así lo exigían, como demuestran La Nogalera y Playamar. Fue un referente de la arquitectura del relax, simbolizada en hoteles como Residencia Miami o el propio Pez Espada. Tampoco dejó pasar la moda de los pueblos andaluces y, más tarde, de las viviendas adosadas. Se llenó de discotecas imprescindibles para toda una generación y abanderó el movimiento LGTBI cuando nadie sabía qué significaban aquellas siglas. Tanto se había adaptado a las circunstancias que Torremolinos «quedó varada en su saturación». Ese análisis, explica Moreno Peralta, sigue vigente más de 20 años después, tras una época en la que la ciudad «ha vivido ensimismada, intentando competir en un mundo que ya no era el suyo». Por eso cuando el alcalde, José Ortiz, le propuso hacerse cargo de la regeneración del centro, Moreno Peralta vio una oportunidad de recuperar el espíritu de Torremolinos, de «regresar al futuro».

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La premisa era clara: evitar el cartón piedra y tomar como referencia los momentos más «chispeantes» de una localidad histórica. La peatonalización de la plaza Costa del Sol y parte de la avenida Palma de Mallorca, arterias de Torremolinos, conectadas a su vez con otros enclaves como la calle San Miguel o la plaza de La Nogalera, se convirtió entonces en la primera oportunidad para insuflar oxígeno al municipio. El Ayuntamiento cerró la zona al tráfico de vehículos a finales de 2015 y Moreno Peralta comenzó a trabajar sobre el papel, pero también visitando la plaza casi a diario. Los primeros dibujos, una tarea «intransferible», salieron de su mesa para tomar forma en el ordenador de María Santana, José Carlos Carrasco, Ignacio Martín Marcuartu y Elena Porras, arquitectos de su estudio. «Se han volcado», reconoce Moreno Peralta, que agradece igualmente el trabajo de Fernando Ramírez, José Manuel Díaz, José Jiménez y Adolfo Ramírez, también de su equipo. Ahora andan inmersos en otros proyectos, como la ampliación del Parque Tecnológico de Andalucía (PTA), pero la peatonalización de Torremolinos ocupa ya un lugar destacado en sus carreras: «Ha sido muy especial».