De policía nacional a campeón del mundo de Jiu-jitsu brasileño

Antonio González, policía nacional y campeón del mundo de jiu-jitsu brasileño, en el gimnasio. /F. Torres
Antonio González, policía nacional y campeón del mundo de jiu-jitsu brasileño, en el gimnasio. / F. Torres

Antonio González, agente judicial en Torremolinos, asegura que este arte marcial le ha «cambiado la vida» tras competir por el oro en Las Vegas

FERNANDO TORRES

Todos se alegran al verle. «Eres una inspiración para mí, desde que me he enterado tengo muchas más ganas de entrenar». Sus compañeros de gimnasio le jalean cuando vuelve de los vestuarios tras haberse cambiado y puesto el kimono. La sesión de entrenamiento está a punto de empezar en el tatami del Lilius Barnat, pero antes de que arranque la sesión toca foto de familia con alumnos y maestros. «Desde que volví de Las Vegas mis compañeros no han dejado de felicitarme;los del gimnasio y los de la comisaría».

Antonio González lleva un mes trabajando como policía judicial en Torremolinos, donde reside desde hace diez años. Antes estuvo cumpliendo la misma función en la comisaría central. «Ellos son los que me han aguantado más durante el periodo de entrenamientos, y aun así me han dado la enhorabuena, siempre me han apoyado desde el principio». Hace unos días finalizó el campeonato mundial de Jiu-jitsu brasileño, una disciplina en la que se sumergió hace poco más de tres años y que ya domina gracias a una dedicación casi plena. «Cuando trabajo entreno todos los días;cuando no trabajo... dos veces al día».

Siempre había sido un gran aficionado del deporte, pero ninguno le había atrapado tanto como este arte marcial que ha acabado poniendo su mundo del revés. «Yo ahora vivo por y para esto, el Jiu-jitsu me ha cambiado la vida por completo». El año pasado ganó el campeonato de Europa y este 2019 ha subido de escalón para hacerse con una medalla que le ha hecho sentir «satisfecho con su trabajo».

Para él significa una «alegría inmensa», aunque reconoce que no es «de hacer muchas fiestas». «Me siento muy bien, pero estoy más contento por la gente, mi mujer, mi niña, mi familia, mi madre, compañeros de trabajo, de entrenamiento y también el gimnasio, que se merece que se le represente lejos, porque este título lleva su sello, si no estuviese entrenando ahí no podría haber llegado hasta aquí».

El Jiu-jitsu ya es más que una afición en su vida, por eso preguntado si cree que este arte marcial le hace mejor persona (o mejor policía), asegura que le ha dado «más confianza» en sí mismo para afrontar determinadas situaciones. De hecho, asegura que si todos los policías de España recibieran más formación en artes marciales «se evitarían muchas situaciones desagradables». Ya no solo porque esta disciplina enseña a reducir al rival, sino porque aporta «una serie de conocimientos» que permiten «evitar» los conflictos.

«Este arte marcial permite reducir a una persona sin dolor ni lesiones ni golpes»

«Tú sabes lo mismo que tu rival y tienes que conseguir que se rinda casi sin que se entere»

«Al igual que existe un plan nacional de tiro en el que todos los agentes utilizan armas de fuego a lo largo del año, debería haber algo similar con artes marciales, estadísticamente es más probable acabar agarrado en un enfrentamiento físico que tener que usar el arma reglamentaria a lo largo de la carrera de un agente». Asegura que en la academia, todos los nuevos agentes aprenden boxeo, «que está muy bien porque quita el miedo a recibir un golpe», pero es «insuficiente». «Un policía no puede ir por ahí dando puñetazos, no es la forma de proceder».

Conocimiento práctico

Hasta ahora no se ha encontrado en ninguna situación en la que haya tenido que repeler una agresión mediante los conocimientos que posee, pero sí le han servido para evitar que alguien se autolesionara. «El Jiu-jitsu permite reducir a una persona sin dolor ni lesiones, sin impactos ni golpes», asevera.

Su hija le acompaña al entrenamiento, y de hecho ya está aprendiendo las claves de este arte marcial («en verano no, para que tenga más tiempo de jugar»), explica González. Solo tiene buenas palabras para este deporte, en el que los rivales «son amigos antes, durante y después de la pelea». «A veces se gana y otras se pierde, no pasa nada;jamás he escuchado un insulto o he visto mal ambiente durante una competición, esto es de lo más sano que hay». Además, asegura que es una disciplina que permite entrenar «desde el primer día», y que tiene un gran componente estratégico, que fue lo que más le enganchó: «Tú sabes lo mismo que tu rival y tienes que conseguir que se rinda casi sin que se entere». Eso sí, seguirá ejerciendo su segunda pasión:el servicio como policía nacional.

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