Un Orgullo de récord

Un Orgullo de récord

La celebración de la diversidad desborda todas las previsiones en Torremolinos. Más de 60.000 personas llenan las calles de la ciudad en un inmenso arco iris de fiesta y reivindicación gracias a un recorrido renovado y ampliado

Iván Gelibter
IVÁN GELIBTER

Visto con algo de perspectiva, pensar que Torremolinos podría acoger el Orgullo LGTBI más importante de España tras el de Madrid era algo lógico. Lo que no tenía sentido era que se hubiera prohibido durante tanto tiempo. Cuatro años después de que se levantara esa absurda veda impuesta por el exalcalde, Pedro Fernández Montes, el Orgullo de Torremolinos ha vivido hoy su edición más numerosa; una semana entera que ha tenido su colofón con un desfile que desbordó las calles de las ciudad, convertidas en un inmenso arco iris de reivindicación y fiesta.

El Orgullo es una fiesta de todos. No solo del colectivo LGTBI, que aunque lo protagoniza no está solo. Otra vez el recorrido se vio inundado por familias cuyos hijos pequeños disfrutaban con la música y las pistolas de agua. Las señoras (y los señores) mayores salían a la puerta de su casa a aplaudir a la comitiva. Porque además, para ellos, el colectivo siempre ha estado presente en sus vidas y en sus plazas. Desde que el Pasaje Begoña albergara las noches más divertidas de Rock Hudson a finales de los 60 –solo evitadas por la redada que rompió la libertad en mil pedazos– hasta lo que es hoy en día: quizá, la ciudad en la que se vive con mayor libertad de toda España.

Torremolinos ha visto crecer el Orgullo desde que se celebró por primera vez en 2015. Era previsible, por tanto, volver a ver las calles llenas de gente; pero el cambio de recorrido (renovado y ampliado) ha sido el mayor éxito de toda la semana. El desfile lució más que nunca, sobre todo gracias al mayor número de carrozas, que ocupaban prácticamente 400 metros de manera continua. A ello había que añadir, claro, todo el público que caminaba junto a los camiones; el que esperaba en las bocacalles; y el que se iba sumando poco a poco.

La peatonalización del centro provocó que las carrozas tuvieran que dar una vuelta algo más larga, lo que permitió rodear la plaza de la Nogalera hasta cerrar el círculo en la avenida Palma de Mallorca. Los bomberos, una vez más, volvieron a regalar los mejores momentos del trayecto con una manguera que soltaba litros de agua mientras el subidón de la música creaba una melodía perfecta con el sol de justicia que no dejó de asomar en las tres horas que duró el desfile.

30.000 personas (un tercio más que el año pasado) disfrutaron del espectáculo de las travestis; de los osos sin complejos que mostraban sus carnes; del cuero de los fetichistas; y de la música más petarda que uno puede escuchar. Porque esta fiesta no solo es una exaltación de la diversidad sexual: Aquí tienen cabida los musculados, los flacos y los gordos; las guapas y las feas; los jóvenes y las 'mayoras'. Todos celebran con orgullo la diferencia que nos hace iguales; la libertad de poder ser y actuar como una quiera. Y eso, además de la reivindicación también pasa por la fiesta. Incluso por el exceso.

Porque aunque muchos lo hayan olvidado, el Orgullo es una forma que tiene el colectivo de recordar los Disturbios de Stonewall que este año cumplen medio siglo. Porque aquellas personas que se hartaron de la persecución de la policía de Nueva York y respondieron sus agresiones con piedras fueron ellas: las excesivas, pero también las marginadas. Las travestis que hacían servicios sexuales a los que en público las defenestraban. Las 'drag' que ya entonces imitaban la melancolía de Judy Garland. Las transexuales que habían sido expulsadas a golpes de sus casas por verbalizar que vivían en un cuerpo equivocado. Los chaperos que trabajaban en los callejones por unos pocos centavos con los que luego poder comprar comida. A ellos se les rinde homenaje en el Orgullo, y por eso Torremolinos ha vuelto a acertar con el exceso, para demostrar de esta manera que ya no son personas marginadas.

Además del histórico desfile del Orgullo de hoy, la semana se cierra con 60.000 asistentes. Quizá más, porque resulta complicado calcular la presencia total de personas cuando los hoteles, los restaurantes y las tiendas no dan más de sí. Los comerciantes festejan lo que ocurre e estos días, y la marca Torremolinos ya juega con las grandes en un sector, el LGTBI, cuyos turistas gastan el doble que en el familiar. Lejos de ser un evento conflictivo, la Nogalera no registra ni un solo conflicto; ni una sola pelea. Como mucho, un disparo juguetón desde una pistola de agua encima de una carroza. Un chorro mezclado con serpentina, abanicos de colores y mucha purpurina. Porque eso sí, a brilli-brilli no hay Orgullo que nos gane.