El Congreso aprueba reconocer el Pasaje Begoña como Lugar de Memoria Histórica

Diputados malagueños y representes del tejido asociativo de Torremolinos, en el Congreso. /SUR
Diputados malagueños y representes del tejido asociativo de Torremolinos, en el Congreso. / SUR

La comisión de Cultura acuerda impulsar este enclave, que sufrió una macrorredada policial en 1971, como «cuna» de los derechos LGTBI

ALBERTO GÓMEZ / TORREMOLINOS

La comisión de Cultura del Congreso de los Diputados ha aprobado esta semana la Propuesta No de Ley (PNL) presentada por el PSOE para que el Pasaje Begoña sea declarado Lugar de Memoria Histórica y cuna de los derechos LGTBI. La iniciativa ha contado con el respaldo de todos los grupos políticos. La propuesta, registrada por los diputados socialistas Begoña Tundidor, José Andrés Torres Mora y Miguel Ángel Heredia, promueve la creación de un archivo histórico LGTBI en Torremolinos y de un centro de interpretación. El enclave sufrió una macrorredada en 1971, como recordó la diputada del PP Carolina España, que considera esta intervención policial «un ataque en toda regla a lo que Torremolinos representaba entonces». La concejala de Cultura, Aída Blanes, añade que la localidad malagueña «era una isla de color en una España en blanco y negro».

Cuando España languidecía bajo el yugo de la dictadura franquista y su constreñida moral, Torremolinos abría la puerta a la libertad, los excesos y la diversidad. Eran los años 60 y en la plaza de La Nogalera y el pasaje Begoña se vivía de noche y se dormía durante el día. Allí, lejos de las rancias crónicas oficiales, abrieron el primer bar gay del país, el Toni's bar (1962), y el primer club para lesbianas, Porquoi pas? (1968). Otros locales como Fauno, Incógnito o Düsseldorf terminaban de completar un paisaje insólito en aquella época. Aunque el ambiente predominante era LGTBI, también había restaurantes frecuentados por familias, tablaos flamencos, clubes de alterne y coquetos establecimientos de jazz. Se pinchaban las últimas novedades musicales y circulaban las drogas más modernas. Los libros esquivaban la censura y llegaban intactos desde París o Londres.

El dinero que dejaba el turismo animó a las autoridades a mirar hacia otro lado durante años. Torremolinos se convirtió así en una pequeña Nueva York, una excepción incontrolable y feliz en medio de un régimen desolador. Hasta 1971. El 24 de junio de ese año se produjo una macrorredada policial que lo cambió todo. La Policía irrumpió en los locales de la zona para cerrarlos o multarlos en el mejor de los casos. Alegaban supuestas infracciones contra la moralidad pública y las buenas costumbres. Algunas informaciones de la época sostienen que fueron detenidas 139 personas. Otras crónicas elevan la cifra por encima de las 400, sobre todo turistas.

En su edición del 25 de junio, SUR publicó en su página dos: «Por el gobernador civil de la provincia (Víctor Arroyo) ha sido decretada la clausura de la sala de fiestas Caramela y de los bares nocturnos Evans y Noe, todos ellos locales públicos de la barriada de Torremolinos. La decisión del Gobierno está motivada por las reiteradas infracciones a la normativa en vigor referente a la moralidad pública y las buenas costumbres». Otros locales como Pipper's fueron multados con 10.000 pesetas. Varias embajadas extranjeras protestaron ante el Gobierno español por la detención de turistas, pero las redadas se sucedieron durante los siguientes días.

Aquellas redadas fueron un zarpazo al tejido económico de Torremolinos, que nunca recuperó el esplendor de los años sesenta, pero también supuso un atentado contra la libertad y la diversidad sexuales. Ahora el Congreso ha aprobado el reconocimiento del Pasaje Begoña como lugar histórico.