La Costa del Sol no tira de la manta

Un vendedor ambulante muestra sus alfombras en la playa de La Malagueta. /Migue Fernández
Un vendedor ambulante muestra sus alfombras en la playa de La Malagueta. / Migue Fernández

La complicidad ciudadana y la falta de recursos policiales allanan el camino a la venta ambulante ilegal, que trae de cabeza a los empresarios locales

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Extendidas sobre paseos marítimos, las mantas donde se venden productos falsificados se han convertido en parte del paisaje del litoral malagueño. La complicidad ciudadana, los escasos recursos policiales y la falta de consenso en torno las posibles soluciones planteadas han provocado que la venta ambulante ilegal adquiera condición de delito crónico en la Costa del Sol. El fenómeno, que llega a hacer casi intransitables algunos tramos en zonas como Puerto Banús, La Carihuela o Puerto Marina, se complica en verano, cuando los municipios turísticos se enfrentan al reto de atender hasta al triple de su población censada con los servicios públicos propios de localidades que en muchos casos no alcanzan los 75.000 empadronados.

La concentración de estos manteros complica las labores policiales. Las patrullas ordinarias, compuestas por dos agentes, apenas tienen margen de maniobra ante grupos de vendedores que a menudo superan las diez personas, una situación que ha forzado a Ayuntamientos como Marbella o Benalmádena a ampliar el número de efectivos destinados a combatir la venta ilegal. La sensación predominante entre las plantillas policiales de la Costa, sin embargo, es la impotencia. El trabajo se acumula en verano, cuando las actuaciones se multiplican pero, paradójicamente por los turnos de vacaciones, menos personal hay. A esto se suma que los manteros suelen abandonar la zona segundos antes de que llegue la Policía, advertidos por informadores con quienes reparten ganancias.

Los ayuntamientos de municipios turísticos requisan cada verano miles de falsificaciones, algo que contrasta con las escasas detenciones

Aunque parezca una actividad inofensiva, la venta ilegal hace una competencia desleal a los comerciantes que pagan sus impuestos

La alta demanda y la permisividad ciudadana suponen otra arista de este problema. Agentes han relatado a este periódico que suelen ser increpados por vecinos y turistas cuando intervienen para requisar las falsificaciones. Aunque parezca una actividad inofensiva, la venta ilegal constituye una competencia desleal a los comerciantes que pagan sus impuestos, promueve la economía sumergida y genera pérdidas millonarias para las empresas dedicadas a la fabricación y venta de bolsos, gafas, relojes o vestidos, algo sobre lo que ya ha llamado la atención el Observatorio Europeo de las Vulneraciones de los Derechos de Propiedad Intelectual, que advierte de que algunos sectores llegan a perder hasta un 17 por ciento de empleo por el 'top manta'.

La piratería, en palabras de Pablo López, director de grandes cuentas de Clarke, Modet & Co, despliega una estructura similar a las que tienen el tráfico de drogas o armas. Un informe interno de la Policía Local de Benalmádena revela la organización de esta industria ilegal, en ocasiones controlada por cabecillas que no se dedican a la venta directa pero explotan a decenas de inmigrantes. En esta localidad ya han identificado al menos a siete de estos 'jefes'. Dos de ellos se mueven en coches de la marca Mercedes. En su informe, el jefe de Policía recuerda que «es prioritario evitar detenciones con fuerza o actuaciones que generen espantadas», así como cualquier otra actuación «desproporcionada que conllevaría el reproche de viandantes» y pondría en riesgo la seguridad ciudadana.

Detectan los primeros casos de tráfico de drogas en el 'top manta'

La Policía ha detectado este verano los primeros casos de tráfico de drogas en el 'top manta', especialmente entre turistas para quienes estos vendedores se convierten en improvisados camellos durante su estancia lejos de casa. Según relatan los agentes consultados por este periódico, algunos de estos manteros suelen ofrecer marihuana, cocaína y fármacos como viagra. Aunque no suelen llevar la mercancía encima, tratan de tenerla a mano en sus coches o de avisar a alguno de sus cabecillas, conscientes de que pueden venderla por precios más elevados de los habituales. De momento, explican las fuentes, se trata de menudeos a los que se dedica un pequeño porcentaje de estos vendedores.

El asunto trae de cabeza a los empresarios locales. Fueron ellos quienes, ante la inacción de las administraciones municipales, convocaron una reunión en marzo para abordar el problema de forma conjunta en Torremolinos y Benalmádena, un encuentro al que acudieron ambos alcaldes y representantes de la Policía Nacional y Local «sin que sirviera de nada, porque luego no se han tomado medidas que reclamábamos», explica la presidenta de la Asociación de Comerciantes de Benalmádena (ACEB), Rosa María González, «indignada» por la impunidad con que cada año crece la venta ilegal en la Costa del Sol: «Este verano he recibido más de 500 fotografías hechas por comerciantes a estos vendedores, porque muchos están hartos de que se pongan frente a sus negocios. ¿Cómo podemos permitir que llegue un señor y coloque una manta delante de una tienda para vender falsificaciones de los mismos productos que ofrece ese establecimiento, cuando el dueño está pagando 4.000 o 5.000 euros nada más que por el alquiler, como ocurre en Puerto Marina?».

Un turista se interesa por los colgantes. Un mantero vende sus productos en el paseo marítimo de Marbella. También venden comida y bebida en la playa. / Migue Fernández | Josele-Lanza

Algunas de las alternativas planteadas por empresarios y ayuntamientos pasan por inscribir a estos vendedores ambulantes en cooperativas donde regularizar su actividad comercial o trasladarla a mercadillos. Hasta ahora, sin embargo, la falta de papeles de algunos de estos inmigrantes y su resistencia a renunciar a la venta de falsificaciones, su principal fuente de ingresos, han frustrado estas posibilidades. A través de la Policía Local, los ayuntamientos requisan cada verano miles de objetos, intervenciones que contrastan con el escaso número de detenciones. Los vendedores suelen huir tras percatarse de la presencia policial y abandonan sus mantas o las entierran en la arena, una reacción que impide vincular los productos requisados e imponer sanciones por venta ilegal.

Informadores

De forma interna, agentes de varios Cuerpos de Policía de la Costa del Sol han solicitado el aumento de las plantillas mediante la tasa de reposición, la contratación de informadores municipales que adviertan de presuntas infracciones tanto a la Jefatura como a la ciudadanía, la puesta en marcha de una unidad de intervención inmediata o el pago de horas extra, además de coincidir en que el problema debe comenzar a ser abordado desde una perspectiva global debido a la escalada de violencia en las reacciones de estos vendedores: «No es solo algo que ataña a la Policía Local».

En su contexto

17%
del empleo se destruye en algunos sectores por los efectos de la venta ambulante ilegal, según el Observatorio Europeo de las Vulneraciones de los Derechos de Propiedad Intelectual, que advierte de las pérdidas empresariales que originan esta actividad, normalmente basada en falsificaciones.
La Policía Local, sin margen de maniobra.
La concentración de estos manteros complica las labores policiales. Las patrullas ordinarias, compuestas por dos agentes, apenas tienen margen de maniobra ante grupos de vendedores que a menudo superan las diez personas, una situación por la que varios Cuerpos de Policía de la Costa del Sol reclaman aumentar la plantilla.
75.000
empadronados, o menos, tienen algunos municipios turísticos de la Costa del Sol que, sin embargo, deben atender al triple y hasta el cuádruple de esta población durante los meses de verano sin variar sus servicios públicos, cuyas plantillas incluso suelen verse mermados en plena temporada alta por los turnos de vacaciones.
Los mercadillos como alternativa.
Algunas de las alternativas planteadas por empresarios y ayuntamientos pasan por inscribir a estos vendedores ambulantes en cooperativas o trasladar su actividad a mercadillos. Hasta ahora, sin embargo, la falta de papeles de algunos de estos inmigrantes y su resistencia a renunciar a la venta de falsificaciones han frustrado estas posibilidades.

Tras la venta ambulante ilegal existen varias mafias proveedoras del material, en su mayor parte falsificaciones que adquieren en varios polígonos. Estas mafias someten a los inmigrantes a jornadas interminables de trabajo, expuestos a ser detenidos en cualquier momento. Hartos de esta situación, varios vendedores de Benalmádena tratan desde hace al menos un año de crear una marca propia, como ha ocurrido en Barcelona, donde los 'manteros' venden zapatillas, camisetas y otros artículos con la firma Top Manta. La iniciativa, de momento, no ha terminado de cuajar en la Costa del Sol.

«Muchos queremos cambiar esta forma de vida. Preferiríamos estar en un mercadillo, pero hay compañeros que no tienen papeles», relata un mantero senegalés que trabaja en la provincia. Su historia es otra de las piezas de un puzzle complejo que esconde pérdidas empresariales, frustración policial, dramas personales y explotación laboral.

Un vendedor, con bolsos. Los artículos a la venta son falsificaciones. Suelen transportar la mercancía en grandes mantas. / Josele-Lanza

 

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