Multan con 300 euros a una joven que insistió en auxiliar a dos bañistas en Fuengirola

Nuria posa con la denuncia en la playa de Fuengirola donde ocurrieron los hechos. /
Nuria posa con la denuncia en la playa de Fuengirola donde ocurrieron los hechos.

La joven pensó que estaban en peligro y su aviso dio lugar a un dispositivo de rescate con helicóptero y lancha incluidos, aunque todo resultó una falsa alarma

JUAN CANOMálaga

Pensó que eran dos bañistas en apuros sobre una colchoneta y pidió auxilio. «No hubiese podido dormir tranquila pensando que habían muerto y yo no hice nada», dice Nuria, una joven fuengiroleña de 22 años. Ante su insistencia, se activó un dispositivo de rescate, con helicóptero y lancha de salvamento incluidos. Al final, todo resultó ser una falsa alarma eran dos pescadores a bordo de una canoa y a ella le ha caído una multa de 300 euros.

Todo comenzó la tarde del 10 de agosto en el paseo marítimo de Fuengirola. Nuria fue a dar una vuelta con su madre. «En la ida, vimos a dos personas que estaban bastante alejadas de la costa en una colchoneta. No le dimos importancia, pero al volver, ya anocheciendo, seguían en medio del mar», relata la joven. «Ya casi no se les veía, así que empezamos a preocuparnos», añade.

Las dos mujeres se quedaron enfrente para comprobar lo que ocurría. «Aquello no era normal. Eran casi las diez de la noche y vimos que empezaban a hacer señales con unas luces rojas y estaban al lado de una boya». Nuria pensó que no sabían nadar y que se habrían agarrado a la baliza. Le pareció que estaban lo suficientemente lejos como para que la resaca o la corriente les impidiese volver. «No sé calcular la distancia, pero cuando yo me baño, sabiendo nadar y siendo de Fuengirola, no me meto tan adentro», apostilla.

Preocupada por lo que parecía una emergencia, llamó a la Policía Local del municipio, que envió una patrulla. Ella le indicó dónde estaban los bañistas. «Los agentes les hicieron señales con sus linternas y ellos respondieron con las luces rojas. Aún así, me dijeron [los policías] que no sería nada importante», cuenta la joven. «Yo les expliqué que llevaban tres o cuatro horas y sólo quería irme con la seguridad de que no les pasaba nada. Me preguntaron si estaba segura de que allí había dos personas, porque a esa hora ya no se veía nada. No me creían ni me hacían mucho caso», se lamenta.

Según su versión, los agentes le dijeron que, si estuviesen ahogándose, estarían gritando o chapoteando. «Se iban a ir sin hacer nada», recalca. «Les propuse prosigue que fuesen a comprobarlo con una moto acuática o un hidropedal de los muchos que hay en la orilla, pero me respondieron que Fuengirola no disponía de transporte acuático. Se supone que ellos están entrenados, así que les planteé que alguno fuese a nado. Incluso me ofrecí a ir yo misma».

Nuria asegura que se sintió indignada porque no le hacían caso y decidió pedir ayuda a otros jóvenes que se habían acercado al lugar. «Me dijeron que les estaba vacilando. Les molestó que los ciudadanos íbamos a hacer su trabajo y se pusieron en mi contra. Al final, decidieron llamar a Salvamento Marítimo para que enviase un barco. Insistí en que estaban lejos, pero no tanto, y me respondieron que era el protocolo. Yo estaba atónita viendo cómo se movilizaba tanto transporte cuando se llegaba en cinco minutos desde la costa», cuenta.

Al cabo de hora y media, según relata, apareció una embarcación que se había desplazado desde Algeciras y un helicóptero que al parecer venía de Almería. Entonces, lo que ella creía una colchoneta se movió rápidamente hacia la orilla. Era una canoa y los bañistas, dos pescadores. Las luces rojas eran las de sus linternas. «Como estaban de espaldas a la costa, no se percataron de la gente y de la cantidad de policías que había. Al ver que estaban bien, respiré tranquila».

Gastos de desplazamiento

Pero ahí no terminó su preocupación. «Les tomaron los datos a los pescadores y también a mí. Tendrá que abonar el desplazamiento del barco y el helicóptero, me dijeron. Si alguien tiene que pagarlo, lo normal es que lo hagan los que estaban pescando allí, no yo». Aunque indignada, Nuria creyó que todo quedaría ahí, pero el miércoles le llegó la multa. La Subdelegación del Gobierno la ha sancionado con 300,51 euros. Los agentes aseguran en su escrito que, tras varias comprobaciones, consideraron «innecesaria» la ayuda que ella reclamaba, «persistiendo la denunciada [...] provocando una alteración del orden durante la intervención, tratando a los actuantes con menosprecio, pudiendo haber causado un disturbio mayor si su conducta hubiese sido imitada por más personas».

Nuria tiene ahora dos dilemas. El primero, recurrir la multa o pagarla antes de 15 días, con lo que se quedaría en la mitad, «pero significa asumir mi error, y no estoy de acuerdo». El segundo es qué hacer si le vuelve a ocurrir. «Al final, el perjudicado es el que avisa. ¿Lo mejor es mirar a otra parte y pedir a Dios que no se ahoguen? Yo no lo haría. Por el corazón que tengo, llamaría otra vez».

 

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