La nueva risa del cuplé

DAVID DELFÍN

Ahora que los autores coinciden en las dificultades de sorprender con un cuplé, es cuando vendrán los mejores. Porque todo lo grotesco que se expande por las redes, nos llevará a una reflexión sobre el objetivo más antiguo de toda risa: parodiarnos a nosotros mismos, tomando como punto de partida ese conjunto de defectos y valores que nos adornan. Preveo que serán cuplés que constatarán situaciones conocidas por todos y que producirán la risa que necesitamos, la misma con la que confirmaremos nuestros quehaceres cotidianos y su absurdo no siempre tan visible.

El murguista que aborda lo ridículo con su disfraz, con el tema representado o en sus cuplés, es conocedor de su propio absurdo, y sabe que al producir la risa, está mostrando lo irrisorio que, por ejemplo, sucede en el interior de nuestras casas o de nuestras vidas. Se trata de un humor que no nos avergüenza reconocer, porque no expresa situaciones negativas o con capacidad de hacernos daño, sino que más bien, al contrario, nos liberan. Luego será con cuplés que reflejen la actualidad desde situaciones cotidianas donde hallarán los autores un filón inagotable que los aleje de la inmediatez extravagante que circula a diario por las redes sociales.

Y en este nuevo contexto, la opción de avergonzar con un cuplé la actuación de un gobernante y denunciar un hecho determinado, exigirán mayores dosis de ingenio, abordándolo desde esa perspectiva que no está publicada en ningún medio, profesional o no. Esto es, las coplas como vehículo de expresión para abordar los grandes sucesos del mundo desde ese conjunto de personajes y hechos secundarios a los que, habitualmente, no se les presta atención. Un procedimiento que, preveo, será el gran motor de esta nueva risa, aunque sea tan antigua como todo lo humano.

Y como botones, las viñetas que el gran Ángel Idígoras publica en este periódico, y especialmente, aquéllas en las que bajo el epígrafe: Hijos ilustres de Málaga, nos recuerdan a los grandes personajes malagueños de nuestra Historia, situándolos junto a uno de nosotros: «Fulgencio Manteca. Recordman de optimismo. Una vez se creyó una promesa de un político»; «Natalio Bonilla. Vive cerca del Guadalmedina y nunca se ha quejado del mal olor». Modelo de risa entendida como una forma de conocimiento y con tanto futuro como el buen cuplé.

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