'Vota Juan', una ácida crítica a los vicios de la política

María Pujalte, Adam Jezierski y Nuria Mencía conforman el equipo de Javier Cámara en la ficción./
María Pujalte, Adam Jezierski y Nuria Mencía conforman el equipo de Javier Cámara en la ficción.

Javier Cámara se pone en la piel de Juan Carrasco, un ministro de Agricultura con aires de grandeza, en la nueva serie de TNT

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

Casi sin hacer ruido y en TNT, una cadena no muy experimentada en hacer producción propia en nuestro país -la única serie española que ha lanzado data de 2010 y no tuvo mucha repercusión-. Así ha llegado a las pantallas 'Vota Juan', la sitcom que aborda el día a día de un ministro de Agricultura en su intento por hacerse con la secretaría general de su partido como paso previo a alcanzar la Presidencia de España.

Y tiene mérito el paso dado por Diego San José y Juan Cavestany, creadores de la ficción, porque pocas series españolas han abundado en el asunto de la política. Porque sí, claro que 'Crematorio' o 'Cuéntame cómo pasó' han tejido sus tramas de política, pero el asunto nunca ha sido la razón de ser de dichas ficciones. De hecho, las series españolas en cadenas generalistas con la política como epicentro se pueden contar con los dedos de una mano: 'Señor alcalde' y 'Moncloa, ¿dígame?', dos producciones que encontraron su hueco en Telecinco a finales de los noventa y principios de 2000 y que apostaban por la comedia.

Casi dos décadas después, 'Vota Juan' también tira de humor para presentarnos a Juan Carrasco (Javier Cámara), un político bastante mezquino que abandonó su Logroño natal, junto a su jefa de prensa, Macarena Lombardo (María Pujalte), para labrarse una carrera en Madrid que, de momento, le ha llevado a dirigir la cartera de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. Pero, como la mayor parte de los políticos, Juan es ambicioso y quiere más. Arrinconado por los miembros de su partido y en plena crisis alimentaria con unos pimientos del Padrón que, al parecer, están en mal estado, el ministro se entera de que el presidente del Gobierno no se va a presentar a la reelección y comienza a urdir un plan para alcanzar su meta.

Es el punto de partida de una serie llena de momentos brillantes que, a juzgar por los dos episodios emitidos, sólo puede crecer. Producida por 100 Balas, dirigen sus capítulos Víctor García León ('Selfie') y David Serrano ('Tenemos que hablar), además de los dos creadores de la ficción. Sus episodios de media hora de duración se ajustan perfectamente a una narración que discurre a buen ritmo y que parece mirarse en producciones extranjeras como 'Veep'. Al igual que sucede en 'Vergüenza', del propio Cavestany, 'Vota Juan' exagera y se relame en los momentos incómodos -ese ministro de Agricultura que no sabe lo que es un puerro, su poco tacto o su manía de dibujar comillas en el aire a todas horas- para provocar la sonrisa y, en menor medida, la carcajada del espectador.

Y lo logra gracias a unas interpretaciones excelentes y contenidas que no suelen caer en la exageración -'Mira lo que has hecho' es un buen referente aquí- y que no hacen más que apuntalar unos guiones bien escritos en los que, si bien el protagonismo recae en el político al que da vida Cámara, hay espacio para el resto de personajes. En este sentido, el punto clave de 'Vota Juan' es que no se queda sólo en el humor. Por el camino la serie se permite profundizar en las complicadas relaciones del protagonista con su esposa Paula (Yaël Belicha) y su hija Eva (Esty Quesada, la youtuber detrás de 'Soy una pringada'); con la jefa de Gabinete, Carmen Müller (Nuria Mencía), impuesta por el partido para tratar de mantener a raya al ministro, y con el becario excesivamente pelota Víctor (Adam Jezierski), quizá el personaje más plano del plantel. Frente a Juan Carrasco se sitúa Luis Vallejo (el siempre excelente Joaquín Climent), político de la vieja escuela y uno de los máximos responsables de la formación en la sombra, que no dudará en poner contra las cuerdas al ministro.

Así las cosas, 'Vota Juan' no se queda solo en el mero retrato de un personaje ruin, también funciona como una ácida crítica al sistema político y a sus protagonistas. Y lo cierto es que en una televisión como la española, con pocos productos similares, resulta todo un hallazgo.