'The Boys', cuando los superhéroes son villanos

La Reina Maeve y Patriota, alabados por la ciudadanía./
La Reina Maeve y Patriota, alabados por la ciudadanía.

Basada en los cómics de Garth Ennis y Darick Robertson, la serie de Amazon plantea un mundo en el que los superhombres, sin ética ni moral alguna, son tratados como 'celebrities'

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

Despiadada, original, ácida, distinta, mordaz, violenta, perturbadora, valiente… Son muchos los adjetivos que a uno le vienen a la cabeza cuando ve 'The Boys'. Pero es que la serie de superhéroes de Amazon no tiene nada que ver con la forma en la que otras producciones abordan el manido tema de los superhombres. Sí, lo sé. Me van a decir que un comentario como éste lo han oído ya en decenas de ocasiones. Y me van a contar que 'Jessica Jones' no era tan rupturista como nos hacían creer o que 'Doom Patrol' o 'The Umbrella Academy', por poner un par de ejemplos de la última hornada superheróica, son, en gran medida, más de lo mismo. Y no les faltará razón. Pero ya hay ejemplos de que se pueden hacer las cosas distintas. A 'Misfits' me remito.

El caso es que 'The Boys' imagina un universo en el que los superhéroes, más allá de hacer el bien, se dedican a llevar una buena vida y engrosar sus cuentas corrientes gracias a los ingresos por publicidad y al merchandising generan a su alrededor. A todos ellos los lleva una megacorporación llamada Vought, una compañía que entre sus filas no solo tiene un equipo dedicado a buscar crímenes a combatir, sino que se ocupa de llevar sus redes sociales, de generar interés en la audiencia y de crear todo tipo de productos -eventos cercanos a lo religioso, reality shows y hasta películas, en una pullita directa al universo Marvel-, además de, ojo, vender los servicios de estos titanes a distintas ciudades de Estados Unidos.

Mercadear con el trabajo de los superhéroes, algo que a menudo se nos ha descrito como altruista, es lo suficientemente rupturista como para que el espectador alce al menos una ceja y preste atención a lo que ocurre en pantalla. El mérito, sin embargo, no es de la serie que acaban de producir Amazon Studios y Sony Pictures Television -actúan como creadores Evan Goldberg, Eric Kripke y Seth Rogen, que hace un pequeño cameo-, sino de Garth Ennis y Darick Robertson, escritor y dibujante que publicaron entre 2006 y 2012 los cómics en los que se basa la serie. Antes incluso de que el cine de Marvel estuviera hasta en la sopa, ambos diseñaron un universo en el que los superhéroes, además de luchar contra el mal, funcionan como una marca y son tratados como 'celebrities', firmando autógrafos y dejándose hacer selfies. Vought dispone de más de 200 repartidos por todo Estados Unidos, pero son los que conforman el grupo de Los Siete -algo así como la Liga de la Justicia-, los más importantes de la compañía.

Hughie y Billy Butcher.
Hughie y Billy Butcher.

Pertenecen a este grupo Black Noir, un ágil asesino que no pronuncia palabra alguna; Profundo (Chace Crawford), un engreído capaz de respirar bajo el agua y de comunicarse con la fauna marina; Translúcido, un pervertido que se hace invisible; la Reina Maeve (Dominique McElligott), una amazona con una fuerza descomunal; A-tren (Jessie T. Usher), el hombre más veloz de la Tierra, y Patriota (Anthony Starr), una suerte de Superman -tiene una fuerza exagerada, puede volar y lanza rayos por los ojos-, aún más hortera que el personaje de DC Comics, pues lleva una capa con las barras y estrellas de la bandera estadounidense. Y sí, se habrán dado cuenta de que falta una leyenda pero esto es porque una de las tramas que tiene esta primera temporada es la incorporación de una nueva estrella a tan lustroso plantel. Se trata de Luz Estelar (Erin Moriarty), una joven de Ohio, ingenua y convencida de la necesidad de hacer el bien, que lleva desde pequeñita presentándose a concursos para superheroínas infantiles -ojito al detalle-, que acaba de superar el casting para entrar en el grupo. Annie, que es como se llama la muchacha de provincias, es capaz de alterar el campo electromagnético a su alrededor y de golpear a los enemigos con una suerte de fuego que irradia todo su cuerpo.

No es así, sin embargo, como comienza una historia que pone el foco en Hughie (Jack Quaid), el empleado algo pardillo de una tienda de electrónica de consumo. Robin, su novia, ha acudido al establecimiento porque quiere saber si ya ha solicitado el aumento de sueldo del que llevan hablando varias semanas. Y es que Hughie aún vive con su padre y a duras penas puede planificar su futuro. La conversación, que se traslada a la calle, avanza cuando de pronto algo atraviesa a Robin y la hace explotar en pedazos. Es A-tren, algo alterado. «No puedo parar», masculla y sigue su camino. De Robin solo quedan las dos manos que aún sujeta Hughie y un gran charco de sangre, huesos y vísceras.

Arriba, Profundo y Luz Estelar; debajo, A-tren y Madelyn Stillwell.

¿La consecuencia de ese accidente? Vought le pagará 45.000 dólares si firma un contrato de confidencialidad. Hundido en la miseria, Hughie empieza a comprender que los superhéroes, que tanto parecen hacer por los ciudadanos, no se ajustan a las mismas reglas del juego y que pueden hacer y deshacer a su antojo. En ese punto entrará en escena Billy Butcher (Karl Urban), un exagente de la CIA, que detesta a los superhéroes. Éste le propondrá vengarse junto a un grupo de colegas.

Poco a poco, tanto Annie como Hughie irán descubriendo que detrás de esas sonrisas profident, de los trajes y los disfraces ridículos, de las visitas al adolescente con cáncer en el hospital, del compadreo con los ciudadanos -«Vosotros sois los héroes de verdad», repite siempre Patriota como un mantra, fiel al guion que le han escrito- y de la aparente buena voluntad, se esconden seres profundamente egoístas, despiadados y sin escrupulos -las dos escenas con avión implicado son realmente duras e inquietantes- y con una vida que se aleja mucho de la que uno puede ver en sus redes sociales -¿les recuerda esto a algo?-. Patriota y los suyos no tienen miramientos, hacen de jueces y verdugos, asesinan a sangre fría y hasta falsean pruebas. Fascismo del bueno, y sin supervillanos.

Pero también hay una crítica a la forma en la que operan muchas grandes compañías -recuerden que 'The Boys' solo está disponible en Amazon Prime Video- y a sus planes de desarrollo a toda costa, una expansión donde la ética y la moral no parecen tener su lugar. Es Madelyn Stillwell, a la que da vida una espectacular e inquietante Elisabeth Shue, quien encarna ese capitalismo exacerbado que la serie coloca en un lugar destacado.

Hughei, Butcher y Frenchie.
Hughei, Butcher y Frenchie.

Visualmente impactante -pese a ser meros decorados, los interiores tienen una gran personalidad- y con unos efectos especiales más que decentes, 'The Boys' se nutre de un buen guión en el que las distintas tramas funcionan excepcionalmente bien. No tiene miedo a cambiar el paso y dejar una situación colgada para retomarla más tarde y lo hace con buen pulso. Junto a la gran labor técnica y artística, está el trabajo de unos actores sencillamente geniales. Starr, por ejemplo, aporta tantos matices a Patriota -en la primera conversación seria con Stillwell está escalofriante- que lo convierte en uno de los grandes personajes de la serie.

Divertida y original, los ocho capítulos de una hora cada uno, saben a poco. Uno de los grandes estrenos del verano.

Los ocho capitulos de 'The Boys' están disponibles en Amazon Prime Video.