¿Era necesaria una segunda parte de 'Big Little Lies'?

Las cinco de Monterrey, en un fotograma de la serie./
Las cinco de Monterrey, en un fotograma de la serie.

Las cinco de Monterrey deberán gestionar la culpa en esta continuación de la célebre serie de HBO

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDAValencia

Pocas series afrontaban su segunda temporada con la responsabilidad de 'Big Little Lies'. La serie de HBO, comandada por Nicole Kidman y Reese Witherspoon, sorprendió a los espectadores hace dos años teniendo en cuenta que el libro en el que se basaba (de Liane Moriarty) no hacía presagiar que fuese a inspirar una obra tan redonda. La crítica aprobó con nota esta ficción y la convirtió en una de las más galardonadas de aquel año. Este éxito hizo replantear a la cadena y a las productoras la idea inicial de hacer una única temporada y se planteó la posibilidad de poner en marcha una continuación.

'Big Little Lies' se estrenó en un año, 2017, especialmente beligerante en la causa feminista (con el movimiento #MeToo) como estandarte. Varias series, además, otorgaron a las mujeres un papel protagonista que durante mucho tiempo se le había negado, sobre todo a aquellas de más de 40 años cuyos problemas e inquietudes han estado por norma general invisibilizados en la pantalla. El título de HBO llegaba con una instrahistoria interesante. Las actrices principales, hartas de no encontrar papeles estimulantes para ellas, habían optado por buscar sus propios textos y tratar de sacarlos adelante. Y acertaron.

A Kidman y Witherspoon se unieron Laura Dern, Zoë Kravitz y Shailene Woodley para encarnar a un grupo de madres, que viven en un entorno aparentemente idílico y cuyas máximas preocupaciones parecen el cuidado de sus hijos y sus casas. Sin embargo, a medida que avanzaban los episodios el espectador descubría que esa fachada impoluta escondía detrás una serie de frustraciones, miedos y episodios oscuros que hacían infelices a estas mujeres.

La historia consiguió cerrarse de una manera brillante, despejando las dudas de un crimen que había servido de hilo recurrente durante toda la temporada y zanjando las principales tramas de las protagonistas. La ficción se reivindicaba como un canto a la sororidad con un final que unía al elenco principal. La temporada había puesto de manifiesto problemas como el maltrato y la tiranía de los cánones, que continúan pesando sobre las mujeres en la sociedad actual.

¿Era necesaria una segunda parte de 'Big Little Lies'? Esa es la pregunta que la mayor parte de la audiencia se formuló. No cabe duda de que los personajes habían sido tan bien construidos que invitaban a presagiar que podían dar mucho más de sí, pero por otra parte las líneas generales con las que había nacido la serie habían encontrado una notable conclusión, por lo que todo lo que viniera después corría el peligro de emborronar aquello.

Nicole Kidman y Meryl Streep, en un fotograma de la serie.
Nicole Kidman y Meryl Streep, en un fotograma de la serie.

La mejor noticia que nos podían dar sobre esta nueva tanda de episodios era que Meryl Streep se iba a incorporar al elenco encarnando a la suegra de Celeste Wright (a la que da vida Nicole Kidman), que llegaba después del trágico suceso con el que se cerró la primera temporada y que fue lo que unió a las cinco protagonistas.

La importancia que va a tener Streep en esta continuación se pone de manifiesto desde el inicio de la primera entrega, que comienza con ella precisamente despertando a Celeste de una pesadilla que está teniendo. Y esa imagen es un buen símbolo del papel que va a jugar la actriz en lo nuevo de 'Big Little Lies'. Ella está ahí para saber qué ha pasado y va a ser capaz de meterse en los sueños y delirios de su nuera y de sus amigas para llegar hasta la verdad. Ese es uno de los puntos fuertes para este curso, esa Mary Louise que no está dispuesta a que la memoria de su hijo se pierda en su casa familiar y que vigila a las cinco de Monterrey para resolver los cabos sueltos de lo sucedido en aquella aciaga noche. Su incorporación encaja a la perfección con el universo de la serie y no desentona con el discurso y estilo que ya estaba establecido. Lo de Streep huele a premio en cuanto figura y promete frases que no dejarán indiferente a nadie. «La gente bajita no me parece de fiar», le dice a Madeline (Reese Witherspoon) en su primer encuentro (encontronazo).

Las cinco de Monterrey: así son precisamente conocidas las protagonistas que se enfrentan a un inicio de curso en el que estarán en el punto de mira y en boca de todo el mundo. Solo ellas saben de verdad lo que ocurrió en aquella fiesta de disfraces y de cómo lo procesan va a tratar esta nueva temporada. La serie es consciente de cuál es su verdadero tesoro y ese no es otro que el abanico femenino que supo crear hace dos años y en él ha depositado ahora todas las esperanzas. Otra vez ellas van a tener que lidiar contra los estigmas y los estereotipos, además de con los diferentes escollos con sus parejas e hijos. A todo eso se une la preocupación que va a ser recurrente en la temporada: cómo gestiona cada persona la culpa.

Tres fotogramas de la serie.

Una vez el espectador se encuentra de nuevo con la fantástica cabecera de esta producción (en el que todas las protagonistas conducen en busca de un destino mejor al que hasta ahora les había correspondido) se da cuenta de lo que ha echado de menos a este peculiar grupo y confía en lo que aún puede depararle. Nada parece forzado ni estirado por qué sí. Es como si hubiese estado diseñado así desde que comenzó el proyecto. Y es precisamente la naturalidad con la que se ha planteado la continuación una de las razones por las que este regreso está resultando tan exitoso. Veremos si las expectativas se cumplen del todo.