Las películas en las que se mira 'Historias de miedo para contar en la oscuridad'

Un fotograma de 'La noche de los muertos vivientes'./
Un fotograma de 'La noche de los muertos vivientes'.

'Historias de miedo para contar en la oscuridad' rinde pleitesía a algunos títulos fundamentales del celuloide oscuro

Borja Crespo
BORJA CRESPO

'Historias de miedo para contar en la oscuridad' rinde pleitesía a algunos títulos fundamentales del celuloide oscuro, encabezando la lista 'La noche de los muertos vivientes' (1968), una obra vilipendiada en su momento por su estética underground y exceso de casquería, obviando la indudable capacidad del controvertido género de terror para poner en escena metáforas sobre la condición humana. La ópera prima del maestro George A. Romero puede ser considerada, con el permiso de 'El exorcista' (William Friedkin, 1972), la primera película de horror moderno. Un clásico del género -cuyas constantes revolucionó, devolviéndolo en parte a sus raíces- y un clásico de la historia del séptimo arte. Sus planteamientos, estéticos y expresivos, cambiaron por completo el agónico panorama de la época, un logro acrecentado si tenemos en cuenta los escasos medios que emplearon sus responsables. Indispensables producciones de índole fantástico como 'La última casa a la izquierda' (Wes Craven, 72), 'La matanza de Texas' (Tobe Hooper, 74), 'Vinieron de dentro de...' (David Cronenberg, 75), 'Posesión infernal' (Sam Raimi, 82) o 'Re-animator' (Stuart Gordon, 85) deben mucho al camino abierto por la propuesta cinematográfica mentada, por no hablar de delirios audiovisuales posteriores como 'Braindead' (Peter Jackson, 92) o 'Abierto hasta el amanecer' (Robert Rodríguez, 96).

Escarbando tras la fina capa de intenciones que buscan el simple grito, 'La noche de los muertos vivientes' se revela como una exquisita parábola social, donde resulta jugoso el paralelismo entre los cadáveres andantes y la sociedad de la época, trasladable a nuestros días. Heredera del agudo mensaje de excelentes películas anteriores como 'La invasión de los ladrones de cuerpos' (Don Siegel, 56), donde una atmósfera claustrofóbica y obsesiva envuelve a un grupo de personas sitiadas por seres extraños fuera de control, ha sido imitada hasta la saciedad. 'Historias de miedo para contar en la oscuridad' también puede recordar, inevitablemente, a 'It' y otras historias escritas por Stephen King que cuentan con su salto a la pantalla grande. Las referencias son palpables y confesas. Son varias las adaptaciones cinematográficas del maestro del terror dignas de mención, entre ellas 'Carrie' (Brian de Palma, 1976), 'Cujo' (Lewis Teague, 1983), la magnética 'Christine' (John Carpenter, 1983), la desasosegante 'La zona muerta' (David Cronenberg, 1983), la sanguinolenta 'Los chicos del maíz' (Fritz Kiersch, 1984), las reivindicables 'Miedo azul' (Daniel Attias, 1985) o 'Los ojos del gato' (Lewis Teague, 1985), la escalofriante 'El cementerio viviente' (Mary Lambert, 1989) o la comiquera 'Creepshow' (George A. Romero, 1982), además de la obra maestra 'El resplandor' (Stanley Kubrick, 1980). Los cuentos macabros de onda clásica siguen funcionando. Ahí están como ejemplo 'Hereditary' y la reciente 'Midsommar', ambas pergeñadas por Ari Aster, alabadas por crítica y público: dos muestras obvias de que los relatos para no dormir de toda la vida siguen sembrando el pánico, basta con cambiar la forma de contarlas o su envoltorio para asustar al espectador (o lector).

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