Un cine sin sexo

Las películas son cada vez más castas en la representación del erotismo. El deseo de llegar a todos los públicos, el porno en internet y el #MeToo tienen la culpa

1988. Aitana Sánchez Gijón y Juan Echanove se desnudan en 'Bajarse al moro', de Fernando Colomo. 2019. El mismo director estrena 'Antes de la quema', con una escena de cama en la que Manuela Velasco y Salva Reina no se quitan la ropa./
1988. Aitana Sánchez Gijón y Juan Echanove se desnudan en 'Bajarse al moro', de Fernando Colomo. 2019. El mismo director estrena 'Antes de la quema', con una escena de cama en la que Manuela Velasco y Salva Reina no se quitan la ropa.
Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

1988. Fernando Colomo estrena 'Bajarse al moro', adaptación de la obra teatral de José Luis Alonso de Santos sobre los españolitos de la época que iban a Marruecos a hacerse un 'bisnes' con la droga. Aitana Sánchez-Gijón, Antonio Banderas y Juan Echanove aparecen despelotados media película. Las escenas de desnudo de la actriz todavía pululan por internet.

2019. Fernando Colomo estrena 'Antes de la quema', otra comedia con mandanga de por medio, esta vez ambientada en el hedonista carnaval de Cádiz. Manuela Velasco y Salva Reina protagonizan una escena de cama en la que ni siquiera se quitan la ropa. ¿Qué ha ocurrido en estos años? ¿Ya no hay sexo en las películas? Responde el propio director: «En el cine estamos todos acojonados. De acuerdo que ha habido mucho sexo gratuito, pero hemos acabado en una nueva forma de puritanismo».

¿Serían posibles hoy taquillazos procedentes de Hollywood como '9 semanas y media' e 'Instinto básico? Si ni siquiera películas como 'Bohemian Rhapsody' y 'Rocketman', paseos por el lado salvaje de las estrellas del rock, enseñan carne. «El sexo está desapareciendo de la pantalla y haciendo que las películas sean cada vez más aburridas», proclamaba hace unas semanas el 'Washington Post', constatando que el cine 'mainstream' de los grandes estudios ha eliminado cualquier forma de erotismo. No se trata tanto de un puritanismo ideológico, sino económico.

«En EE UU lo primero es el mercado, tratan de llegar a la mayor cantidad de público posible, así que hoy sería difícil que se rodara '9 semanas y media'. En España creo que todavía no hemos llegado a esos extremos», confía Colomo. El autor de 'Tigres de papel' ha desnudado a medio cine español a lo largo de 45 años de carrera. Admite que en los 80 y 90 escuchaba quejas de mujeres reprochándole que las películas españolas incluyeran sexo, casi siempre con una actriz en cueros. «En aquella época era un reclamo, pero hoy, con todo el porno del mundo disponible gratis a un clic, ¿quién va a ir al cine a ver un desnudo?», se pregunta el realizador.

El productor del momento, Enrique López Lavigne, puede hablar con conocimiento de causa. El hombre detrás de éxitos como 'Lo imposible', 'Un monstruo viene a verme', 'Quién te cantará' y 'Paquita Salas' produjo en 2001 'Lucía y el sexo', de Julio Medem. «Aquella película ya fue algo inaudito, un último momento de libertad en el que tuvimos que argumentar por qué mostrábamos sexo», recuerda. «Ahora tenemos que estudiar todo al milímetro para no herir sensibilidades y no ofender a nadie. Es una doble moral importada de EE UU. Ya no cabe la provocación sana, pero no solo ocurre en el cine, sino en todos los ámbitos de la sociedad. El topless ha desaparecido de las playas».

López Lavigne se muestra contundente: «Hemos pasado de ansiar la libertad y disfrutarla a vivir confinados por culpa de una sociedad hipócrita y represiva. Los productores nos hemos autoinflingido un código moral porque la gente se siente incómoda ante el sexo. Y el cine, al final, no es más que un espejo de la sociedad». Hipocresía, denuncia el productor, porque dos páginas porno como Xvideos y Pornhub aparecen entre las quince más visitadas en nuestro país. Las únicas representaciones del sexo son ya los clips de sexo para adultos, sin amor ni contenido dramático, donde la mujer es casi siempre vejada y prima la satisfacción del hombre. «Buscamos un porno amateur, a la vecina, y lo hacemos a escondidas, en la intimidad de nuestro ordenador y no en un cine», constata López Lavigne. «Ya no sentimos la necesidad de ver desnudos a los actores que admiramos.

Coordinador de intimidad

El movimiento #MeToo a raíz de las denuncias de acoso al productor Harvey Weinstein también ha cambiado para siempre la representación del sexo en el cine. Las actrices exigen cláusulas en sus contratos que regulan cómo aparecen en pantalla y las posibles consecuencias legales si se filtran imágenes del rodaje. «Directores y guionistas nos autocensuramos todo el rato», observa Arantxa Echevarría, último Goya a la mejor dirección novel por 'Carmen y Lola'.

«Los productores tienen miedo a pisar callos, ellos están para hacer taquilla. El sexo es un tema complicado porque siempre se ha tratado desde el punto de vista masculino y a nosotras, claro, nos ha resultado ridículo», constata la directora bilbaína, que pone ejemplos de películas que hoy serían irrealizables: «'Pretty Woman', la historia de un putero convertido en héroe por sacar a una chica del arroyo. Y 'La pequeña', de Louis Malle, que hoy sería vista como una apología de la pederastia».

Imágenes de tres exitosas películas que tuvieron el sexo como reclamo: '9 semanas y media', 'Instinto básico' y 'El último tango en París'.

Gracias al #MeToo, las actrices cada vez cuentan con más armas para no tener que consentir escenas que las cosifiquen o soportar vejaciones del director. Colomo recuerda el caso de una actriz británica que contrató para 'Los años bárbaros'. Tenía que rodar una sola escena en la que se bañaba desnuda junto a otros tres actores. Al llegar a España, preguntó dónde estaba el bañador color carne. «En su contrato habíamos dejado claros todos los aspectos: se la vería de espaldas y nada de insertos ni primeros planos. Al final buscamos una actriz española que viajó toda la noche en coche para llegar a tiempo y no puso ninguna objeción», cuenta el director.

«En el cine español estamos todos acojonados ante este nuevo puritanismo» fernando colomo

«Nos hemos autoinflingido un código moral porque la gente se siente incómoda ante el sexo» enrique lópez lavigne

«Ahora el sexo en pantalla tiene que tener sentido y no ser gratuito como antes» arantxa echevarría

A ver qué productor se atrevería hoy con 'El último tango en París', que todavía sigue despertando polémicas a cuenta de la presunta violación de Maria Schneider a cargo de Marlon Brando en la escena de la mantequilla. La nueva película de 007 que se rueda estos días ha introducido la figura del 'intimacy coordinator' o coordinador de intimidad, que está presente en todos los momentos íntimos que protagonice Daniel Craig. Su misión, cercana a la del censor, es velar para que todo el mundo se sienta cómodo.

«Eso en el cine español no sería posible», se ríe Arantxa Echevarría, que si se encuentra con un buena historia que incluya sexo tórrido cree que la sacaría adelante. «Tendría que ser un guionazo», remarca. «Porque ahora el sexo en pantalla tiene que tener sentido y no ser gratuito como antes. Por suerte, existen actrices fantásticas como Lola Dueñas que no tendría problemas en interpretarlo y directores maravillosos que van a tratar el sexo como se merece».

Por su parte, Enrique López Lavigne confía en la ley del péndulo y espera «que esta represión explote» y podamos ser en las películas como somos en realidad. «Vivimos pendientes de lo que los demás piensan de nosotros, y esto con las redes sociales se ha exacerbado. Hemos vuelto a aquellas enseñanzas de los que sufrimos a los curas y monjas en la educación».

El atrevimiento queda reservado para las series

Hollywood explota la nostalgia de los 'baby boomers' y manufactura una película tras otra de superhéroes. No hay espacio para un cine adulto y mucho menos para el erotismo de cintas como 'El cartero siempre llama dos veces' y 'Fuego en el cuerpo', éxitos de taquilla en los 80. En Estados Unidos, el Código Hays estuvo vigente de 1939 a 1968, pero en todo ese tiempo se sorteó la censura para satisfacer el lado lúbrico de los espectadores. Las estrellas, que reciben suculentos ingresos de sus contratos publicitarios con marcas, no se arriesgan a manchar su imagen con un papel que les obligue a desnudarse y que pueda molestar a algún colectivo.

Así que el atrevimiento hoy no viene de la mano de los 'blockbusters' de Disney, sino de las series de plataformas como HBO y Netflix, que están obligadas a diferenciarse y que pueden permitirse arriesgar. La violencia y el sexo de 'Juego de tronos' sería un ejemplo perfecto. O la serie polémica del momento, 'Euphoria', protagonizada por adolescentes que experimentan con el sexo y las drogas sin haber cumplido la mayoría de edad.

HBO se ocupa de administrar polémicas semanales con cada capítulo de esta ficción calificada en EE UU para mayores de 17 años. Ya en el episodio piloto, un actor abandonó el plató asustado ante las escenas de sexo que tenía que grabar. La exchica Disney Zendaya en la piel de una joven politoxicómana que acaba de salir de un centro de rehabilitación protagoniza una serie que ha batido récords al mostrar una treintena de penes en un vestuario.