'Apollo 11', el viaje a la Luna como nunca lo has visto

Buzz Aldrin, caminando en la Luna./
Buzz Aldrin, caminando en la Luna.

Llega a la cartelera 'Apollo 11', un documental con imágenes inéditas y de excelente calidad que coloca al espectador en el centro de aquel hito

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

No hay voz en off -tan solo algunas narraciones de periodistas y locutores de la época- ni entrevistas ni valoraciones. Es, con toda su crudeza y también su belleza, el viaje que tres hombres, Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins, emprendieron a la Luna en 1969: desde los últimos preparativos hasta el regreso y el paseo triunfal de quienes hicieron historia. «Ese era un poco el plan desde el principio, hacer un documental distinto, que pusiera a los espectadores en ese mismo instante, sin ninguna voz que explicara lo que sucede en la pantalla», cuenta Todd Miller Douglas, director de 'Apollo 11', una cinta que vuelve sus pasos sobre aquel hito y que llegará a las pantallas españolas este martes, 16 de julio, justo cuando se cumple el cincuenta aniversario del inicio de esta gesta.

Pero no es un galimatías. Una serie de sencillas animaciones explican las maniobras más complejas de la misión y una ínfima parte de las más de 10.000 horas de audio a las que ha tenido acceso el cineasta vertebran y dan coherencia a un recorrido a todas luces fascinante. Son las conversaciones entre los tripulantes de la cápsula, así como las comunicaciones con el control de la misión en Houston y Florida y algunos apuntes de los cientos de técnicos que trabajaron a destajo para alcanzar la gloria. Y todo sucede como si discurriera en tiempo real, colocando al público en el centro del proceso.

El resultado es un vibrante relato, editado con precisión quirúrgica, que deja al espectador clavado en la butaca, aún a sabiendas de la exitosa conclusión de tan alucinante periplo. La cinta permanecerá cinco días en las pantallas españolas, hasta el 20 de julio, los cinco días que los astronautas tardaron en cubrir los 384.400 kilómetros que separan al satélite del planeta Tierra.

Cientos de personas, observando el despegue.
Cientos de personas, observando el despegue.

Desde los primeros planos, uno se da cuenta de que lo que Miller Douglas tiene entre manos es especial: una gigantesca máquina, con ruedas de estilo oruga, traslada el cohete Saturno V, de más de cien metros de altura y casi 3.000 toneladas de peso, a la plataforma de Cabo Cañaveral desde la que será lanzado al espacio en unas horas. A su lado, caminan varios operarios que vigilan la acción y hacen consciente al espectador de la gigantesca escala a la que se enfrenta. La imagen panorámica es de una calidad y una pureza extraordinarias y se aleja de los recuerdos que atesora la memoria colectiva en torno al viaje, esos que se forjan a golpe de televisor y escenas más bien pobres, en colores pálidos o blanco y negro.

Pero, ¿de dónde han salido unas imágenes que parecen haber sido filmadas ayer? En busca de de grabaciones de mejor calidad, el cineasta se puso en contacto con la NASA y el Archivo Nacional de College Park, en Maryland. Y descubrió un filón. La agencia espacial estadounidense había registrado buena parte del programa Apollo en celuloide. Lo más sorprendente es que, siguiendo la estela de películas como 'Cleopatra' o 'La vuelta al mundo en 80 días', en muchas de esas filmaciones había optado por un formato atípico y de grandes dimensiones: el Todd-AO, que rodaba el negativo en una cinta de 65 milímetros y luego imprimía el positivo en 70 milímetros, el equivalente al formato IMAX de hoy. Una pequeña parte de esas filmaciones habían acabado en 'Moonwalk One', un documental que, con la paulatina pérdida de interés en el programa espacial, había pasado sin pena ni gloria por la gran pantalla. El resto del material quedó guardado en aquel almacén de Maryland. Gran parte del trabajo del equipo ha consistido en visionar y catalogar correctamente las cientos de latas. Posteriormente, se digitalizaron, escaneando las imágenes fotograma a fotograma.

Arriba, los astronautas introduciéndose en el furgón que les llevaba a la plataforma de despegue. Debajo, Buzz Aldrin y Neil Armstrong.

Hay secuencias de los astronautas poniéndose los trajes, del paseo hasta la plataforma, de las miles de personas que se congregaron en la zona para ver el lanzamiento, del despegue del cohete, de la vida en el interior del Apollo 11 e incluso escenas inéditas del descenso de Armstrong a la superficie lunar grabadas por Aldrin desde la ventanilla. «Me sentí como un niño en una tienda de golosinas», dice el cineasta con una sonora carcajada.

Cabe preguntarse cómo un material así permanecía 'escondido' en un archivo. «Creo, simplemente, que no ha habido necesidad de ponerlo en valor en estos 50 años», responde el realizador. Y apunta también a algunas de las causas: «Trabajar con ese gran formato de 65 milímetros es muy difícil. De hecho, durante la misma producción pasaron a trabajar en 35 milímetros porque era muy caro».

Para facilitar la comprensión de algunos de los instantes más críticos de la misión, Miller Douglas echa mano de otras filmaciones elaboradas durante el programa espacial, así como de fotografías y ruedas de prensa con los protagonistas antes del viaje. Pero son los audios los que verdaderamente dan detalle de la capacidad resolutiva de Armstrong, Aldrin y Collins -la templanza durante la maniobra del alunizaje hiela la sangre- y de un sentido del humor a prueba de bombas. «Creo que eso fue lo que más me impresionó -comenta el director-. Eran personas reales que nos representaban a todos nosotros. Y no eran solo ellos, sino cientos de miles de personas repartidas en miles de empresas que se reunieron para que esto fuera posible». La minimalista música, obra de Matt Morton, contribuye a resaltar cada elemento de la obra. Colaborador habitual del cineasta, para este documental decidió que solo iba a trabajar con instrumentos anteriores a 1969. Optó por un sintetizador Moog de 1968, algo raro si se tiene en cuenta que es guitarrista, y se puso a experimentar hasta que dio con la tecla. Nada, pues, de fanfarrias patrióticas.

La Tierra, vista desde la Luna, en una imagen tomada desde el módulo lunar.
La Tierra, vista desde la Luna, en una imagen tomada desde el módulo lunar.

Sorprende, no obstante, que tras una aventura así el público perdiera el interés tan pronto en torno a la carrera espacial y a sus logros. Y no se trata solo del sector escéptico y de sus teorías disparatadas, a las que Miller Douglas confía en poner fin con esta cinta. Millones de personas creen aún que el hombre solo alunizó en una ocasión, cuando hubo hasta siete expediciones a la Luna y tan solo una de ellas, la del Apollo 13, resultó fallida. «Quizá es la naturaleza humana, que tiende a aburrirse de las cosas», señala entre risas.

El cineasta está convencido de que el ser humano volverá a la Luna. Son varios los países que ya han demostrado su interés en volver al satélite e incluso algunos han puesto fecha ya al regreso. «Me encantaría hacer un documental al respecto», afirma entusiasmado. «Vamos a volver a la Luna y a Marte. Es inevitable, lo tenemos que hacer por nuestra propia supervivencia», concluye.