Noche de pesadilla en el Chíllar: «Pasamos miedo, intentaba que las niñas estuvieran tranquilas»

Daniela Cárdenas, ayer en la casa donde están de vacaciones junto a una de sus tres hijas y una sobrina. /Eugenio Cabezas
Daniela Cárdenas, ayer en la casa donde están de vacaciones junto a una de sus tres hijas y una sobrina. / Eugenio Cabezas

Una turista sueca y cinco menores permanecen doce horas perdidas en el río, hasta que fueron rescatadas por la Guardia Civil

Eugenio Cabezas
EUGENIO CABEZAS

Daniela Cárdenas jamás olvidará las que están siendo sus primeras vacaciones en Nerja, un municipio donde un familiar tiene una vivienda. En la tarde del pasado sábado, esta enfermera de 34 años, residente en Suecia desde los cuatro, decidió hacer una excursión al río Chíllar junto a sus tres hijas y dos de sus sobrinas, de entre 11 y 15 años. Lo que en un principio iba a ser un tranquilo paseo por un paraje de gran belleza, al que fueron recomendadas por su hermano, que había visitado la zona hace unos años, acabó convirtiéndose en una noche de pesadilla.

No obstante, afortunadamente, tuvo un final feliz. La mujer explicó ayer a SUR, apenas doce horas después de ser rescatadas por los equipos de montaña de la Guardia Civil (Ereim), que salieron de la vivienda, situada en la urbanización Almijara 2, sobre las 18.00 horas, «para dar un paseo de unas horas, pero a las 21.00 se nos hizo de noche y nos asustamos mucho», aseguró todavía con el miedo en el cuerpo. «Empezamos a bajar, pero no íbamos con el calzado adecuado, llevábamos chanclas, y no se veía nada», relató la turista sueca.

Fue entonces cuando decidió que debían refugiarse del frío del agua en un lado del cauce. «Pasamos mucho miedo, aunque intentaba que las niñas estuvieran tranquilas, que no se dieran cuenta de la dificultad, de mi impotencia y desesperación», admitió la madre. Los teléfonos móviles que llevaban acabaron todos apagados y mojados, debido a que no tenían cobertura. Por suerte, Cárdenas consiguió hacer una llamada al servicio de emergencias 112, que comenzó con el dispositivo de búsqueda.

«Volveremos a Nerja, pero no al río, nos quedaremos en la piscina o en la playa»

En la vivienda familiar las esperaba, «muy asustada», su madre. «Llamé a la Policía Local y empezaron a buscarlas, aunque al principio me decían que si no era posible que se hubieran ido a otro sitio, sobre todo después de explicarles que iban en chanclas y con bañadores», confesó la progenitora de Cárdenas. El grupo pasó la noche «sin pegar ojo, apenas 20 minutos la más pequeña». «No podía dormir, pensando que podía atacarnos algún animal, además intentaba que estuvieran moviéndose para no enfriarse demasiado, las puse a hacer flexiones y sentadillas, que estiraran las piernas», confesó la adulta sueca, que trabaja como enfermera en el turno de noche en un centro hospitalaria de la localidad sueca de Jönkoping, a unos 350 kilómetros al suroeste de la capital, Estocolmo. «Estoy acostumbrada a no dormir de noche», dijo.

Sobre las 7.00 horas empezaron a escuchar el vuelo de un helicóptero, «por lo que comenzamos a gritar sin parar y a mover los brazos», relató Cárdenas. «Se acercó mucho y nos preguntó si era Daniela, y le dije que sí», apuntó la mujer. A los pocos minutos, sobre las 8.00 horas, llegaron hasta donde estaban los primeros agentes de la Guardia Civil, que les facilitaron mantas. «Estábamos bien, sólo con un poco de frío, mucho miedo y algunos arañazos en las piernas», dijo.

«Nunca más»

Caminando con dificultad, llegaron hasta los vehículos de la Benemérita situados en el entorno de la tercera fábrica de la luz, desde donde no pueden avanzar más los coches. «Nos llevaron primero al cuartel y luego a casa, no nos ha hecho falta ir al centro de salud ni al hospital», apostilló. El grupo descansó unas horas y por la tarde las menores estaban de nuevo en la piscina de la urbanización bañándose para apurar los últimos días de las vacaciones, ya que mañana regresan a Suecia. Preguntada sobre si volverán a Nerja, Cárdenas dijo que sí, pero que no irán «nunca más al río Chíllar». «Nos quedaremos en la piscina o en la playa», matizó.

Cuando este periódico les explicó que en el paraje del río Chíllar se vienen produciendo decenas de rescates cada año desde hace una década, la adulta sueca mostró su perplejidad. Una sorpresa que fue mucho más allá cuando tuvo conocimiento del caso de la holandesa Mary Anne Goosens, que permaneció desaparecida 18 días en el cauce alto del río nerjeño en julio de 2011, en los que perdió una docena de kilos, al beber únicamente agua. «Más motivo para no volver a ese sitio nunca más», zanjó.