El dueño de la parcela dice que tapó con dos ladrillos de hormigón el pozo de Julen

Ladrillo de hormigón. En la imagen se ve un bloque como los que el dueño de la parcela dijo haber usado para tapar el pozo. /SUR
Ladrillo de hormigón. En la imagen se ve un bloque como los que el dueño de la parcela dijo haber usado para tapar el pozo. / SUR

La Guardia Civil entrega al juzgado los informes sobre las circunstancias de la caída del niño

JUAN CANO , ALVARO FRÍAS y FERNANDO TORRESMálaga

La Guardia Civil ya ha entregado en el Juzgado de Instrucción número 9 de Málaga los primeros informes sobre las circunstancias de la caída del pequeño Julen, la construcción del pozo al que se precipitó y los trabajos que se estaban haciendo en la parcela donde ocurrieron los hechos. Las declaraciones recogidas por los agentes también permiten arrojar luz sobre si el agujero se encontraba tapado y cómo lo estaba.

Según ha podido saber SUR, el dueño de la parcela manifestó a los guardias civiles que él puso dos ladrillos (bloques) de hormigón encima, e insistió en que el pocero nunca lo selló. El padre de Julen confirmó que el pozo estaba cubierto por dos «cantillos», que es como él llamó a los bloques. El pocero contradijo al dueño de la finca y afirmó que él sí colocó una piedra de 15 kilos en la boca para taparlo. Y el maquinista que hizo el movimiento de tierras dijo que vio cómo el dueño ponía sobre el agujero unas piedras que había en la zanja.

Los investigadores de la Unidad de Policía Judicial de la Guardia Civil han tomado declaración a todas las personas que estaban en la parcela el 13 de enero, al pocero y al maquinista. Las versiones de los padres de Julen, la prima del padre y el novio de esta, que es el dueño de la parcela, son coincidentes. Todos afirmaron que llegaron al campo a la una de la tarde para pasar un día en familia. El propietario de la finca, una parcela de secano con olivos de 4.439 m2 en el paraje Tío Miguel, que adquirió en octubre, aseguró que dijo al resto que él se encargaba de hacer la paella y que ellos estuvieran pendientes de los niños.

A los tres cuartos de hora, cuando estaba preparando la comida, escuchó al padre del pequeño, José Roselló, gritar «Julen», según declaró a la Guardia Civil. También manifestó que, cuando se asomó, observó cómo los dos bloques de hormigón que tapaban el pozo se habían desplazado y se veía el agujero, aunque él no escuchó al crío. El hombre cogió a su mujer y a su hija (de la misma edad que Julen), las subió en el coche y fue a la casa colindante a pedir auxilio. Luego bajó a la carretera y paró varios coches para que llamaran a los servicios de emergencias.

El padre del menor contó a la Guardia Civil que él se puso a ayudar al dueño de la parcela a hacer la comida, mientras que su mujer y su prima se quedaban a cargo de los niños. Transcurrido un tiempo, su pareja llamó al encargado de su trabajo para decirle que no iba porque se encontraba mal. En ese momento, José Roselló, que estaba echando unas ramas al fuego, observó cómo su hijo corría por la zanja hacia la esquina donde estaba el pozo, declaró el progenitor, que según dice estaba a 10 o 15 metros del crío. Al verlo, corrió tras él para cogerlo y presenció cómo caía por el agujero. Luego, escuchó a su hijo llorar unos 30 segundos, por lo que quitó todas las piedras que había alrededor para que no cayera nada dentro mientras le hablaba para tranquilizarlo. El padre de Julen también manifestó que junto a la boca del pozo había dos «cantillos» (bloques de hormigón) separados y que en medio quedaba el agujero. Confirmó que, cuando llegaron a la parcela, el dueño de la misma les advirtió de la presencia del pozo, pero les dijo que estaba tapado por los bloques.

Su prima, pareja del propietario, relató a los agentes que, cuando sucedieron los hechos, ella estaba junto a su hija y Julen se encontraba como a un par de metros de distancia y que, de repente, desapareció. Entonces, corrió a buscarlo y, según dijo, vio el agujero del pozo escuchó el sonido de la caída del niño. La madre de Julen ni siquiera observó la escena. Ella estaba llamando a su trabajo cuando oyó los gritos y vio que todos se dirigían al pozo. Al asomarse a la boca del mismo, también oyó llorar a su hijo. Cuando dejó de escucharlo, empezó a chillar desesperada.

Así las cosas, el dueño de la parcela sostiene que el pocero al que encargó la perforación nunca lo selló. Según expuso a los agentes, los trabajos de prospección para buscar agua en la parcela se llevaron a cabo los días 17 y 18 de diciembre sin contrato escrito, solo un acuerdo verbal. Respecto a la licencia, alegó que pensaba que el pocero era un especialista y que él desconocía qué documentación requería.

El pocero, en cambio, dijo que el dueño de la finca le aseguró que tenía todos los permisos. Utilizó una máquina de rotopercusión –va buscando las partes más blandas del terreno, de ahí que el pozo no sea completamente recto– con un diámetro de 22 centímetros. El día 17 hicieron una perforación a 150 metros en la que no hallaron agua, y el día 18 realizaron otra a 110 –por la que cayó Julen– con el mismo resultado. Según declaró, dejó toda la tierra que extrajo alrededor del pozo, como si fuera un cráter, y tapó el agujero con una piedra de 15 kilos. E insistió en que la zanja que ahora hay en el terreno no estaba cuando él hizo la perforación.

Esa zanja y todo el movimiento de tierra lo realizó el 5 de enero un amigo del dueño de la parcela, a petición de éste, que quería hacer una «zapata» para el muro de contención de la parcela. El maquinista declaró a los agentes que el propietario le pidió mover la arena –la que había dejado el pocero alrededor del agujero– porque la quería para hacer cemento, dejando el pozo a ras del terreno. Según dijo el maquinista, al irse vio como el dueño de la finca tapó el agujero con unas piedras que había en la zanja y que movió con el pie.

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